Grafos y accidentes

Noviembre 18, 2009

¿Son los choques automovilísticos accidentes?

Archivado en: epidemiología, estudios, política, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 11:07 pm

Accidentes. Así llamamos a eventos que van desde los desastres domésticos hasta las catástrofes ambientales. El accidente es abstracto y concreto al mismo tiempo; la variedad de sus manifestaciones no ha desgastado su fuerza evocativa. ¿Qué es lo primero en lo que pensamos cuando escuchamos la palabra? Quizás en derrames de petróleo en alta mar, o en nenes y pavas de agua hirviendo, o, más probablemente, en carrocerías destrozadas sobre la ruta. La colisión automovilística se ha convertido en el paradigma del accidente. Resultaría entonces sorprendente que los expertos dejaran de considerarlo como tal, ¿no?.

El último número de la revista Main focus de la ISO está dedicado a la promoción del estándar ISO 39001, de gestión de la seguridad vial que actualmente está en estado preliminar. Aunque los contenidos no dan grandes precisiones acerca de como será, cuentan con un par de puntos de interés: la referencia recurrente a la experiencia sueca del proyecto Vision Zero, y la entrevista a Mark Rosenberg, médico y director del Global Road Safety Forum, quien hace algunas declaraciones bastante interesantes. En ella, dice que…

“Nuestra mayor amenaza en seguridad vial no viene de gente que maneja demasiado rápido, ni de gente que maneja borracha, ni de peatones imprudentes. Nuestra mayor amenaza viene del fatalismo, del sentido de que nada puede ser hecho para prevenir las muertes y lesiones por tráfico, del sentido de que estas son una parte de la vida que inevitablemente incrementará al motorizarse más y más un país.”

…algo a lo que le pondría mi firma sin dudarlo un instante, pero continuando de la siguiente manera:

“Por esa razón, tratamos de nunca usar la palabra “accidente” porque accidente implica que una muerte o una lesión es completamente impredecible, y si no es predecible entonces no es prevenible; entonces para que tratar de prevenir esas lesiones y muertes?
Creemos que las muertes por tráfico automovilístico son tanto predecibles como prevenibles. Por esta razón, no deberíamos llamarlas más accidentes”.

En los ámbitos especializados esta idea ya se encuentra muy difundida, y generalmente es sostenida con argumentos parecidos.

Pero a pesar de que desalienta el fatalismo (al cual coincido en considerar el más gran obstáculo a cualquier medida decisiva de seguridad vial), me parece que la validez de las premisas (y por lo tanto de su conclusión es cuestionable.

Dudo mucho que un accidente pueda ser predecido en el sentido fuerte de la palabra. Puede, en cambio, estipularse la probabilidad de su ocurrencia, y también evaluarse la incidencia de distintos factores sobre dicha medida. En suma, puede ser prevenido.

De todas maneras, hay una buena razón para no llamar accidentes a los choques fuera de los contextos técnicos. Al asumir que los accidentes son inevitables, Rosenberg no toma el concepto que derivaron de la palabra la ingeniería y la investigación forenses, sino el sentido que cobra pragmáticamente cuando alguien dice “fue un accidente”. Odiosa expresión, aunque a veces necesaria. La primera (y a veces única) interpretación será que quien profiere esa frase está tratando de excusarse a sí mismo o a alguien más de una negligencia apelando a algún azar reificado. En esos casos, que el evento descrito como accidente se ajuste a una definición técnica se vuelve socialmente irrelevante.

Consideraciones pragmáticas aparte, es posible que exista también una razón técnica que haga que Rosenberg y tantos otros expertos hayan tomado esta decisión. Tengamos en cuenta que la investigación de accidentes se encuentra tan generalizada en ámbitos industriales (incluyendo las operaciones de transporte), y que este experto aboga por un traspaso de las responsabilidades de seguridad vial de los ministerios de industria (o de planificación federal, inversión pública y servicios, como es nuestro caso) a los ministerios de salud. El Global Road Safety Forum ha llamado a la crisis global de seguridad vial una epidemia. Y no se trata de un caso aislado. Desde hace algún tiempo, la epidemiología avanza a paso sostenido sobre problemas de higiene y seguridad que eran tratados de manera muy distinta con anterioridad, al punto que se ha propuesto en Inglaterra utilizar abordajes epidemiológicos a un campo tan tradicional (y con una historia tan vasta) como la accidentología ferroviaria británica.

