“A todos los muchachos nuer se los inicia a la vida adulta mediante una operación muy dolorosa (gar). Con un cuchillo pequeño les hacen seis largos cortes en la frente que van de oreja a oreja. Las cicatrices permanecen durante toda la vida, y se dice que se pueden detectar esas marcas en los cráneos de hombres muertos.”
Poco después de las elecciones de junio, el blogger conocido como Escriba publicó un artículo en Artepolítica donde invitaba a pensar a la generación . El timing le falló, y los oficialistas estaban tan susceptibles que interpretaron que se había dado el vuelta el poncho. Pero el gesto reverberó junto a ciertas discusiones previas sobre el papel de la generación respecto al imaginario setentista, la memoria,a y las organizaciones de DDHH en blogs como éste y éste.
“Inician a varios muchachos al mismo tiempo, pues creen que si iniciaran a un muchacho solo, sufriría de soledad y podría morir. Además, es más fácil disponer todo lo necesario para los muchachos y prestarles los cuidados y atenciones que necesitan durante la convalescencia, si se los inicia en grupos”.
Mi primera reacción frente a este uso de la palabra “generación” fue de desconfianza. Supongo que fue un cambio bastante reciente, porque poco antes de graduarme escribía (y muy convencido) en panfletos estudiantiles apartidarios sobre “compromisos generacionales” junto a demás blablablá. ¿Que pasó? Mi fecha de nacimiento no se corrió veinte años para atrás. Quizás se deba a ciertas decepciones que sufrí en los últimos años respecto a la academia en tanto institución.
“Todos los muchachos iniciados durante una serie de años sucesivos pertenecen a un mismo grupo de edad (ric). Hasta época reciente, ha habido un intervalo de cuatro añoes entre el final de uno de esos grupos y el comienzo del siguiente. (…) Determinado wut ghok, “Hombre del Ganado”, es el encargado de abrir y cerrar los períodos de iniciación y, por tanto, de dividir los grupos de edad”.
En mis trabajos posteriores cedí varias veces a la tentación de usar a la generación para explicar la dinámica de grupos domésticos y familias. Es una noción muy difusa, pero en última instancia eso no significa que no sirva; mucho menos que no signifique nada. Los excesos de la precisión engendran monstruos.
“Hoy se inicia a los muchachos cada año. Cada varios años el Hombre del Ganado anuncia que va a separar los grupos y celebra una ceremonia en virtud de la cual todos los muchachos iniciados hasta ese año entran dentro de un grupo y todos los iniciados a partir de ese año entran dentro de un grupo más joven”.
Pero el ejercicio analítico me condujo a esta sospecha: apelamos a la generación para sacar ventaja dentro de instituciones (partidos políticos, empresas, sindicatos, ONGs, etc.); es una carta más en los juegos que se dan dentro de esos marcos bien definidos. La generación no tiene siquiera la estructura de un grupo etario. Así las cosas, una invitación a pensar generacionalmente que no deje bien claro el marco institucional dentro del que se está hablando es chamuyo.
“Descubrimos que, por lo general, entre el grupo de un hombre y el de su hijo mayor mediaban dos grupos, pero a veces uno. En el caso de hijos menores, mediaban dos o tres grupos. Podemos aceptar que, por término medio, las generaciones de abuelo-padre-hijo abarcan seis grupos”.
Si nos quieren convencer de que apelemos a nuestra consciencia generacional en busca de una identidad política, primero veamos al servicio de qué, y por qué medios. Aunque quizás en algún punto sea ineludible; quizás nos permitiría dejar de pescar nuestras identidades políticas en los mismos estanques de siempre. Ese momento de sobriedad – o de resaca, más bien – nos lo venimos debiendo.
Indicadores de morbimortalidad (a partir de de Almeida Filho y Rouquayrol, 2008)