Archivos para Mayo, 2009

¿Hay rol sin actor?

Publicado en antropología, estudios el Mayo 26, 2009 por Esteban S

Probablemente no haya un antropólogo más deliberamente olvidado (y repudiado al ser evocado) por sus colegas contemporáneos que Siegfried Nadel. No es de extrañar, teniendo en cuenta que se trata del hombre que intentó reconciliar el estudio de lo humano con el conjunto del conocimiento científico. Su búsqueda lo llevó a uno de los raros intentos de formalización en nuestra disciplina: su Teoría de la estructura social, editada originalmente en 1956.

Una parte central de esta obra era su teoría de los roles, que formuló valiéndose de una notación bastante idiosincrática. Esta se encontraba muy influenciada por la lógica formal, pero también incluía algunos símbolos provenientes de otras ramas (aritmética, cálculo, etc.); el rol, por ejemplo se expresaba como una serie de atributos de la siguiente manera:

ρ = ∑ a, b, c, … , n

Al principio tomé esta definición sin ponerle reparos, pero al tiempo empecé a cuestionarla ¿a que hace referencia una suma entre atributos? ¿es la operación aditiva – que una serie incluye por definición – la manera de entender la relación entre los atributos? Eventualmente se me ocurrió que una definición más precisa y operativa podría hacerse pensando al rol como un conjunto que contiene dos subconjuntos parcialmente ordenados; el de los atributos y el de las acciones:

ρ = (Atr, Acc, ≥)

Pero a pesar de su gran importancia en las matemáticas y de (desde mi perspectiva) su conveniencia para el problema de definir formalmente rol, Nadel no menciona la teoría de conjuntos en ningún punto, apartando con el mismo gesto el concepto de conjunto vacío, que sin duda habría de parecerle ontológicamente perturbadora; desde la primera vez que leí su obra, el siguiente comentario siempre me llamó la atención:

“No hace falta decir que aquí no hay nada análogo a la clase nula o clase cero de la lógica, lo cual (sic) no tienen ningún miembro. El concepto de rol se refiere siempre a seres humanos reales existentes; y si en un momento dado hay un rol sin representante vivo alguno, esto no indicará sino una dislocación o anomalía transitoria”. [p.56]

Frente a la pregunta de si existe rol sin actor [x], el antropólogo habría respondido con una rotunda negativa. También en esto difiero. Hay roles sin actores. Y no por alguna pirueta formal (agitar algún axioma del que se derive la existencia del conjunto vacío sería una), sino por el sentido social que cobran todas estas formulaciones. Lo que define un rol, en definitiva, son expectativas; las expectativas de que alguien denominado de tal manera actuará de tal manera y estará caracterizado por tales atributos. De ahí que sea una entidad abstracta, y forzosamente distinta a las personas, a quienes no incluye, sino que inviste.

Para pensar desde un caso concreto podríamos plantearnos este ejercicio. ¿Es el bufón un rol? ¿y el payaso? ¿y el clown? Hay una expectativa común a los tres; se espera que entretengan a alguien. Podría decirse que la intersección de los conjuntos de atributos y de acciones correspondientes a cada uno de los tres no es vacía, aunque sería un error muy grosero identificarlos totalmente. Pero allí donde efectivamente se designe a una figura única (algunos académicos gustan disfrazar estas grotescas imprecisiones bajo el rótulo de “arquetipos”) mediante estas palabras, ¿existe esta diferencia? Sí, porque los roles no deben ser confundidos con los términos por los que son apuntados. Los primeros son conceptos, los segundos términos.

Aunque el sesgo de nuestra propia cultura nos llevé a confusiones al respecto, los tres roles serían formalmente distintos, y hasta es posible que cada uno de ellos no merezca sino ser llamado familia de roles. Hoy carecemos de bufones en sentido estricto, y sin embargo es de utilidad analítica (e historiográfica) superar el sentido común para diferenciarlos de los payasos y clowns, por los mismos motivos por los que un clasicista no consentirá que agrupemos al anax junto al basileus bajo el rótulo común de rey.