Espero que llegue el día en que estas discrepancias metodológicas sean relevantes en la Argentina. A diferencia de Uruguay (país al que algunos de nuestros imbéciles tratan como si fuera una provincia argentina), donde debates como estos tienen consecuencias en la gestión pública, en nuestro país falta la voluntad política más elemental para siquiera plantear estos problemas. Acá no hay disenso posible sobre las herramientas porque ni siquiera nos mostramos interesados en detener las muertes. Y ese es el peor fatalismo que existe.

Noviembre 8, 2009

Lévi-Strauss: de obituarios y ontologías

Archivado en: antropología, ciencia, estudios, gente — Esteban S @ 5:10 pm

La muerte de Lévi-Strauss dejó un reguero de obituarios de muy distinta calidad. No es ninguna sorpresa que cada una ponga en evidencia al autor tanto en su familiaridad con la obra del homenajeado como en sus intereses particulares. Así es como cierta sociología vernácula se limitó a mencionar a un libro bello pero periférico a su bibliografía. En contraste, los representantes de algunas de las corrientes científicas más vitales han reivindicado aspectos más sustantivos de su obra.

El obituario que le dedicó Maurice Bloch es un buen ejemplo de esto. A tono con el arrollador avance de las ciencias cognitivas, el autor marca algunas afinidades entre el programa de Lévi-Strauss y aquel de las aproximaciones naturalistas al conocimiento humano. Pero, aunque efectivamente existen puntos de contacto entre estos, hay también diferencias nada menores. El cuadro puede complicarse más aún si contemplamos otro frente con el que también tuvo afinidades electivas la obra de Lévi Strauss: el psicoanálisis.

Pero vayamos por partes.

Saludando a su antiguo maestro en su centésimo aniversario, Sperber llamó a Lévi-Strauss pionero de una verdadera “antropología cognitiva” [x] y del naturalismo en la disciplina. En su necrológica, Bloch va aún más lejos:

“La base de la antropología estructural de Lévi-Strauss es la idea de que el cerebro humano procesa sistemáticamente unidades de información organizadas, es decir estructuradas, que se combinan y recombinan para crear modelos que a veces explican el mundo en el que vivimos, a veces sugieren alternativas imaginarias, y a veces dan herramientas sobre como operar sobre él”.

Todo esto suena muy bien para los que tenemos curiosidad por el prospecto de una antropología naturalista, ¿pero que tan legítimo es enrolar a Lévi-Strauss para esta campaña?

Una de las influencias teóricas decisivas del estructuralismo fue la teoría social de Durkheim, cuyos planteos ontológicos siguen siendo los de una gran parte de las ciencias sociales. Su punto de partida es que las representaciones colectivas surgen de las individuales, y adquieren a partir de su emergencia cierta autonomía causal. Esto es exactamente lo que Sperber llama a abandonar con su epidemiología de las representaciones -, y algo que está también bastante alejado a lo que Bloch tiene en mente.

Por otro lado, Gregory Downey ofrece en Neuroanthropology un interesante contraste entre los supuestos del estructuralismo y los resultados de las neurociencias contemporáneas:

“el análisis estructuralista asume que, debajo de la complejidad superficial en mito, ritual, e incluso en el pensamiento consciente, debe haber una matriz generativa más simple. Cada vez más, las neurociencias nos llevan a la conclusión opuesta, que el pensamiento consciente y la expresión patente son la delgada superficie de procesos mucho más complejos”.

La discrepancia entre los neuroantropólogos y los estructuralistas, entonces, es de carácter ontológico. Los primeros definen su ontología apelando a procesos cerebrales; los segundos refiriéndose a lo social como un órden de organización emergente. Pero desde dicho órden ¿cual es el agente?

Uno de los planteos estructuralistas más citados por los filósofos (y críticos literarios y demás) es el desplazamiento del sujeto. Lo que pasó a ocupar su lugar en la obra de Lévi-Strauss fue el inconsciente, definido como órgano de la función simbólica, por la cual los elementos culturales son constantemente recombinados. Creo que no deberíamos dejarnos engañar por la aparente filiación psicoanalítica de este inconsciente. Lévi-Strauss no se lo atribuye a un individuo en el que coexistan un ello, un yo y un superyo, sino que lo plantea como algo inmanente, sin intermediarios individuales o colectivos, a la especie humana.

El hecho de que el estructuralismo haya propuesto como único agente del cambio cultural a algo tan abstracto fue uno de los motivos por los que tuve y tengo reparos a asumirlo como marco metodológico para una investigación. También es un punto de conflicto bastante claro con respecto al naturalismo que actualmente está ganando terreno en las ciencias sociales.

