Últimamente estuve leyendo Antropología económica – Nuevas tendencias, de Susana Narotzky. La autora sigue la venerable tradición de empezar advirtiendo que el libro en cuestión no es un manual. Y claro. La gente cualitativa y copada en ciencias sociales sigue creyendo que los manuales son cosa de gente fea y aburrida. Pero en fin, los manuales de antropología económica no faltan, y el objetivo de Narotzky no es solo el de presentar las herramientas de la subdisciplina, sino también demostrar su vitalidad. Loable objetivo, pero me temo que la autora no logró alcanzarlo.
Digamos que citar a Polanyi a lo largo de casi la mitad de un libro no es la mejor manera de demostrar la vitalidad y actualidad de nada.
Desestimar a una teoría, un campo o a un autor por “viejos” es propio de las fashion victims del mundo intelectual. La mecánica newtoniana tiene unos cuantos siglos encima y sigue poniendo satélites en órbita. Pero convengamos que no es un campo en el que puedan hacerse grandes innovaciones. El problema del esfuerzo de la Narotzky es que argumenta la vitalidad de la antropología económica, cuando solo logra rescatar su vigencia. En mi propio trabajo usé herramientas clásicas de la antropología económica, así que puedo dar testimonio de su utilidad. Pero existen muchos problemas que requieren herramientas nuevas o provenientes de otros campos para ser resueltos.
Hace unos pocos días apareció en La Nación un artículo que da un buen ejemplo de porqué la antropología económica sigue vigente y es necesaria.
Al parecer hay varias tentativas (a nivel provincial) de extender los plazos de las licencias de maternidad, que actualmente son de tres meses con goce de sueldo – y que pueden extenderse tres o seis meses sin goce de sueldo. Un proyecto bonaerense, por ejemplo, contempla extender el plazo a 210 días con goce de sueldo.
Ya sé que para muchos/as es tentador tomar la posición que parece más aceptable moralmente y decir “Acá se juega el derecho de las mujeres a decidir!” y todas esas cosas. Pero hey, las ciencias sociales son necesarias justamente porque a veces es necesario que alguien se pare por fuera de lo que queda bien y nos muestre las posibles consecuencias de alinearse detrás de lo aceptable moralmente.
¿Como definirían ustedes a lo que hace una mujer (o un hombre) cuando limpia, cuida y alimenta a un nene? ¿Maternidad? ¿Socialización primaria? ¿Trabajo, quizás? Lo que es indiscutible es que la mujer está dándole al nene algo (tiempo, atención) que podría dedicarle a otras actividades y otras personas. Actividades como ir al cine, trabajar, estudiar una carrera. Personas como amigas, amantes, esposos. Es un ejemplo clásico de disyuntiva económica.
La disyuntiva en cuestión no es solo la de la mujer y su bebé. Es también la de los empleadores que tienen que decidir entre dos candidatos a un puesto de trabajo, uno de los cuales quizás deba ausentarse de su trabajo por siete meses por licencia de maternidad con goce de sueldo, mientras que el otro no. Uno podría preguntarse si a las mujeres les favorece desincentivar su inclusión en el mercado del trabajo formal con una medida importada de la Unión Europea. Pero no nos quedemos con esto solo.
La antropología económica ha constatado repetidamente que los grupos domésticos sistemáticamente subestiman el valor del trabajo de sus integrantes. Los productores agropecuarios y los campesinos no contabilizan el trabajo de sus familiares como sí lo hacen con el trabajo de sus empleados. En las ciudades tampoco se nos enseña a reconocer el valor económico de actividades cotidianas como lavar, planchar o cocinar. A algunos/as la disyuntiva económica solo les queda clarita cuando tienen que pagarle a alguien (generalmente una mujer) para que haga todas esas cosas por ellos/as.
Todo esto nos lleva más cerca de una perspectiva genuinamente antropológica: no se trata solamente de las decisiones de la empleada en blanco y de su empleador/a. Se trata también de la empleada doméstica – casi invariablemente en negro, a pesar de una iniciativa muy encomiable – que está completamente invisibilizada no solo en el artículo periodístico sino en la cabeza de los protagonistas más obvios del conflicto. ¿Como le afectaría a ella la extensión de las licencias de maternidad que nos presentan como una conquista de Las Mujeres?