Quizás cada rol sea una máscara, única en sus exquisitos detalles, que espera pacientemente el momento oportuno para volver a ser lucida. Quizás no podamos bañarnos en el mismo río dos veces, pero sí podemos pisar dos veces su cauce.

[x] El término actor no es propio de la argumentación de Nadel (quien lamentaba las resonancias escénicas del término) pero me parece apropiado.

Frente a lo informe

Publicado en estudios, técnica el Mayo 21, 2009 por Esteban S

“A veces (Degas) pensaba en lo informe. Hay cosas, manchas, masas, contornos, volúmenes, que no tienen, en cierta manera, más que una existencia de hecho: solo pueden ser percibidas por nosotros, pero no sabidas; no las podemos reducir a una ley única, deducir su todo del análisis de una de sus partes, reconstruirlas por medio de operaciones razonadas. No podemos modificarlas tan libremente. Casi no tienen otra propiedad que la de ocupar una región del espacio… Decir que se trata de cosas informes, quiere decir, no que carezcan de forma, sino que sus formas no encuentran nada en nosotros que permita reemplazarlas por un acto puro de trazado o de reconocimiento. Y, en efecto, las formas informes no dejan otro recuerdo que el de una posibilidad… Al iguar que una serie de notas tocadas al azar no es una melodía, un charco, un peñón, una nube, un fragmento de litoral, no son formas reducibles. No quiero insistir sobre estas consideraciones: éstas nos llevan demasiado lejos. Volvamos al dibujo. Supongamos que queremos dibujar una de estas cosas informes, pero aquellas en las que podamos reconocer alguna solidaridad entre sus partes. Arrojo sobre la mesa un pañuelo estrujado. Este objeto no se parece a nada. Para el ojo, desde luego, no es más que un desorden de pliegues. Mi problema, sin embargo, es hacer ver, por medio de mi dibujo, un pedazo de tela de tal especie, flexible y densa, de un solo intento. Se trata de hacer inteligible una cierta estructura de un objeto que no ha sido determinado en absoluto, y no hay ningún cliché o recuerdo que me permita dirigir el trabajo, tal cual lo hacemos con la figura de un árbol, de un hombre o de un animal, que se dividen en porciones bien conocidas. Es aquí donde el artista puede ejercer su inteligencia, y donde el ojo debe hallar, por medio de sus movimientos sobre lo que ve, los caminos del crayón sobre el papel, al igual que un ciego debe, al palpar, acumular los elementos del contacto con la forma, y adquirir, punto a punto, el conocimiento y la unidad de un sólido extremadamente regular.
Este ejercicio de lo informe enseña, entre otras cosas, a no confundir lo que uno cree ver con lo que ve. Hay una especie de construcción en la visión de la cual estamos eximidos por la costumbre. Tenemos que prever, en general, más de lo que vemos, y las impresiones del ojo son para nosotros sólo signos, y no presencias singulares, anteriores a todos los arreglos, recopilaciones, abreviaciones, sustituciones inmediatas, que la educación primera nos ha inculcado.”

Paul Valéry, Del suelo y lo informe, en Degas danza dibujo.

Valéry era lo suficientemente agudo como para advertir que la validez de su comentario excedía el ámbito de lo artistico. Hace falta algo más que maestría en un oficio para poder transformar a ese momento, previo al concepto, de excusa para la angustia en ejercicio reflexivo. Cosas semejantes hacen también quienes son sabios en ciencia y en amor.

