Ayer terminó el cuarto congreso argentino y latinoamericano de antropología rural. La organización fue responsabilidad no solo del NADAR sino también del INTA, hecho que se evidenció muy profundamente en la extracción profesional de los participantes, muchos de ellos ingenieros agrónomos.
Las oportunidades para debatir sobre los últimos acontecimientos se concentraron en los paneles. Durante la primera mesa, enfocada sobre las variaciones regionales que presenta el agro argentino, se hizo referencia al conflicto agrario, con algunos argumentos fundados en una contraposición entre dos racionalidades productivas – una específicamente campesina y otra capitalista y acumulativa –, un tópico que ocasionalmente se oye en antropología rural. Desde esa base Hocsman criticó a las entidades pampeanas de excluir un modelo de producción campesino e indígena, quienes se habrían arrogado falsamente la representación de todos los actores sociales agrarios. El comentario más interesante de ese primer intercambio fue el de Slavutzky, quien advirtió que las agroindustrias regionales (tabacaleros, azucareros, etc.) tienen lobbies maduros y firmemente arraigados, mientras que las corporaciones pampeanas vienen a ser unos pollos nuevos sin experiencia política. Creo que no exagero si digo que reconocer eso es clave para pensar la recepción extrapampeana del conflicto.
El segundo panel se centró en uno de los ejes principales del congreso: la interdisciplina en el desarrollo rural. Además de la importante presencia de los ingenieros agrónomos, podían encontrarse muchos antropólogos, sociólogos y geógrafos dedicados a la extensión rural, por lo que el panel fue bastante concurrido.
A nivel del congreso entero, me llamó mucho la atención la ausencia de reflexiones sobre la crisis económica mundial y la consecuente caída de los precios de las commodities. De manera consecuente a esta omisión, las ponencias presentadas se refirieron al proceso de la frontera agraria en términos que eran habituales dos años atrás – no ya en el grupo de trabajo de organización familiar, donde participé, sino incluso en el de economías rurales.
Me temo que el sesgo disciplinar que mencioné en el post anterior nos está jugando mal en este contexto. Espero que esta observación me sirva de manera autocrítica, así que intentaré a partir de este año poner el modelo de ciclo doméstico y de explotación familiar en los que estuve trabajando al servicio de explicar los macroprocesos que como gremio estamos ignorando.
Un saludo grande.

