Grafos y accidentes

Septiembre 11, 2009

Lucrecia

Archivado en: el gremio, gente — Esteban S @ 6:15 pm

Ah, Lucrecia. A pesar de su tan hermoseado nombre debe haber sido la persona más deliberadamente vulgar y chabacana que conocí.

Aunque era bastante feúcha, tenía un ingenio y una agilidad dialéctica que le robaban protagonismo a chicas menos espabiladas. Esos mismos encantos también le daban facilidad para la crueldad y la deshonestidad, pero la mayor parte del tiempo se limitaba a ejercitar la burla. Y que bien le salía. Casi todas nuestras conversaciones terminaban cayendo en una animada esgrima de sarcasmos, doble sentidos e ironías. Otras veces era más básica. Como cuando murmuró “gringo puto” por haberme negado a una invitación de tomar helado. Invitación que se suponía que tenía que hacer yo, claro.

Parece que aquella palabra estaba bastante cargada de sentido para ella, porque unos meses después, relatando un por entonces reciente viaje a Bolivia, nos contó la sorpresa que le provocó que la llamaran gringa allá. Por alguna razón le resultaba difícil digerir que para un aymará sus colores y rasgos mediterráneos la pusieran a la par de una turista estadounidense o de un sojero salteño.

Haciendo memoria, creo que una de las primeras cosas que me llamó la atención de ella – aparte de los ojazos escondidos bajo anteojos y un flequillo crecido – fue su ropa. Era muy fea. Contra un decorado de estudiantes que dedicaban mucho tiempo (y sumas de dinero) para pegar un look bohemio, Lucrecia resaltaba por ser genuinamente pobre. No era lo único que la distinguía del resto. Ese trato con los proletarios y los desarrapados del mundo que los/as estudiantes de humanidades tanto y tan infructuosamente persiguen le era natural a ella.

Poco después de su viaje Lucrecia dejó antropología para inscribirse a la tecnicatura de construcción y llegar a ser maestra mayor de obra. La noticia me dejó sensaciones contradictorias. Por un lado, algo parecido a la admiración por decidirlo tan resueltamente. Por otro, la sensación de haber sido rechazado como parte de algo mayor en lo que participaba – o trataba de hacerlo.

Después – después – empecé a hacerme algunas de las preguntas que abría la situación. Preguntas acerca de como la formación en antropología se había vuelto contemplativa al punto de que nadie con temperamento pragmático o con alguna urgencia por trabajar la practicaría. Acerca de que podría hacerse cambiarse esa situación. Y acerca de cuanto la iba a extrañar habiéndola conocido tan poco.

Septiembre 7, 2009

Una apuesta metodológica (2)

Archivado en: antropología, técnica — Esteban S @ 12:12 pm

1. Lograr que Mariano la invitara al teatro le había tomado a Juliana una semana de sutiles reproches a su falta de iniciativa. Aunque verdaderamente quería ver la obra, lo que más placer le dio fue que él creyera estar actuando por sí mismo al llevarla.

Su alegría se esfumó cuando vio en la antesala a Alejandro, y fue reemplazada por un remolino de incomodidad, miedo y ganas. Por suerte la multitud era lo suficientemente grande y compacta como para evitar que Mariano se lo encontrara.

Aunque la atracción de Juliana por Alejandro tuvo sus fugitivas concreciones, él siempre fue elusivo. Por el brevísimo vistazo que pudo pegarle, mantenía el gesto entre desdeñoso y melancólico de siempre, pero transfigurado por una prolijidad inusual en él.

Diez minutos después todos entraron para tomar sus asientos.

A Juliana le resultaba increíblemente difícil concentrarse en la obra. Trató de distraerse criticando la escenografía, la iluminación y las insuficiencias de la compañía.

Las miradas son escasas y valiosas; nadie que se respete, pensó Juliana, las da sin alguna expectativa de reciprocidad – menos todavía corriendo el riesgo de que la pesque su pareja. Y sin embargo sus ojos se desviaban intermitentemente en su dirección.

Antes de que pudiera seguir reprochándoselo, sostuvo la mirada de Alejandro durante dos segundos.

Eso bastó.

2. En uno de esos momentos que hacen que valga la pena tener un blog, Sergue vió mi apuesta. Me corresponde ahora dar un ejemplo del concepto concurrencia del que hablé.

3. Un sistema de transiciones es un múltiple (E, Acc, →, I, P, M), siendo E : un conjunto de estados, Acc : un conjunto de acciones, → : una relación de transición entre un estado y otro mediada por una acción, I : un conjunto de estados iniciales (siendo I subconjunto de E) P : un conjunto de proposiciones, y M : una función de marbeteo que establece si una proposición determinada de P es verdadera o falsa en para cada uno de los estados en E (formalmente E → 2P).

