Grafos y accidentes

Agosto 27, 2009

Adonde morimos hoy

Archivado en: antropología, estudios, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 5:00 pm

Es muy difícil conseguir datos fiables sobre accidentes de tránsito en la Argentina.

La aparentemente simple pregunta de cuantas víctimas se llevan por año, por ejemplo, debería poder ser respuesta con datos del ReNAT, pero resulta que a. los policías no siempre envian la planilla completa con los datos del siniestro, y b. la publicación de los datos no parece ser prioritaria para la administración del registro – al menos eso es lo que se puede inferir al ver que los datos más recientes en su sitio sean del 2007.

Si solamente saber cuantos mueren en las rutas presenta complicaciones, es de imaginar que la pregunta por las circunstancias en las que se dan los accidentes será mucho más difícil de contestar. Por eso me esperancé cuando vi que La Nación publicaba hoy los resultados de un estudio privado sobre estos temas. Por desgracia el optimismo no duró mucho.

Algunas observaciones sobre el artículo:

  1. No se presenta ningún dato; es más, no solo no se dice una palabra sobre la metodología, sino que ni siquiera se presenta el tamaño de la muestra. Al consultar el sitio del CESVI uno concluye que no se trató de un gesto de condescendencia intelectual por parte del periodista, sino de una omisión del CESVI mismo que encuentro muy difícil de justificar.
  2. Hay buenas razones para suponer que la muestra está muy sesgada: la fuente es el Sistema Integrado Sofía, que integra la información aportada voluntariamente por 23 aseguradoras. Los accidentes en los que participan autos no registrados quedan fuera.
  3. La nota pone énfasis en que la ruta 9 concentra el 11% de los accidentes graves; ¿como saber cuan significativo es eso sin cruzarlos con el caudal vehicular de las rutas? La relación cantidad de vehículos sobre tiempo es un indicador básico para cualquier investigación de ingeniería de tráfico, pero está ausente tanto en el artículo periodístico como en las “estadísticas” proporcionadas por CESVI.
  4. El análisis del periodista de La Nación no nos ahorra los lugares comunes que achacan los accidentes exclusivamente a los conductores – al factor humano, como suele decirse. A partir de los resultados de que el 82 % de los choques se dieron sobre pavimento seco, el 68 % sobre tramos rectos, y el 64 % de día, Afirma de manera un poquito taxativa que Solamente el exceso de velocidad, la imprudencia y la impunidad pueden explicar choques en esas condiciones. Teniendo en cuenta que el mismo estudio afirma que el 48 % de los choques fueron frontales, y que estos son extremadamente raros en una autopista, uno se pregunta porque se suele desestimar tanto a los factores infraestructurales.

En fin, me gustaría ver el día en que no muramos en las rutas, pero al parecer tenemos mucho que esperar solo para saber como lo hacemos.

Agosto 25, 2009

Después del protagonismo universal

Archivado en: estudios — Esteban S @ 8:02 pm

Leyendo unas conferencias de Alain Badiou en Brasil:

“El obstáculo a la energía cómica contemporánea es el rechazo consensual de la tipificación. La “democracia” consensual tiene horror a cualquier tipificación de las categorías que la componen. (…) El deber del teatro es recomponer situaciones vivas, articuladas a partir de algunos tipos esenciales. El teatro debe proponerle a nuestro tiempo el equivalente de los esclavos y domésticos de la comedia: personas excluidas e invisibles que de pronto, como efecto de la idea-teatro, en el escenario se convierten en la inteligencia y la fuerza, el deseo y el dominio.”

Discrepo en una sola cosa. Los y las esclavas no necesitan otro equivalente contemporáneo que sí mismas. Por lo demás, es muy cierto que reconocer roles subordinados es crucial para la comedia. Y, además de correcta, es brillante una segunda observación hecha en el mismo párrafo: que actualmente hay mucha resistencia a reconocer a la tipificación.

¿Hay un público dispuesto a pensar la idea-teatro que atisba Badiou?

Un burgués o un señor puede subestimar la importancia de los roles con cierta impunidad. Se lo permite la confianza en atributos que concibe propios e indisociables de sí y una idea de libertad basada en sus acciones. No así una esclava sexual, una madre refugiada o un convicto; ellos y ellas se ven forzadas a aceptar la exterioridad y el carácter coercitivo de los roles que cumplen.

En otros lugares y momentos la prerrogativa de la autoinvención era patrimonio de una minoría: nobles, artistas y cortesanos de distinto tipo. Los dandies fueron quizás los contrabandistas más conspicuos de ese afán de reinvención – y de la fantasía de protagonismo que traía. Hoy, sin embargo, es poco menos que una responsabilidad más a cumplir graciosamente. ¿Quien queda, entonces, para asumir la subordinación sin que lo obliguen, y desatar esa, eh,  “energía cómica”?

Sería una lástima que la respuesta a esa pregunta quede sola en el teatro.

Agosto 20, 2009

Una apuesta metodológica

Archivado en: antropología, investigación, técnica — Esteban S @ 10:07 pm

Los/as antropólogos/as casi nunca nos limitamos a analizar el funcionamiento de una sola institución. El holismo cultural, el supuesto de la comunidad analíticamente aislable, la exigencia de llegar al punto de vista del nativo, el hecho social total, y unos cuantos demonios más han querido que la construcción de nuestros objetos de investigación se centre más frecuentemente en unidades mayores, integradas por múltiples instituciones, cuyas relaciones son de por sí cambiantes. Los conceptos que usamos para referirnos a dichos vínculos son por lo tanto herramientas muy apreciadas, y las innovaciones en este campo serán bienvenidas por todos salvo quizás los más complacientes de nuestros colegas.

