Grafos y accidentes

Noviembre 27, 2009

La pregunta por la ontología (I) / Modelado por antiobjetos

Archivado en: filosofía, técnica — Esteban S @ 1:32 pm

Cierto artículo que leí hace poco me dio ganas de seguir con el problema de la ontología de lo social que mencioné hace unas semanas.

En él, Alexander Repenning, quien se dedica a la psicología y la pedagogía de la programación, presenta su idea de los antiobjetos junto a una aplicación llamada difusión colaborativa. Esta última es implementada en la inteligencia artificial de juegos sencillos; entre ellos, uno de fútbol. Frente al desafío de crear un juego sobre este deporte, los chicos con los que trabaja Repenning intuitivamente se enfocan en los jugadores, planteándose el problema de darles una inteligencia artificial convincente. La pregunta que inaugura a los antiobjetos es la siguiente: ¿y si ese resultado pudiera conseguirse de manera más eficiente apelando a factores externos a los jugadores, y sin correlatos observables, casi enteramente ficticios?

Que la pelota o el campo sean los depositarios de las principales actividades que guían al juego es absurdo. Y sin embargo, Repenning logró armar desde esas premisas una representación verosímil de un partido de fútbol: los jugadores se la pasan a quien está menos cubierto, tiran directo al arco cuando todos los de su equipo están marcados, etc.

Esta inversión contraintuitiva entre lo que está en primer y segundo plano es lo que Repenning llama un antiobjeto.

La idea abre algunas cuestiones filosóficas y metodológicas interesantes, que el autor intenta cerrar afirmando que cualquier extrapolación a fenómenos empíricos es improcedente:

“(u)na limitación intrínseca de este marco es que se aplica solamente al mundo de lo artificial, donde la computación es empleada a discreción del desarrollador y puede ser puesta en cualquier lado. No hay equivalente en el mundo real. Los campos de fútbol y el aire que rodea a los pájaros no participan en ningún tipo de computación que nos sea accesible”. (Traducción mía).

¿Qué tan válida es esta objeción?

Noviembre 18, 2009

¿Son los choques automovilísticos accidentes?

Archivado en: epidemiología, estudios, política, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 11:07 pm

Accidentes. Así llamamos a eventos que van desde los desastres domésticos hasta las catástrofes ambientales. El accidente es abstracto y concreto al mismo tiempo; la variedad de sus manifestaciones no ha desgastado su fuerza evocativa. ¿Qué es lo primero en lo que pensamos cuando escuchamos la palabra? Quizás en derrames de petróleo en alta mar, o en nenes y pavas de agua hirviendo, o, más probablemente, en carrocerías destrozadas sobre la ruta. La colisión automovilística se ha convertido en el paradigma del accidente. Resultaría entonces sorprendente que los expertos dejaran de considerarlo como tal, ¿no?.

El último número de la revista Main focus de la ISO está dedicado a la promoción del estándar ISO 39001, de gestión de la seguridad vial que actualmente está en estado preliminar. Aunque los contenidos no dan grandes precisiones acerca de como será, cuentan con un par de puntos de interés: la referencia recurrente a la experiencia sueca del proyecto Vision Zero, y la entrevista a Mark Rosenberg, médico y director del Global Road Safety Forum, quien hace algunas declaraciones bastante interesantes. En ella, dice que…

“Nuestra mayor amenaza en seguridad vial no viene de gente que maneja demasiado rápido, ni de gente que maneja borracha, ni de peatones imprudentes. Nuestra mayor amenaza viene del fatalismo, del sentido de que nada puede ser hecho para prevenir las muertes y lesiones por tráfico, del sentido de que estas son una parte de la vida que inevitablemente incrementará al motorizarse más y más un país.”

