Hace unos meses tuve una discusión con alguien que planteaba que la economía nacional es – palabras literales – un juego de suma cero. El contexto era, por supuesto, la protesta agraria. Les cuento que el argumento no me sorprendió en absoluto, pero sí el hecho de que este sujeto empleara esa diáfana expresión. Una de las maneras más frecuentes de decir una gansada es ocultarse detrás de un concepto científico, en este caso proveniente de la teoría matemática de los juegos. En ese contexto un juego de suma cero describe una situación en la que la suma de los resultados de todos los agentes participantes da cero; en otras palabras, es un juego en el que solo podés ganar lo que el otro pierde – y viceversa. ¿Esto se da en la economía? ¿Esto se da en la política? Si. ¿Tiene que ser así necesariamente? No.
Los participantes de debates políticos caen muy a menudo en la trampa de reducir todo conflicto a dos posiciones, y a ignorar la existencia de argumentos y medidas que redundarían en beneficio – o en perjuicio – de ambos. Esa es una motivación muy frecuente para terminar pensando la vida social como un juego de suma cero entre dos jugadores. La gente que piensa la economía de un país exclusivamente en términos de pujas de distribución del ingreso da un ejemplo muy claro de esta clase de razonamientos. Generalmente son lo mismos que piensan en términos binarios saturados de valoraciones morales (rico-pobre, capitalista-proletario, sector privado-Estado, liberal-populista).
¿Que tiene esto de malo? Que en cuanto pensás una situación en estos términos deja de existir lugar para la cooperación y para la comunicación. No es casualidad que un economista con vastísimos conocimientos sobre teoría de juegos advierta que “casi ninguna situación de gran importancia en una sociedad se considera mejor como juego de suma cero de dos personas” [1]. Y esto se debe a que tales juegos por definición no contemplan escenarios en los que ambos jugadores puedan ganar o perder – como suele pasar tan seguido en la política, la economía y tantas otras instancias.
¿Cuantas veces pensamos situaciones de nuestra vida cotidiana en esos términos? ¿Cuantas nos obligamos a entrar a una competencia innecesaria por no considerar todas las opciones disponibles?
[1] Shubik.1992. Teoría de juegos en las ciencias sociales. FCE. México, p.219.
Un juego de suma cero es una hipótesis de laboratorio. Ni siquiera los deadlocks son, propiamente, juegos de este tipo. Presupone que TODO lo demás es ceteris paribus, que los incentivos y las condiciones en las que se desarrolla un juego permanecen siempre inalterables. Y también supone una asunción un poco ridícula ya a esta altura, de que cada jugador tiene SOLO UNA OPCION RACIONAL y que todas las opciones racionales SON TRANSITIVAS. No es así, al menos no en los juegos reales.
comentario por carteleravisita — Septiembre 19, 2008 @ 2:40 am