Muerte, venganza, y ética etnográfica (III)

Publicado en antropología, investigación el Mayo 19, 2009 por Esteban S

El 20 de abril Diamond fue demandado por calumnias contra Daniel Wemp e Isum Mandingo por diez millones de dolares. La acción legal está fundamentada por una investigación realizada por Rhonda Roland Shearer y publicada en el sitio stinkyjournalism.org (parte del programa de ética periodística de una organización sin fines de lucro llamada Art Science Research Laboratory), donde llegan a las siguientes conclusiones:

  • Los únicos datos correctos en toda la narración de Diamond son los nombres de Daniel Wemp, de Isum, de los demás participantes de la venganza, y de los clanes a los que pertenecen ambos. Las confusiones habría llegado al punto de confundir victimas de victimarios cuando Diamond afirmaba que los Handa y Ombal mataron y violaron mujeres Huli.
  • Wemp le comunicó al equipo de Rhonda Shearer que Diamond conservó en su artículo la estructura del relato que él le había hecho, pero que había confundido los roles que las distintas personas cumplieron en ella. Al hacer aseveraciones falsas de crímenes sobre personas reales – todas vinculadas a Wemp – Diamond habría puesto a Daniel en peligro.
  • Diamond no cumplió con ninguno de los procedimientos periodísticos para validar sus afirmaciones. Además, las citas atribuídas a Daniel Wemp habrían sido falsas.

El informe también cuenta con el testimonio de varios antropólogos con mucha experiencia de campo en Papúa Nueva Guinea, quienes hicieron muy variadas observaciones sobre el artículo; cuestiones gremiales (crítica al volante que decía Anales de antropología), prácticas (publicar el nombre verdadero de un informante que acaba de narrar un ciclo de matanzas), metodológicas (falta de criterios de validación) y fácticas (unos cuantos errores de hecho – el conflicto mencionado, por ejemplo, no se originó por el episodio del chancho sino por una disputa entre dos jugadores).

¿Que se puede sacar en limpio de todo esto? Creo que varias cosas.

Por incompleta que sea la formación antropológica en muchos aspectos, cumple en proporcionar procedimientos de validación que previenen los errores en los que incurrió Diamond, y que tienen algunos parecidos (aunque no se corresponden exactamente) con los del trabajo periodístico. Diamond desestimó las críticas de los antropólogos al considerar que su artículo era de carácter periodístico. En todo caso su narración falló desde ambos criterios al no haber contrastado fuentes y por haber expuesto a su informante.

Porque sucede que en este caso lo más importante coincide con lo más obvio: los recaudos éticos y metodológicos. Fallar en cualquiera estos aspectos puede acarrear consecuencias muy severas. Confieso que cuando leí el texto de Jared Diamond ignoraba todavía el alcance de sus errores. Pensé que se limitaba a haber cometido la imprudencia de publicar el nombre verdadero de las personas involucradas – cosa que nos enseñan desde el primer año de grado a no hacer, y muy sabiamente, porque de haber cumplido con ese recaudo elemental todo el artículo de Diamond no habría sido otra cosa que una ficción verosímil, algo más inocente de lo que resultó, pero aún muy distante de un trabajo antropológico.

Documentos:

Copia del artículo original. The New Yorker, abril del 2008.

Jared Diamond´s factual collapse. Preliminar del informe completo de la investigación de Rhonda Shearer, publicado el 21 de abril del 2009.

Carta de Mako Kuwimb, abogado de Daniel Wemb, a The New Yorker.

Perspectivas:

Jared Diamond según un antropólogo con experiencia de campo en Nueva Guinea.

Muerte, venganza, y ética etnográfica (II)

Publicado en antropología, el gremio, nemética el Mayo 18, 2009 por Esteban S

Daniel narró (o habría narrado) [x] lo que ocurrió entonces en los siguientes términos:

“Isum estaba en una pelea pública, con su arco y flecha listos para una lucha a larga distancia, y estaba disparando y esquivando flechas al descubierto. Estaba concentrándose en la pelea pública, mirando a nuestros hombres lejos en el campo, y no estaba preparado para nuestro ataque por detrás y de cerca por una de nuestros grupos ocultos. Fue el grupo nuestro que había ido por la rivera del río el que lo alcanzó. Solo una flecha le pegó a Isum, pero era una flecha de bambú, plana y afilada como un cuchillo, y le cortó el espinazo. Eso es incluso mejor que matarlo, porque él sigue vivo hoy mismo, once años después, paralizado en una silla de ruedas, y quizás viva por otros diez años. La gente lo verá sufrir. Isum estará por ahí por un largo tiempo, y la gente verá su sufrimiento, y recordará que eso le pasó en venganza por haber matado a mi tío Soll”.

