Archivos para Julio, 2009

Sobre los usos políticos de la generación

Publicado en antropología, política el Julio 24, 2009 por Esteban S

“A todos los muchachos nuer se los inicia a la vida adulta mediante una operación muy dolorosa (gar). Con un cuchillo pequeño les hacen seis largos cortes en la frente que van de oreja a oreja. Las cicatrices permanecen durante toda la vida, y se dice que se pueden detectar esas marcas en los cráneos de hombres muertos.”

Poco después de las elecciones de junio, el blogger conocido como Escriba publicó un artículo en Artepolítica donde invitaba a pensar a la generación . El timing le falló, y los oficialistas estaban tan susceptibles que interpretaron que se había dado el vuelta el poncho. Pero el gesto reverberó junto a ciertas discusiones previas sobre el papel de la generación respecto al imaginario setentista, la memoria,a y las organizaciones de DDHH en blogs como éste y éste.

“Inician a varios muchachos al mismo tiempo, pues creen que si iniciaran a un muchacho solo, sufriría de soledad y podría morir. Además, es más fácil disponer todo lo necesario para los muchachos y prestarles los cuidados y atenciones que necesitan durante la convalescencia, si se los inicia en grupos”.

Mi primera reacción frente a este uso de la palabra “generación” fue de desconfianza. Supongo que fue un cambio bastante reciente, porque poco antes de graduarme escribía (y muy convencido) en panfletos estudiantiles apartidarios sobre “compromisos generacionales” junto a demás blablablá. ¿Que pasó? Mi fecha de nacimiento no se corrió veinte años para atrás. Quizás se deba a ciertas decepciones que sufrí en los últimos años respecto a la academia en tanto institución.

“Todos los muchachos iniciados durante una serie de años sucesivos pertenecen a un mismo grupo de edad (ric). Hasta época reciente, ha habido un intervalo de cuatro añoes entre el final de uno de esos grupos y el comienzo del siguiente. (…) Determinado wut ghok, “Hombre del Ganado”, es el encargado de abrir y cerrar los períodos de iniciación y, por tanto, de dividir los grupos de edad”.

En mis trabajos posteriores cedí varias veces a la tentación de usar a la generación para explicar la dinámica de grupos domésticos y familias. Es una noción muy difusa, pero en última instancia eso no significa que no sirva; mucho menos que no signifique nada. Los excesos de la precisión engendran monstruos.

“Hoy se inicia a los muchachos cada año. Cada varios años el Hombre del Ganado anuncia que va a separar los grupos y celebra una ceremonia en virtud de la cual todos los muchachos iniciados hasta ese año entran dentro de un grupo y todos los iniciados a partir de ese año entran dentro de un grupo más joven”.

Pero el ejercicio analítico me condujo a esta sospecha: apelamos a la generación para sacar ventaja dentro de instituciones (partidos políticos, empresas, sindicatos, ONGs, etc.); es una carta más en los juegos que se dan dentro de esos marcos bien definidos. La generación no tiene siquiera la estructura de un grupo etario. Así las cosas, una invitación a pensar generacionalmente que no deje bien claro el marco institucional dentro del que se está hablando es chamuyo.

“Descubrimos que, por lo general, entre el grupo de un hombre y el de su hijo mayor mediaban dos grupos, pero a veces uno. En el caso de hijos menores, mediaban dos o tres grupos. Podemos aceptar que, por término medio, las generaciones de abuelo-padre-hijo abarcan seis grupos”.

Si nos quieren convencer de que apelemos a nuestra consciencia generacional en busca de una identidad política, primero veamos al servicio de qué, y por qué medios. Aunque quizás en algún punto sea ineludible; quizás nos permitiría dejar de pescar nuestras identidades políticas en los mismos estanques de siempre. Ese momento de sobriedad – o de resaca, más bien – nos lo venimos debiendo.

Gripe A: ¿es para tanto?

Publicado en antropología, epidemiología, estudios, política, riesgo e incertidumbre el Julio 16, 2009 por Esteban S

¿Estamos frente a una amenaza que justifica paralizar sectores clave del país, como la educación? ¿O se trata de una conspiración? Me parece que la respuesta a las dos preguntas es no.