No escribo esto como ejercicio de estilo ni para hacer propaganda de algún programa en particular. Es ante todo un esfuerzo por comunicar en medio de que tensiones se encuentra actualmente la obra de Lévi-Strauss, y, por qué no, de intentar resolverlas. El conflicto de fondo, como se verá, no es tanto teórico como filosófico: es la pregunta por la ontología – que todos pensabamos enterrada por su hermanita menor y más linda, la epistemología.

A ver como la contestamos.

Noviembre 3, 2009

Adiós Claude

Archivado en: antropología, el gremio, gente — Esteban S @ 5:23 pm

Junto al resto del mundo, acabo de enterarme que durante la madrugada del domingo primero de noviembre falleció a los cien años de edad Claude Lévi-Strauss.

Su obra no se presta sumisamente a ser calibrada para los innumerables obituarios que se publicarán hoy. Esta ha sido vastísima, incluyendo desde la etnografía hasta los sesudos ensayos teóricos, pasando por la literatura de viajes que decía aborrecer. Y ha presentado una complejidad que dio lugar a miles de críticas y adhesiones.

Siguiendo preocupaciones estrictamente antropológicas, Lévi-Strauss ejerció una influencia que excedió los límites de su disciplina. La difusión de su trabajo hizo que su nombre se convirtiera en sinónimo de estructuralismo, rótulo bajo el cual fue homologado a autores con quienes guardaba pocas semejanzas, como Foucault, Barthes y Lacan.

Si Lévi=Strauss merece un lugar privilegiado entre ellos – y en el panorama filosófico del siglo XX – no se debe solo a haber prefigurado las premisas fundamentales del estructuralismo como proyecto filosófico (disolución del sujeto, la diversidad de las obras humanas como expresión de una combinatoria de elementos, etc.), sino también por haberlas aplicado a problemas fundamentales, como son las estructuras del parentesco, el análisis de los mitos, y la teoría social.

Su proyecto intelectual contó con un aspecto de crítica de la razón que le confería un corte netamente moderno. En consecuencia, fue estimado vetusto por un post-estructuralismo que prefirió abandonar cualquier trabajo sustantivo por la crítica de la crítica. Sumándose a las reverberaciones del postmodernismo, la popularidad de las corrientes interpretativistas han vuelto una tarea bastante árdua determinar cuales son los límites del legado de Lévi-Strauss tanto dentro [1] como fuera de su propia disciplina. Me arriesgo a resumirlo en estos términos: la ambición de llegar a universales, y algunas herramientas con las cuales perseguirla. Sobre lo legítimo de la primera, y lo adecuado de las segundas hubo, hay y habrán fuertes discrepancias.

Se dice que la antropología es inclemente con sus heroes. Si esto es verdad, el caso de Lévi-Strauss sería sin duda uno de los mejores ejemplos. Las críticas fueron ubicuas, y de muy variada calidad.

Pero más allá de sus éxitos y sus fracasos, nos queda un hombre que intentó encontrar lo que subyacía a la enorme riqueza de las manifestaciones humanas. Una riqueza que estimaba, no sin razones ni tristeza, menguante.

Como tal, merece homenaje.

Adiós Claude.

[1] Postdata 5/11/09: Poco después de su centésimo cumpleaños escribí un punteo sobre lo que considero su legado en la antropología contemporánea; ver acá. Aprovecho para recomendarles el breve comentario de Cresto respecto a algunas de las necrológicas que se publicaron últimamente.

Octubre 31, 2009

Tomando en serio al naturalismo

Archivado en: antropología, epidemiología, libros — Esteban S @ 10:44 pm

Acabo de terminar Explicar la cultura – Un enfoque naturalista de Dan Sperber, un antropólogo francés que en la Argentina generalmente apreciamos como desertor temprano del estructuralismo. Las críticas corrosivas a Lévi-Strauss, su antiguo maestro, tienen su lugar en este libro, y encuentran su marco en una insatisfacción más general sobre el estado de la disciplina.

Pero a diferencia de tantos ensayos donde crítica, denuncia y contribución al conocimiento se confunden, Sperber plantea una propuesta alternativa para la antropología. La suya parte desde premisas que serán sin duda muy provocativas para las ciencias sociales latinoamericanas, donde el naturalismo suele ser repudiado como una biologización ilegítima de lo humano.

Sperber empieza con una distinción ontológica entre las representaciones mentales (cuya base material es bien conocida por los científicos cognitivos) y las representaciones públicas (a las que la sociología tradicional le atribuye un status autónomo desde Durkheim). ¿Que pasaría – se pregunta – si considerásemos a las segundas como distribuciones de versiones divergentes de las primeras? Al centrarse en el problema – no menos teórico que metodológico – de la distribución de las representaciones sobre una población dada, Sperber le da voz a una cuestión fundamental que muchos antropólogos fuimos (de)formados para ignorar.