Como era de esperar, la ruina de Isum no marcó el fin de los conflictos. Pero la irrupción de un enemigo común a los clanes Handa y Ombal limpió el registro social de Daniel, quien dejó así de temer una represalia de sus anteriores adversarios.

¿Porque contribuir a esos interminables ciclos de violencia? En este punto Diamond demuestra algo sabiduría y sinceridad al tomarse en serio esa pregunta, y no reducirla a una mera búsqueda de superioridad moral. Lo soluciona apelando a la experiencia de su suegro Jozef durante la segunda guerra mundial.

Polaco judío, Jozef fue capturado en el frente oriental por los sovieticos, confinado en un campo de concentración, alistado en el ejercito rojo, enviado al frente y promovido a oficial. Una vez al mando de un pelotón, regresó al pueblo donde vivía su familia. Ahí se enteró de que su padre había sido capturado – y con toda seguridad ejecutado. Pero, le advirtieron los vecinos, su madre, su hermana y su sobrina habían logrado ocultarse en un pueblo cercano.

Al interrogar a los pobladores se enteró que una banda, frustrada por no encontrarles nada que robar, había matado a sus familiares. Con hombres armados a su disposición, Jozef dio rápidamente con el asesino. Podría haberlo matado. Quería hacerlo. Pero se detuvo. Alegó que no quería rebajarse al nivel del agresor, a quien entregó a las autoridades.

En las raras ocasiones en las que Jozef se permitía hablar sobre el episodio y sus consecuencias, admitía que le abrumaba la culpa de haber desprotegido a su madre, hermana y sobrina, y el remordimiento de no haberlas vengado. El remordimiento del que Daniel se había librado.

El texto de Diamond apunta a algunos de los problemas más angustiosos y emocionalmente desgarradores del estudio de lo humano ¿Hasta que punto lo que denominamos moralidad es algo más que la internalización de imperativos institucionales? Pero no fue esto, por cierto, lo que provocó el escandalo, sino algo quizás más aburrido que la historia contada, aunque nada trivial. Una cuestión de lo que podríamos denominar ética etnográfica. En el próximo post examinaré la controversia.

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[x] Editado 19/5 para añadir lo que está en paréntesis. Se me escapó un error que será evidente con el próximo post.

Muerte, venganza, y ética etnográfica (I)

Publicado en antropología, el gremio, nemética, política el Mayo 16, 2009 por Esteban S

El biólogo y geógrafo estadounidense Jared Diamond es bastante conocido dentro de nuestro gremio, y por muy buenas razones. En un momento en el que la antropología ha reformulado hasta la obliteración a su objeto tradicional (llamémoslo las sociedades no industriales), Diamond lo retoma en su búsqueda de un conocimiento urgente para evitar nuestra autodestrucción. Los problemas que se plantea hacen a lo humano en general, y las particularidades culturales son tomadas como expresiones contingentes de algo que nos incluye.

Así que tanto las admiraciones (los colegas de Pueblo de Caos son buen ejemplo de esto [1] [2]) como las animosidades que despierta Diamond nos remiten al hecho de que es casi el único autor que hace esas cosas que solían identificarnos a los antropólogos antes de que algunos norteamericanos cansados, aburridos y quejosos nos invitaran a hacer crítica de la etnografía.

Resulta que Diamond publicó en abril del año pasado un artículo en The New Yorker [x] sobre temas de nemética en Papúa Nueva Guinea. El título es Vengeance is ours, y narra la historia ocurrida en 1992 de una guerra entre clanes provocada por un hombre llamado Daniel Wemp en venganza por la muerte del hermano de su padre. Antes de pasar a las causas del revuelo que ha motivad creo fundamental hacer una síntesis de este texto, que no tiene desperdicio.