…algo a lo que le pondría mi firma sin dudarlo un instante, pero continuando de la siguiente manera:

“Por esa razón, tratamos de nunca usar la palabra “accidente” porque accidente implica que una muerte o una lesión es completamente impredecible, y si no es predecible entonces no es prevenible; entonces para que tratar de prevenir esas lesiones y muertes?
Creemos que las muertes por tráfico automovilístico son tanto predecibles como prevenibles. Por esta razón, no deberíamos llamarlas más accidentes”.

En los ámbitos especializados esta idea ya se encuentra muy difundida, y generalmente es sostenida con argumentos parecidos.

Pero a pesar de que desalienta el fatalismo (al cual coincido en considerar el más gran obstáculo a cualquier medida decisiva de seguridad vial), me parece que la validez de las premisas (y por lo tanto de su conclusión es cuestionable.

Dudo mucho que un accidente pueda ser predecido en el sentido fuerte de la palabra. Puede, en cambio, estipularse la probabilidad de su ocurrencia, y también evaluarse la incidencia de distintos factores sobre dicha medida. En suma, puede ser prevenido.

De todas maneras, hay una buena razón para no llamar accidentes a los choques fuera de los contextos técnicos. Al asumir que los accidentes son inevitables, Rosenberg no toma el concepto que derivaron de la palabra la ingeniería y la investigación forenses, sino el sentido que cobra pragmáticamente cuando alguien dice “fue un accidente”. Odiosa expresión, aunque a veces necesaria. La primera (y a veces única) interpretación será que quien profiere esa frase está tratando de excusarse a sí mismo o a alguien más de una negligencia apelando a algún azar reificado. En esos casos, que el evento descrito como accidente se ajuste a una definición técnica se vuelve socialmente irrelevante.

Consideraciones pragmáticas aparte, es posible que exista también una razón técnica que haga que Rosenberg y tantos otros expertos hayan tomado esta decisión. Tengamos en cuenta que la investigación de accidentes se encuentra tan generalizada en ámbitos industriales (incluyendo las operaciones de transporte), y que este experto aboga por un traspaso de las responsabilidades de seguridad vial de los ministerios de industria (o de planificación federal, inversión pública y servicios, como es nuestro caso) a los ministerios de salud. El Global Road Safety Forum ha llamado a la crisis global de seguridad vial una epidemia. Y no se trata de un caso aislado. Desde hace algún tiempo, la epidemiología avanza a paso sostenido sobre problemas de higiene y seguridad que eran tratados de manera muy distinta con anterioridad, al punto que se ha propuesto en Inglaterra utilizar abordajes epidemiológicos a un campo tan tradicional (y con una historia tan vasta) como la accidentología ferroviaria británica.

Espero que llegue el día en que estas discrepancias metodológicas sean relevantes en la Argentina. A diferencia de Uruguay (país al que algunos de nuestros imbéciles tratan como si fuera una provincia argentina), donde debates como estos tienen consecuencias en la gestión pública, en nuestro país falta la voluntad política más elemental para siquiera plantear estos problemas. Acá no hay disenso posible sobre las herramientas porque ni siquiera nos mostramos interesados en detener las muertes. Y ese es el peor fatalismo que existe.

Noviembre 8, 2009

Lévi-Strauss: de obituarios y ontologías

Archivado en: antropología, ciencia, estudios, gente — Esteban S @ 5:10 pm

La muerte de Lévi-Strauss dejó un reguero de obituarios de muy distinta calidad. No es ninguna sorpresa que cada una ponga en evidencia al autor tanto en su familiaridad con la obra del homenajeado como en sus intereses particulares. Así es como cierta sociología vernácula se limitó a mencionar a un libro bello pero periférico a su bibliografía. En contraste, los representantes de algunas de las corrientes científicas más vitales han reivindicado aspectos más sustantivos de su obra.

El obituario que le dedicó Maurice Bloch es un buen ejemplo de esto. A tono con el arrollador avance de las ciencias cognitivas, el autor marca algunas afinidades entre el programa de Lévi-Strauss y aquel de las aproximaciones naturalistas al conocimiento humano. Pero, aunque efectivamente existen puntos de contacto entre estos, hay también diferencias nada menores. El cuadro puede complicarse más aún si contemplamos otro frente con el que también tuvo afinidades electivas la obra de Lévi Strauss: el psicoanálisis.