Pero dicho problema necesita más que una formulación. Necesita ser resuelto. Para eso se nos propone una epidemiología de las representaciones; el uso de los modelos que ha desarrollado esa ciencia tímida que solemos asociar exclusivamente a enfermedades, a pesar de tener aplicaciones muchísimo más amplias. Siendo la epidemiología una ciencia que carece de especificación ontológica, esta depende de la patología cuando su objeto son las enfermedades, y dependerá de las ciencias cognitivas cuando su objeto sean las representaciones colectivas.

A pesar de que algunos de sus planteos son extremadamente fecundos (como su definición de la institución como una distribución estructurada de representaciones), los capítulos posteriores se agotan en especulaciones tangenciales a la propuesta. En ellos Sperber diferencia distintos tipos de creencias, discurre sobre la racionalidad, aboga por una tesis de la modularidad de la mente, y evalúa las deficiencias de la memética y de los modelos de influencia de la psicología social. Aunque varios de dichos puntos tienen interés intrínseco, la relación de estos con el planteo general de una epidemiología de las representaciones no siempre queda clara. En otras palabras, los últimos capítulos quedan un poco desenfocados.

Fiel a sus premisas naturalistas, Sperber intenta hacer cirugía mayor con el bisturí de Occam. Un esfuerzo encomiable, pero con resultados irregulares. En cierto momento, por ejemplo, coloca en un mismo plano ontológico a narraciones, historias y cadenas causales en tanto “cualquiera de estos tres tipos es un objeto material”, afirmando de las últimas que “(u)na cadena que vincule esas cosas materiales específicas es también, por supuesto, una cosa material”. Concebir a algo relacionado con la causalidad, categoría metafísica si las hay, como “una cosa material” me parece altamente discutible, pero quizás sean cosas mías.

Sin embargo, los méritos del ensayo sobrepasan generosamente a sus deficiencias. Rescato en particular su preocupación por la ontología de lo social, su aguda crítica al estado actual de la antropología y su entusiasmo por el potencial de los modelos epidemiológicos. Y, a un nivel más fundamental, su compromiso con la ciencia, que lo lleva al rechazo del cientificismo que sirve de ella para hacer ideología.

Septiembre 11, 2009

Lucrecia

Archivado en: el gremio, gente — Esteban S @ 6:15 pm

Ah, Lucrecia. A pesar de su tan hermoseado nombre debe haber sido la persona más deliberadamente vulgar y chabacana que conocí.

Aunque era bastante feúcha, tenía un ingenio y una agilidad dialéctica que le robaban protagonismo a chicas menos espabiladas. Esos mismos encantos también le daban facilidad para la crueldad y la deshonestidad, pero la mayor parte del tiempo se limitaba a ejercitar la burla. Y que bien le salía. Casi todas nuestras conversaciones terminaban cayendo en una animada esgrima de sarcasmos, doble sentidos e ironías. Otras veces era más básica. Como cuando murmuró “gringo puto” por haberme negado a una invitación de tomar helado. Invitación que se suponía que tenía que hacer yo, claro.

Parece que aquella palabra estaba bastante cargada de sentido para ella, porque unos meses después, relatando un por entonces reciente viaje a Bolivia, nos contó la sorpresa que le provocó que la llamaran gringa allá. Por alguna razón le resultaba difícil digerir que para un aymará sus colores y rasgos mediterráneos la pusieran a la par de una turista estadounidense o de un sojero salteño.

Haciendo memoria, creo que una de las primeras cosas que me llamó la atención de ella – aparte de los ojazos escondidos bajo anteojos y un flequillo crecido – fue su ropa. Era muy fea. Contra un decorado de estudiantes que dedicaban mucho tiempo (y sumas de dinero) para pegar un look bohemio, Lucrecia resaltaba por ser genuinamente pobre. No era lo único que la distinguía del resto. Ese trato con los proletarios y los desarrapados del mundo que los/as estudiantes de humanidades tanto y tan infructuosamente persiguen le era natural a ella.

Poco después de su viaje Lucrecia dejó antropología para inscribirse a la tecnicatura de construcción y llegar a ser maestra mayor de obra. La noticia me dejó sensaciones contradictorias. Por un lado, algo parecido a la admiración por decidirlo tan resueltamente. Por otro, la sensación de haber sido rechazado como parte de algo mayor en lo que participaba – o trataba de hacerlo.