No soy médico, pero como no me gusta que mis opiniones sobre temas importantes dependan de impresiones, me puse a leer un poco sobre el asunto Lo poco que sé de epidemiología lo aprendí hojeando los manuales de Beaglehole-Bonita (hace unos años) y de Alemida Filho-Rouquayrol (hace unas semanas). La presentación de los indicadores de la morbimortalidad en términos de subconjuntos que se hace en el segundo me pareció muy clara, y vale la pena reproducirla:

morbimortalidadIndicadores de morbimortalidad (a partir de de Almeida Filho y Rouquayrol, 2008)

¿Para que? Para no caer en algunos de las errores típicos, como el de confundir a los enfermos diagnosticados con el total de la población. Es una distinción que necesitamos para entender de que se tratan la letalidad y la mortalidad. La tasa de letalidad es la relación entre los muertos y los infectados diagnosticados (O/D), mientras que la tasa de mortalidad es la de los muertos sobre el total de la población (O/P).

Si vamos a la página oficial del ministerio de salud sobre la gripe A y leemos el último informe de situación (para este post el nº64), tenemos que la Argentina cuenta con 3056 casos detectados y 137 fallecidos. La información fue relevada por el ministerio, a diferencia del caso chileno, donde la OPS encontró 9549 casos y 25 fallecidos. El porcentaje, entonces:

Argentina: (137 / 3056).100 = 4,48
Chile: (25/9549).100 = 0,26

En momentos en los que la confiabilidad de los datos ni siquiera esperan a ninguna sofisticación epistemológica para ser puestos en duda, la sospecha de que los números de la pandemia estén dibujados se hace oir.

De ser ciertos los números proporcionados por el ministerio, la tasa de letalidad es considerable. Ahora, en estas circunstancias lo que un/a gobernante/a (suponiendo que no quiere ser considerado/a responsable/a de la muerte de ciudadanos/as) podría desear es que la diferencia entre el conjunto de los infectados y el conjunto de los diagnosticados sea lo menor posible, especialmente si este último cuenta con 100.000, como se le escapó a nuestro ministro. Si efectivamente ese fuera el número, y estuvieran todos registrados tendríamos que:

(137 / 100.000).100 = 0,137

…algo más cercano a los datos relevados por la OPS en Chile. De hecho, si vemos la tasa de letalidad de los demás países (tanto a los que relevaron sus propios datos como los que no), la veremos bastante similar a este valor (Brasil: 0,19%, Uruguay: 1,15%, Perú: 0,28% ), con las excepciones son Paraguay (2,6%) y Colombia (4,21%). El total de América Latina, sin embargo, nos da 1,07%, contribuyendo nosotros con el 74% de los muertos y el 17% de los diagnósticos positivos.

Uno podría argumentar que no les resultaría muy ventajoso ser sinceros con respecto a los muertos (como espero que sean) y mentir sobre los infectados. Pero frente a la opinión pública los números absolutos son mucho más impactantes que las tasas y coeficientes. A lo mejor lo saben, y por eso nuestra presidenta decidió mandar a callar a nuestro ministro tras el incidente.

O a lo mejor lo hacen de pelotudos nomás.

Dentro del laberinto

Publicado en estudios, riesgo e incertidumbre el Julio 12, 2009 por Esteban S

“Si en el Cielo la forma pura y apropiada encuentra su residencia, no es la incongruencia anárquica ni la ausencia de forma lo que rige al Infierno; porque el Infierno también es un mundo divinamente ordenado. Pero las aberraciones de la ley y la forma encuentran allí su grado máximo”

(Vossler, The poetry of the divine comedy. 1929)

Como en un laberinto.

Si ya visitaste esta encrucijada,
fijate que caminos tenés a disposición,
restale las direcciones que ya marcaste ahí
si hay al menos un camino que no recorriste,
elegí uno al azar,
dejá una marca en esa dirección,
y caminalo.
Repetir.
Si no,
si hay al menos un camino sin explorar desde la encrucijada,
dejá una marca en esa dirección
y caminalo.
Repetir.
si no, si el camino de regreso a la encrucijada anterior está disponible
entonces volvé
si no te perdiste.

A pesar de ser tan práctico y popular, la utilidad del algoritmo de Tremaux se ve muy disminuida cuando el laberinto tiene trechos que solo pueden recorrerse en una dirección (una puerta que solo se abre de un lado, una calle de una mano, la trampilla que conduce a un oubliette, etc.). Reconozcamosle, sin embargo, que nada le quita el mérito de ser uno de los pocos algoritmos de resolución que pueden ser usados por un ser humano real dentro del laberinto (léase: no mirándolo cómodamente desde arriba).