El origen de los acontecimientos que se sucederían se remontaba, según Jared y sus informantes, a un evento que a la distancia parece trivial: un cerdo arruinó el jardín hortícola de un hombre Ombal, quien acusó a un dueño de cerdos Handa. La disputa entró en una escalada, y rápidamente todos los miembros de ambos clanes (entre cuatro y seismil personas) se encontraron enfrentados. Para el momento en que Soll, el hermano del padre de Daniel, fue muerto las bajas sumaban diecisiete. El enfrentamiento en el que cayó seguía las convenciones locales; dos grupos numerosos de guerreros se apostan a distancia y llenan el espacio de flechas y lanzas. La identidad de quien da un golpe fulminante queda así subsumida en el clan, que parece ser el objeto y agente de esta economía de violencias.

Pero la responsabilidad de las venganzas tiene también un componente personal. Daniel era el único que estaba en condiciones físicas y etarias para retribuir la violencia; era, según la expresión de Diamond, el dueño de la pelea. Y era Isum, el organizador de la batalla en la que cayó Soll, quien debía pagar.

Tras intentar agotar el asunto en una batalla decisiva que resultó ser una escaramuza socialmente poco valedera, Daniel afrontó los numerosos problemas planteados por la dirección de una buena venganza; cuestiones de parentesco (Tres parientas de Isum habían sido casadas dentro del clan Ombal, por lo que él no podía morir por su mano; aunque si por la de alguien de otro clan que él pagara o persuadiera), de logística (alistar y movilizar guerreros presenta sus dificultades), y, por supuesto, de nemética (en cada batalla confluían varias venganzas personales).

La guerra de clanes ya se había cobrado treinta vidas para el momento en que Diamond escuchó de la sexta batalla. Pero esa habría de ser la última.

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Continuará en el próximo post.

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[x] El New Yorker exige registración, pero afortunadamente está en línea por un curso de la universidad de Nebraska.

Trobar Clus

Publicado en el gremio el Mayo 10, 2009 por Esteban S

Fuera del mundo gallego-portugués, donde el segrer era libre de componer e interpretar por igual, trovadores y juglares se encontraban distanciados por un abismo gremial. Componer era prerrogativa exclusiva de los primeros, limitándose los segundos a la buena interpretación. La creatividad juglaresca, que no era escasa, se expresaba principalmente en la apropiación y la adaptación para los diversos públicos a los que servían. También los trovadores buscaban el placer de audiencias muy variadas; mientras unos se acercaban a la juglaría en su franqueza, otros se abocaban a satisfacer los anhelos corteses de refinamiento, llegando al trobar clus, un estilo de trova cerrada en su exquisitez.

En un presente marcado por la proliferación mediática y la llamada cultura de masas, todo lo que antecede parecerá una curiosidad histórica. Pero el trobar clus está vivo, y goza de muy buena salud en ámbitos de lo más variados; círculos artísticos, empresariales y académicos lo reconocen como una de sus más altas expresiones.

Algunos todavía buscamos objetividad – cuando no verdad – en los procedimientos. Así fue como me propuse crear un índice con el cual medir el trobar clus de un texto dado. Uno de mis tempranos intentos fue el siguiente:

trobarclus

Pero no me plació, por razones que quizás no sean obvias.

No toda jerga o dificultad es trobar clus, por cierto. Tal nombre merece la obscuridad que se introduce exclusivamente para diferenciar al trovador del juglar. Por otra parte, no siempre es requerido el uso de buzzwords, como puede evidenciar un breve ejemplo: “El estereotipo es, en realidad, el lugar de un exceso ilícito de sentido, lo que Barthes llama la “náusea” de las mitologías: es la abstracción en virtud de la cual mi individualidad se alegoriza y se transforma en una ilustración burda de otra cosa, algo no concreto y no individual.” (Jameson). El criterio lexical, por lo tanto, nos va a rendir pobre servicio, y mejor estaremos prestándole atención al efecto que el trovador pretende lograr.

Pero más allá de la construcción de índices e indicadores que permitan medirlo, muchos han ensayado explicaciones sobre el trobar clus. Quizás la más persuasiva es la que lo ubica junto al saber técnico y al conocimiento experto en un campo dado como herramientas para cerrar las fronteras del gremio [x]. Respecto a su dinámica, un oficial de la misma mesa planteó que su léxico no es fuente de neologismo nauseabundo (como asume el ITS), sino que proviene del abuso de términos y conceptos de uso más general que llegan a degradarse – merced al ruido y a la acumulación de entropía, podríamos añadir.