Después – después – empecé a hacerme algunas de las preguntas que abría la situación. Preguntas acerca de como la formación en antropología se había vuelto contemplativa al punto de que nadie con temperamento pragmático o con alguna urgencia por trabajar la practicaría. Acerca de que podría hacerse cambiarse esa situación. Y acerca de cuanto la iba a extrañar habiéndola conocido tan poco.

Septiembre 7, 2009

Una apuesta metodológica (2)

Archivado en: antropología, técnica — Esteban S @ 12:12 pm

1. Lograr que Mariano la invitara al teatro le había tomado a Juliana una semana de sutiles reproches a su falta de iniciativa. Aunque verdaderamente quería ver la obra, lo que más placer le dio fue que él creyera estar actuando por sí mismo al llevarla.

Su alegría se esfumó cuando vio en la antesala a Alejandro, y fue reemplazada por un remolino de incomodidad, miedo y ganas. Por suerte la multitud era lo suficientemente grande y compacta como para evitar que Mariano se lo encontrara.

Aunque la atracción de Juliana por Alejandro tuvo sus fugitivas concreciones, él siempre fue elusivo. Por el brevísimo vistazo que pudo pegarle, mantenía el gesto entre desdeñoso y melancólico de siempre, pero transfigurado por una prolijidad inusual en él.

Diez minutos después todos entraron para tomar sus asientos.

A Juliana le resultaba increíblemente difícil concentrarse en la obra. Trató de distraerse criticando la escenografía, la iluminación y las insuficiencias de la compañía.

Las miradas son escasas y valiosas; nadie que se respete, pensó Juliana, las da sin alguna expectativa de reciprocidad – menos todavía corriendo el riesgo de que la pesque su pareja. Y sin embargo sus ojos se desviaban intermitentemente en su dirección.

Antes de que pudiera seguir reprochándoselo, sostuvo la mirada de Alejandro durante dos segundos.

Eso bastó.

2. En uno de esos momentos que hacen que valga la pena tener un blog, Sergue vió mi apuesta. Me corresponde ahora dar un ejemplo del concepto concurrencia del que hablé.

3. Un sistema de transiciones es un múltiple (E, Acc, →, I, P, M), siendo E : un conjunto de estados, Acc : un conjunto de acciones, → : una relación de transición entre un estado y otro mediada por una acción, I : un conjunto de estados iniciales (siendo I subconjunto de E) P : un conjunto de proposiciones, y M : una función de marbeteo que establece si una proposición determinada de P es verdadera o falsa en para cada uno de los estados en E (formalmente E → 2P).

4. Concentrados por un momento en las miradas a exclusión de todo lo demás, pensemos a Juliana, Alejandro y Mariano como tres procesos para después ver como se integran mediante relaciones de concurrencia.

Juliana

Definidas las variables de esta manera, tendríamos que:

EJuliana = ( 1, 2, …, 12 )

EAlejandro = ( 1, 2, … 8 )

EMariano = ( 1, 2, … 12 )

AccJuliana = (J mira a A, J mira a M, J mira al escenario, J y A se miran)

AccAlejandro = (A mira a J, A mira al escenario, J y A se miran)

AccMariano = (M mira a J, M mira al escenario, M mira al público)

I = (E1)

J y A se miran está en la intersección del conjunto de acciones de Juliana y Alejandro – y solo puede darse de manera simultánea entre ambos. Se cumple entonces la regla que expuse en el post anterior. Todas las acciones de Mariano, en cambio, están definidas de manera asíncrona con respecto a las de Juliana y Alejandro. La situación puede describirse en los siguientes términos:

C = AccJuliana ∩ AccAlejandro

Mariano || (Juliana ||C Alejandro)

siendo || un operador de paralelismo conmutativo y asociativo que da como resultado un proceso mayor que genera todos los posibles entrecruzamientos de los itinerarios de ejecución de los procesos constitutivos; y ||C un operador de concurrencia síncrono llamado handshaking o interacción por acciones compartidas.

5. ¿De qué interés antropológico puede ser todo esto? El uso que proyecto darle es el de encuadrar teóricamente a la acción social dentro de situaciones de concurrencia entre instituciones. Hasta ahora solo ensayé una aplicación con un intento de definir a la agricultura familiar como situación semejante – quizás continúe con el campesinado. Quien sabe. En todo caso, para darle una mayor practicidad metodológica será necesario buscar maneras más eficientes de especificación formal que los sistemas de transiciones.

6. Se me dirá que el ejemplo es desafortunado, que le hace una violencia a la complejidad de las relaciones humanas. Pero creo que en la seducción no es raro que actuemos de manera tan simple.