4. Concentrados por un momento en las miradas a exclusión de todo lo demás, pensemos a Juliana, Alejandro y Mariano como tres procesos para después ver como se integran mediante relaciones de concurrencia.

Juliana

Definidas las variables de esta manera, tendríamos que:

EJuliana = ( 1, 2, …, 12 )

EAlejandro = ( 1, 2, … 8 )

EMariano = ( 1, 2, … 12 )

AccJuliana = (J mira a A, J mira a M, J mira al escenario, J y A se miran)

AccAlejandro = (A mira a J, A mira al escenario, J y A se miran)

AccMariano = (M mira a J, M mira al escenario, M mira al público)

I = (E1)

J y A se miran está en la intersección del conjunto de acciones de Juliana y Alejandro – y solo puede darse de manera simultánea entre ambos. Se cumple entonces la regla que expuse en el post anterior. Todas las acciones de Mariano, en cambio, están definidas de manera asíncrona con respecto a las de Juliana y Alejandro. La situación puede describirse en los siguientes términos:

C = AccJuliana ∩ AccAlejandro

Mariano || (Juliana ||C Alejandro)

siendo || un operador de paralelismo conmutativo y asociativo que da como resultado un proceso mayor que genera todos los posibles entrecruzamientos de los itinerarios de ejecución de los procesos constitutivos; y ||C un operador de concurrencia síncrono llamado handshaking o interacción por acciones compartidas.

5. ¿De qué interés antropológico puede ser todo esto? El uso que proyecto darle es el de encuadrar teóricamente a la acción social dentro de situaciones de concurrencia entre instituciones. Hasta ahora solo ensayé una aplicación con un intento de definir a la agricultura familiar como situación semejante – quizás continúe con el campesinado. Quien sabe. En todo caso, para darle una mayor practicidad metodológica será necesario buscar maneras más eficientes de especificación formal que los sistemas de transiciones.

6. Se me dirá que el ejemplo es desafortunado, que le hace una violencia a la complejidad de las relaciones humanas. Pero creo que en la seducción no es raro que actuemos de manera tan simple.

Septiembre 3, 2009

Frente al factor humano

Archivado en: antropología, antropología y empresa, libros, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 3:06 pm

Hace unos días terminé El factor humano de Christophe Dejours. A pesar de todas las referencias a psicólogos, sociólogos y antropólogos, es un libro dirigido a diseñadores, administradores, ingenieros y técnicos con el objetivo declarado de acercar herramientas de las ciencias sociales a la industria. No es ninguna novedad editorial, pero los libros de este tipo no abundan y me pareció que merecía una oportunidad.

Dejours presenta algunas ideas muy atendibles, como por ejemplo que la situación inmediata de trabajo no debe ser el único marco para evaluar e intervenir en cuestiones de higiene y seguridad. Desgraciadamente, la falta de referencia a problemas y casos concretos de disciplinas directamente relacionadas con la problemática termina por obstaculizar la buena recepción de la obra.

El libro también falla en otros aspectos. Cuando se plantean de manera antitética al factor humano como falla por un lado y como recurso por el otro, uno queda con la sospecha de que el autor no le ha dedicado la suficiente importancia al hecho de que la ingeniería y los RRHH se plantean problemas muy distintos.

Sin embargo, las objeciones levantadas contra la concepción de factor humano como falla no carecen de fundamento. Los estudios de factores humanos no solo incurren permanentemente en simplificaciones y presupuestos sobre el comportamiento humano que cualquier científico social encontraría injustificables, sino que además se encuentran centrados en los aspectos materiales de los sistemas técnicos. Sin ir más lejos, me consta que el concepto de error humano tal como es utilizado en ciertos ámbitos es construido sustractivamente a partir de la ausencia de fallas mecánicas [x].

Aceptando esto como válido, terminaríamos pensado que si la distracción momentánea de un operario le cuesta perder dos dedos se debe a un error humano (el suyo) y punto. No habría lugar para ninguna consideración acerca de las responsabilidades anteriores a la situación de trabajo. Ni para repensar la situación de trabajo de manera que un “accidente” semejante requiera algo más que solo unos segundos de desconcentración.

Cualquier intervención valiosa de las ciencias sociales a la industria incomodará a alguien. Avanzamos haciendo preguntas inesperadas, molestas y aparentemente estúpidas, porque para hacer bien nuestro trabajo tenemos que desmontar los conceptos ya establecidos como error y factor humano; no como objetivo, no para regodearnos en el cuestionamiento de lo dado, sino como un paso en la redefinición y resolución de problemas.

A pesar de los obstáculos que mencioné, el libro de Dejours permite acercar a ingenieros, técnicos y administradores este procedimiento.

No es poco.

[x] La ecuación – tomada de S. Dekker (2005) – es:

error humano = f (1 – falla mecánica)

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