A partir de algunos ejercicios teóricos fui elaborando la idea de una contribución en esa dirección; en particular, la de plantear la posibilidad de tomar como unidad de análisis a situaciones de concurrencia de procesos sociales, entendiendo como tal la ejecución simultánea de procesos interactivos entre sí.

No quiero fastidiar con reseñas históricas, pero dado que el concepto al que me refiero proviene de un campo al que las ciencias sociales no suelen apelar vale la pena dedicarle unas líneas a su origen.

Una gran parte del trabajo de un programador consiste en encontrar y eliminar bugs corrigiendo el código fuente. La presencia de estos errores en un navegador de Internet para usuarios domésticos no representa un problema tan grande, pero en sistemas críticos pueden derrumbar un avión, provocar un derrame de refrigerante industrial, paralizar el tráfico de una ciudad durante horas o exponer a pacientes de tratamiento médico a dosis letales de radiación, así que la gente de ciencias de la computación se ha dedicado a crear técnicas para detectarlos. Los bugs por concurrencia se encuentran entre los más difíciles de corregir, y su erradicación motivó el desarrollo de técnicas bastante sofisticadas, que no se aplican directamente sobre el código fuente sino sobre un modelo matemáticamente riguroso que permita su verificación. La especificación de estos modelos se hace desde marcos bastante heterogéneos: cálculo de procesos, lógicas temporales, redes de Petri y sistemas de transiciones, etc. Pero más allá de los detalles de las notaciones empleadas, los problemas planteados por la concurrencia se hacen sentir en campos ajenos a los de computer scientists e ingenieros.

Desde las aproximaciones basadas en sistemas de transiciones la concurrencia aparece representada por tres operadores: 1. paralelismo; es sumamente inespecífico, en tanto puede ser utilizado para denotar procesos completamente aislados entre sí como casos en los que se da alguna clase de comunicación entre ellos; 2. el entrelazado (interleaving) se refiere a situaciones que se resuelven a través de una elección no determinista entre actividades de procesos ejecutados simultáneamente; surge de los condicionamientos impuestos por el hardware en computadoras con un solo procesador, pero creo que puede ser de mucha utilidad – por ejemplo, puede ser utilizado para representar el uso de una misma variable por parte de dos procesos distintos; y 3. handshaking (que traduciré apelando a la antonomasia como concurrencia a secas) designa una interacción sincronizada entre procesos concurrentes. En otras palabras, los procesos interactúan de esta manera cuando ambos participan en la interacción al mismo tiempo – como si se dieran la mano. Se define así un conjunto C de acciones concurrentes que contiene todos los elementos que cumplen la siguiente regla:

pedrolino_handshaking

Dado que el tercer operador de concurrencia exige que los conjuntos de acciones correspondientes a cada proceso hayan sido definidos previamente, cualquier implementación de este concepto requiere cierto grado de especificación formal. Una exigencia muy saludable.

Creo que hay muchísimos problemas de las ciencias sociales que pueden ser formulados – y resueltos – a partir de estos conceptos. En antropología y sociología rural, por ejemplo, seguimos empleando tipologías para definir campesinado y agricultura familiar. Si bien fueron muy útiles en cierto momento de estas disciplinas, sus limitaciones se hicieron sentir hace rato, y la posibilidad de pensar a ambos conceptos como referidos a situaciones de concurrencia entre distintas instituciones (grupo doméstico, explotación, familia, mercados de insumos, mercados de tierras, etc.) permitiría generar nuevas preguntas y nuevas respuestas.

¿Que tan viable será metodológicamente todo esto? No sé, pero puedo prever algunos problemas que habría que solucionar durante su aplicación:

  1. El problema de determinar las condiciones de frontera. Una manera de solucionarlo es tomar un proceso de referencia y a partir de él tomar solamente a los que estén en concurrencia directa, o a un número determinado de grados de distancia. La vecindad de un proceso puede ser muy amplia – como suele suceder con la institución persona, así que usar una distancia superior a uno puede ser metodológicamente arriesgado – al menos hasta que no desarrolle las herramientas adecuadas.
  2. El problema de la validez local de los modelos subyacentes a cada proceso. El carácter modular que podrían cobrar las investigaciones basadas en situaciones de concurrencia podría alentar a la búsqueda de definiciones de validez universal que permitan crear algo semejante a las bibliotecas de los programadores. Sería necesario, sin embargo, lidiar con algunos problemas muy serios sobre la misma posibilidad de dar definiciones universales de instituciones.
  3. El problema del no-determinismo emergente de sistemas concurrentes. No me desvela, a decir verdad. Lo que me lleva a buscar estas herramientas no es la predicción sino la posibilidad de llegar a explicaciones causales y a descripciones un poco más precisas.
  4. El problema de las dificultades metodológicas intrínsecas a un redefinición del objeto. Esto no tiene arreglo. Implementar una técnica nueva en un campo disciplinar siempre conlleva un riesgo. No solo su uso puede plantear dificultades imprevistas, sino que además la comunidad científica puede decidir no reconocer sus resultados – especialmente si se aleja demasiado de cierto consenso disciplinar.

Vistas así las cosas, es una apuesta.

A jugarla.

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Notas: En la regla de handshaking e1 y e2 son estados, →1 y →2 son acciones, ^ es el operador lógico conjuntivo y la barra denota una relación de premisa (arriba) y conclusión (abajo). Las referencias consultadas son Principles of model checking de Bauer y Katoen (2008), y Concurrency theory, de Bowman y Gómez (2005).

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