Septiembre 3, 2009

Frente al factor humano

Archivado en: antropología, antropología y empresa, libros, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 3:06 pm

Hace unos días terminé El factor humano de Christophe Dejours. A pesar de todas las referencias a psicólogos, sociólogos y antropólogos, es un libro dirigido a diseñadores, administradores, ingenieros y técnicos con el objetivo declarado de acercar herramientas de las ciencias sociales a la industria. No es ninguna novedad editorial, pero los libros de este tipo no abundan y me pareció que merecía una oportunidad.

Dejours presenta algunas ideas muy atendibles, como por ejemplo que la situación inmediata de trabajo no debe ser el único marco para evaluar e intervenir en cuestiones de higiene y seguridad. Desgraciadamente, la falta de referencia a problemas y casos concretos de disciplinas directamente relacionadas con la problemática termina por obstaculizar la buena recepción de la obra.

El libro también falla en otros aspectos. Cuando se plantean de manera antitética al factor humano como falla por un lado y como recurso por el otro, uno queda con la sospecha de que el autor no le ha dedicado la suficiente importancia al hecho de que la ingeniería y los RRHH se plantean problemas muy distintos.

Sin embargo, las objeciones levantadas contra la concepción de factor humano como falla no carecen de fundamento. Los estudios de factores humanos no solo incurren permanentemente en simplificaciones y presupuestos sobre el comportamiento humano que cualquier científico social encontraría injustificables, sino que además se encuentran centrados en los aspectos materiales de los sistemas técnicos. Sin ir más lejos, me consta que el concepto de error humano tal como es utilizado en ciertos ámbitos es construido sustractivamente a partir de la ausencia de fallas mecánicas [x].

Aceptando esto como válido, terminaríamos pensado que si la distracción momentánea de un operario le cuesta perder dos dedos se debe a un error humano (el suyo) y punto. No habría lugar para ninguna consideración acerca de las responsabilidades anteriores a la situación de trabajo. Ni para repensar la situación de trabajo de manera que un “accidente” semejante requiera algo más que solo unos segundos de desconcentración.

Cualquier intervención valiosa de las ciencias sociales a la industria incomodará a alguien. Avanzamos haciendo preguntas inesperadas, molestas y aparentemente estúpidas, porque para hacer bien nuestro trabajo tenemos que desmontar los conceptos ya establecidos como error y factor humano; no como objetivo, no para regodearnos en el cuestionamiento de lo dado, sino como un paso en la redefinición y resolución de problemas.

A pesar de los obstáculos que mencioné, el libro de Dejours permite acercar a ingenieros, técnicos y administradores este procedimiento.

No es poco.

[x] La ecuación – tomada de S. Dekker (2005) – es:

error humano = f (1 – falla mecánica)

Agosto 27, 2009

Adonde morimos hoy

Archivado en: antropología, estudios, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 5:00 pm

Es muy difícil conseguir datos fiables sobre accidentes de tránsito en la Argentina.

La aparentemente simple pregunta de cuantas víctimas se llevan por año, por ejemplo, debería poder ser respuesta con datos del ReNAT, pero resulta que a. los policías no siempre envian la planilla completa con los datos del siniestro, y b. la publicación de los datos no parece ser prioritaria para la administración del registro – al menos eso es lo que se puede inferir al ver que los datos más recientes en su sitio sean del 2007.

Si solamente saber cuantos mueren en las rutas presenta complicaciones, es de imaginar que la pregunta por las circunstancias en las que se dan los accidentes será mucho más difícil de contestar. Por eso me esperancé cuando vi que La Nación publicaba hoy los resultados de un estudio privado sobre estos temas. Por desgracia el optimismo no duró mucho.

Algunas observaciones sobre el artículo:

  1. No se presenta ningún dato; es más, no solo no se dice una palabra sobre la metodología, sino que ni siquiera se presenta el tamaño de la muestra. Al consultar el sitio del CESVI uno concluye que no se trató de un gesto de condescendencia intelectual por parte del periodista, sino de una omisión del CESVI mismo que encuentro muy difícil de justificar.
  2. Hay buenas razones para suponer que la muestra está muy sesgada: la fuente es el Sistema Integrado Sofía, que integra la información aportada voluntariamente por 23 aseguradoras. Los accidentes en los que participan autos no registrados quedan fuera.
  3. La nota pone énfasis en que la ruta 9 concentra el 11% de los accidentes graves; ¿como saber cuan significativo es eso sin cruzarlos con el caudal vehicular de las rutas? La relación cantidad de vehículos sobre tiempo es un indicador básico para cualquier investigación de ingeniería de tráfico, pero está ausente tanto en el artículo periodístico como en las “estadísticas” proporcionadas por CESVI.
  4. El análisis del periodista de La Nación no nos ahorra los lugares comunes que achacan los accidentes exclusivamente a los conductores – al factor humano, como suele decirse. A partir de los resultados de que el 82 % de los choques se dieron sobre pavimento seco, el 68 % sobre tramos rectos, y el 64 % de día, Afirma de manera un poquito taxativa que Solamente el exceso de velocidad, la imprudencia y la impunidad pueden explicar choques en esas condiciones. Teniendo en cuenta que el mismo estudio afirma que el 48 % de los choques fueron frontales, y que estos son extremadamente raros en una autopista, uno se pregunta porque se suele desestimar tanto a los factores infraestructurales.