En una situación semejante también se puede vagabundear eligiendo una dirección al azar en cada encrucijada. Desgraciadamente se trata de una regla muy poco eficiente, pero tiene la ventaja de no requerir ningún esfuerzo de memoria, ni uso de marcadores, ni apego a un algoritmo muy complicado, razones que la han convertido en una heurística muy popular entre ebrios, curiosos, y víctimas aterrorizadas. Incluso así, da mejores resultados tocar la pared izquierda con la mano izquierda y caminar; a menos, claro, que la salida del laberinto esté ubicada en una isla – una región desconectada del perímetro.

Pasa que todos estos métodos y estas reflexiones dependen de ciertos presupuestos más o menos arbitrarios.

Por ejemplo, que el laberinto tiene una salida.

Y que se quedará quieto.

Tráfico

Publicado en política el Julio 7, 2009 por Esteban S

3 de julio del 2009. 12:05
Santiago del Estero.
Av. Belgrano y Rivadavia,

En el momento en que corto una llamada con mi hermano entra a la estación de servicio una mujer vestida de monja. Tiene un aire nervioso; habla con la empleada en la caja y hace tiempo mirando las pocas góndolas del autoservici0. Minutos después entra una mujer criolla con una densa empalizada de maquillaje en la cara y vestida con los emblemas de la prostitución, acompañada de una chica negra que la sigue con los ojos bajos. Ambas se paran a unos metros de la caja, e inicialmente guardan distancia de la mujer vestida de monja, quien poco después se les aproxima y le dice algo a la criolla.

Durante los siguientes minutos la vestida de monja habla con la empleada de caja para después informar de algo a la criolla. En un momento la chica habla; lo hace con cierta inseguridad, y por lo que puedo escuchar mientras aparento esperar a alguien, no en castellano. Las otras la miran fríamente.

Después se dirigen a una camioneta doble cabina Isuzu con una lona sobre la caja estacionada en la playa. La vestida de monja al asiento de conductor, la criolla al de acompañante y la chica negra en la parte de atrás. Se retiran por la avenida Belgrano.

Pierrot le fou

Publicado en antropología, estudios el Julio 6, 2009 por Esteban S

Ser mimo es cumplir un rol; ser Pierrot es actuar un personaje.

Actuar un personaje tiene, por cierto, un sentido muy muy distinto al de “ser un personaje”. En un caso se refiere a alguien dotado de algún atributo que le da un halo de excentricidad, mientras que en el otro se trata de una máscara dentro de los límites de un escenario.

Se trata, en definitiva, de casos especiales de roles: 1. el personaje como rol personalizado, y 2. el personaje como rol circunscrito a un contexto particularmente aislado. Esta distinción, aunque arraigada en el sentido común, es bastante artificiosa, y es por eso que emplear el concepto de rol para descomponerla puede resultar provechoso.

Nadel ya había previsto el origen idiosincrático de algunos roles. Es sobre este sentido de “ser un personaje” que el recientemente fallecido Castilla del Pino hablaba de un pacto de excepcionalidad entre una persona y el grupo, que inviste a la primera de una hiperidentidad. Pero la actuación del personaje, como advertía el psiquiatra español, opera necesariamente dentro de límites socialmente establecidos. Esto pone en evidencia la artificialidad de la distinción que mencioné.

Sería posible considerar a los límites escénicos como elementos del rol; de seguir esta idea, el rol presentaría esta estructura:

ρ = (Acciones, Atributos, Condiciones de contexto, ≤)

Pero creo que es mejor pensarlos como un marco extrínseco que incluye – sin identificarse con – el concepto de institución. Este último, continente de roles y juegos, es ineludible pero insuficiente cuando se intenta trazar el inventario completo de situaciones de interacción estratégica que pueden surgir en un universo determinado.

El problema que le impone la existencia del personaje a una teoría del rol, entonces, es el de como conceptualizar las condiciones de contexto sin caer simplemente en la mera elaboración de rótulos. Nombres abundan. Por dar solo dos ejemplos, en diseño de juegos a esto se lo llama círculo mágico, y en narratología espacio diegético. Lo que debería ocuparnos a quienes creemos que el rol es pertinente a una teoría social es dar con una definición clara que permita formular todo marco posible en el que los roles sean puestos en acción.

Son posibles muchísimas formas de abordar ese problema. Pero para hacerlo de manera satisfactoría es imprescindible no excluir a los dominios locales de la ficción del alcance de la teoría. Este imperativo, quizás haga falta aclararlo, no debe confundirse de ninguna manera con la declamación estéril que afirma que “nada existe por fuera del texto”.

Hay verdades, y esas verdades son inseparables de los procedimientos que las establecen. La ciencia es uno de ellos.