Suena convincente. Aunque algunos trovadores de este estilo pueden reclamar cierta celebridad, su oscuridad no siempre se corresponde con el buen manejo de la lengua, y los más no encuentran oyente alguno fuera de las paredes del gremio; El que aprecie el poder de las palabras para evocar, conmover y maravillar bien puede mantenerse alejado de este estilo de himno corporativo. Quien forme parte del gremio en cuestión, en cambio, habrá de adoptar alguna pieza en su repertorio – aunque más no sea para evitar ver su calificación profesional cuestionada por algún arribista.

[x] Bueno, está bien, no lo ponen exactamente en esos términos, pero expresiones como “capital intelectual” me resultan disonantes e innecesariamente problemáticas.

Del estudio de caso y otros demonios

Publicado en antropología, ciencia, investigación el Mayo 3, 2009 por Esteban S

El estudio de caso da lugar a muchas distorsiones, al punto que en algunos círculos se ha convertido en sinónimo de laxitud metodológica. Es cierto que bajo ese término se parapetan trabajos carentes de cualquier valor científico, pero hay buenas razones para no extender ese juicio a todos los trabajos de este tipo, así me voy a tomar la molestia de rebatir algunos de los prejuicios que lo rodean.

Aunque pueden encontrarse algunos argumentos a favor de la dicotomía cualitativo / cuantitativo, también es cierto que tomársela demasiado en serio lleva directamente a muchos pseudoproblemas. Una vez puesta entre paréntesis esa precaución, paso al primer punto: el estudio de caso no implica la adopción exclusiva de técnicas cualitativas. Existen de hecho muchos trabajos de este tipo que emplean encuestas y cuestionarios para relevamiento, y que toman datos construidos a partir de variables de escala intervalar o racional. La bibliografía sobre empresas familiares es muy rica en ejemplos de este tipo.

Otro punto (conectado muy estrechamente con el anterior) es que una aproximación de este tipo no implica la adopción de un paradigma discursivo. Describir una cualidad es reconocer (implícitamente) un valor determinado de una variable que queda sin especificar, y que por lo general está estructurada de acuerdo a una escala nominal u ordinal. Variables de este tipo también tienen su uso en modelos formales. Muchos modelos microeconómicos, por ejemplo, definen la utilidad de manera ordinal.

Más allá de los dos puntos anteriores, muchos investigadores reconocen que los estudios de caso son valiosos en algunos contextos, pero creo que a veces se hace una evaluación errónea de cuales son las circunstancias que lo vuelven valioso. Se ha dicho, por ejemplo, que es conveniente ahí donde faltan datos estadísticos. No estoy de acuerdo. La falta de información previa a la investigación no determina la conveniencia de un diseño de investigación basado en el estudio de caso. El desconocimiento de los indicadores necesarios para dar una explicación causal sí. Creo que debería pensarse al estudio de caso como un paso inicial dentro de un diseño de investigación más amplio. La etnografía (una instancia de investigación mucho mejor adaptada al estudio de caso que al estudio con una muestra estadísticamente significativa), por ejemplo, puede ser muy útil para construir indicadores que un estudio de base estadística o un modelo causal puedan emplear productivamente.

¿Porqué tantos prejuicios y malentendidos? Unos cuantos le echan la culpa al cientificismo, el positivismo o a algún otro cuco. A mi me parece que la responsabilidad del ovillo que rodea al estudio de caso la tienen muchos metodólogos de nuestras ciencias sociales. Si les resulta una impresión arbitraria, los invito a pasar por el artículo de Wikipedia sobre estudio de caso – como verán bastante apuntalado por referencias, al menos para uno de los artículos de la versión en castellano – que sirven para decir cosas como que un estudio de caso puede servir para “confirmar teorías que ya se sabían”. Y bueno.