En fin, me gustaría ver el día en que no muramos en las rutas, pero al parecer tenemos mucho que esperar solo para saber como lo hacemos.

Agosto 25, 2009

Después del protagonismo universal

Archivado en: estudios — Esteban S @ 8:02 pm

Leyendo unas conferencias de Alain Badiou en Brasil:

“El obstáculo a la energía cómica contemporánea es el rechazo consensual de la tipificación. La “democracia” consensual tiene horror a cualquier tipificación de las categorías que la componen. (…) El deber del teatro es recomponer situaciones vivas, articuladas a partir de algunos tipos esenciales. El teatro debe proponerle a nuestro tiempo el equivalente de los esclavos y domésticos de la comedia: personas excluidas e invisibles que de pronto, como efecto de la idea-teatro, en el escenario se convierten en la inteligencia y la fuerza, el deseo y el dominio.”

Discrepo en una sola cosa. Los y las esclavas no necesitan otro equivalente contemporáneo que sí mismas. Por lo demás, es muy cierto que reconocer roles subordinados es crucial para la comedia. Y, además de correcta, es brillante una segunda observación hecha en el mismo párrafo: que actualmente hay mucha resistencia a reconocer a la tipificación.

¿Hay un público dispuesto a pensar la idea-teatro que atisba Badiou?

Un burgués o un señor puede subestimar la importancia de los roles con cierta impunidad. Se lo permite la confianza en atributos que concibe propios e indisociables de sí y una idea de libertad basada en sus acciones. No así una esclava sexual, una madre refugiada o un convicto; ellos y ellas se ven forzadas a aceptar la exterioridad y el carácter coercitivo de los roles que cumplen.

En otros lugares y momentos la prerrogativa de la autoinvención era patrimonio de una minoría: nobles, artistas y cortesanos de distinto tipo. Los dandies fueron quizás los contrabandistas más conspicuos de ese afán de reinvención – y de la fantasía de protagonismo que traía. Hoy, sin embargo, es poco menos que una responsabilidad más a cumplir graciosamente. ¿Quien queda, entonces, para asumir la subordinación sin que lo obliguen, y desatar esa, eh,  “energía cómica”?

Sería una lástima que la respuesta a esa pregunta quede sola en el teatro.

Agosto 20, 2009

Una apuesta metodológica

Archivado en: antropología, investigación, técnica — Esteban S @ 10:07 pm

Los/as antropólogos/as casi nunca nos limitamos a analizar el funcionamiento de una sola institución. El holismo cultural, el supuesto de la comunidad analíticamente aislable, la exigencia de llegar al punto de vista del nativo, el hecho social total, y unos cuantos demonios más han querido que la construcción de nuestros objetos de investigación se centre más frecuentemente en unidades mayores, integradas por múltiples instituciones, cuyas relaciones son de por sí cambiantes. Los conceptos que usamos para referirnos a dichos vínculos son por lo tanto herramientas muy apreciadas, y las innovaciones en este campo serán bienvenidas por todos salvo quizás los más complacientes de nuestros colegas.

A partir de algunos ejercicios teóricos fui elaborando la idea de una contribución en esa dirección; en particular, la de plantear la posibilidad de tomar como unidad de análisis a situaciones de concurrencia de procesos sociales, entendiendo como tal la ejecución simultánea de procesos interactivos entre sí.

No quiero fastidiar con reseñas históricas, pero dado que el concepto al que me refiero proviene de un campo al que las ciencias sociales no suelen apelar vale la pena dedicarle unas líneas a su origen.

Una gran parte del trabajo de un programador consiste en encontrar y eliminar bugs corrigiendo el código fuente. La presencia de estos errores en un navegador de Internet para usuarios domésticos no representa un problema tan grande, pero en sistemas críticos pueden derrumbar un avión, provocar un derrame de refrigerante industrial, paralizar el tráfico de una ciudad durante horas o exponer a pacientes de tratamiento médico a dosis letales de radiación, así que la gente de ciencias de la computación se ha dedicado a crear técnicas para detectarlos. Los bugs por concurrencia se encuentran entre los más difíciles de corregir, y su erradicación motivó el desarrollo de técnicas bastante sofisticadas, que no se aplican directamente sobre el código fuente sino sobre un modelo matemáticamente riguroso que permita su verificación. La especificación de estos modelos se hace desde marcos bastante heterogéneos: cálculo de procesos, lógicas temporales, redes de Petri y sistemas de transiciones, etc. Pero más allá de los detalles de las notaciones empleadas, los problemas planteados por la concurrencia se hacen sentir en campos ajenos a los de computer scientists e ingenieros.

Desde las aproximaciones basadas en sistemas de transiciones la concurrencia aparece representada por tres operadores: 1. paralelismo; es sumamente inespecífico, en tanto puede ser utilizado para denotar procesos completamente aislados entre sí como casos en los que se da alguna clase de comunicación entre ellos; 2. el entrelazado (interleaving) se refiere a situaciones que se resuelven a través de una elección no determinista entre actividades de procesos ejecutados simultáneamente; surge de los condicionamientos impuestos por el hardware en computadoras con un solo procesador, pero creo que puede ser de mucha utilidad – por ejemplo, puede ser utilizado para representar el uso de una misma variable por parte de dos procesos distintos; y 3. handshaking (que traduciré apelando a la antonomasia como concurrencia a secas) designa una interacción sincronizada entre procesos concurrentes. En otras palabras, los procesos interactúan de esta manera cuando ambos participan en la interacción al mismo tiempo – como si se dieran la mano. Se define así un conjunto C de acciones concurrentes que contiene todos los elementos que cumplen la siguiente regla:

pedrolino_handshaking

Dado que el tercer operador de concurrencia exige que los conjuntos de acciones correspondientes a cada proceso hayan sido definidos previamente, cualquier implementación de este concepto requiere cierto grado de especificación formal. Una exigencia muy saludable.

Creo que hay muchísimos problemas de las ciencias sociales que pueden ser formulados – y resueltos – a partir de estos conceptos. En antropología y sociología rural, por ejemplo, seguimos empleando tipologías para definir campesinado y agricultura familiar. Si bien fueron muy útiles en cierto momento de estas disciplinas, sus limitaciones se hicieron sentir hace rato, y la posibilidad de pensar a ambos conceptos como referidos a situaciones de concurrencia entre distintas instituciones (grupo doméstico, explotación, familia, mercados de insumos, mercados de tierras, etc.) permitiría generar nuevas preguntas y nuevas respuestas.

¿Que tan viable será metodológicamente todo esto? No sé, pero puedo prever algunos problemas que habría que solucionar durante su aplicación:

  1. El problema de determinar las condiciones de frontera. Una manera de solucionarlo es tomar un proceso de referencia y a partir de él tomar solamente a los que estén en concurrencia directa, o a un número determinado de grados de distancia. La vecindad de un proceso puede ser muy amplia – como suele suceder con la institución persona, así que usar una distancia superior a uno puede ser metodológicamente arriesgado – al menos hasta que no desarrolle las herramientas adecuadas.
  2. El problema de la validez local de los modelos subyacentes a cada proceso. El carácter modular que podrían cobrar las investigaciones basadas en situaciones de concurrencia podría alentar a la búsqueda de definiciones de validez universal que permitan crear algo semejante a las bibliotecas de los programadores. Sería necesario, sin embargo, lidiar con algunos problemas muy serios sobre la misma posibilidad de dar definiciones universales de instituciones.
  3. El problema del no-determinismo emergente de sistemas concurrentes. No me desvela, a decir verdad. Lo que me lleva a buscar estas herramientas no es la predicción sino la posibilidad de llegar a explicaciones causales y a descripciones un poco más precisas.
  4. El problema de las dificultades metodológicas intrínsecas a un redefinición del objeto. Esto no tiene arreglo. Implementar una técnica nueva en un campo disciplinar siempre conlleva un riesgo. No solo su uso puede plantear dificultades imprevistas, sino que además la comunidad científica puede decidir no reconocer sus resultados – especialmente si se aleja demasiado de cierto consenso disciplinar.

Vistas así las cosas, es una apuesta.

A jugarla.

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Notas: En la regla de handshaking e1 y e2 son estados, →1 y →2 son acciones, ^ es el operador lógico conjuntivo y la barra denota una relación de premisa (arriba) y conclusión (abajo). Las referencias consultadas son Principles of model checking de Bauer y Katoen (2008), y Concurrency theory, de Bowman y Gómez (2005).

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