Pero vayamos por partes.

Saludando a su antiguo maestro en su centésimo aniversario, Sperber llamó a Lévi-Strauss pionero de una verdadera “antropología cognitiva” [x] y del naturalismo en la disciplina. En su necrológica, Bloch va aún más lejos:

“La base de la antropología estructural de Lévi-Strauss es la idea de que el cerebro humano procesa sistemáticamente unidades de información organizadas, es decir estructuradas, que se combinan y recombinan para crear modelos que a veces explican el mundo en el que vivimos, a veces sugieren alternativas imaginarias, y a veces dan herramientas sobre como operar sobre él”.

Todo esto suena muy bien para los que tenemos curiosidad por el prospecto de una antropología naturalista, ¿pero que tan legítimo es enrolar a Lévi-Strauss para esta campaña?

Una de las influencias teóricas decisivas del estructuralismo fue la teoría social de Durkheim, cuyos planteos ontológicos siguen siendo los de una gran parte de las ciencias sociales. Su punto de partida es que las representaciones colectivas surgen de las individuales, y adquieren a partir de su emergencia cierta autonomía causal. Esto es exactamente lo que Sperber llama a abandonar con su epidemiología de las representaciones -, y algo que está también bastante alejado a lo que Bloch tiene en mente.

Por otro lado, Gregory Downey ofrece en Neuroanthropology un interesante contraste entre los supuestos del estructuralismo y los resultados de las neurociencias contemporáneas:

“el análisis estructuralista asume que, debajo de la complejidad superficial en mito, ritual, e incluso en el pensamiento consciente, debe haber una matriz generativa más simple. Cada vez más, las neurociencias nos llevan a la conclusión opuesta, que el pensamiento consciente y la expresión patente son la delgada superficie de procesos mucho más complejos”.

La discrepancia entre los neuroantropólogos y los estructuralistas, entonces, es de carácter ontológico. Los primeros definen su ontología apelando a procesos cerebrales; los segundos refiriéndose a lo social como un órden de organización emergente. Pero desde dicho órden ¿cual es el agente?

Uno de los planteos estructuralistas más citados por los filósofos (y críticos literarios y demás) es el desplazamiento del sujeto. Lo que pasó a ocupar su lugar en la obra de Lévi-Strauss fue el inconsciente, definido como órgano de la función simbólica, por la cual los elementos culturales son constantemente recombinados. Creo que no deberíamos dejarnos engañar por la aparente filiación psicoanalítica de este inconsciente. Lévi-Strauss no se lo atribuye a un individuo en el que coexistan un ello, un yo y un superyo, sino que lo plantea como algo inmanente, sin intermediarios individuales o colectivos, a la especie humana.

El hecho de que el estructuralismo haya propuesto como único agente del cambio cultural a algo tan abstracto fue uno de los motivos por los que tuve y tengo reparos a asumirlo como marco metodológico para una investigación. También es un punto de conflicto bastante claro con respecto al naturalismo que actualmente está ganando terreno en las ciencias sociales.

No escribo esto como ejercicio de estilo ni para hacer propaganda de algún programa en particular. Es ante todo un esfuerzo por comunicar en medio de que tensiones se encuentra actualmente la obra de Lévi-Strauss, y, por qué no, de intentar resolverlas. El conflicto de fondo, como se verá, no es tanto teórico como filosófico: es la pregunta por la ontología – que todos pensabamos enterrada por su hermanita menor y más linda, la epistemología.

A ver como la contestamos.

Noviembre 3, 2009

Adiós Claude

Archivado en: antropología, el gremio, gente — Esteban S @ 5:23 pm

Junto al resto del mundo, acabo de enterarme que durante la madrugada del domingo primero de noviembre falleció a los cien años de edad Claude Lévi-Strauss.

Su obra no se presta sumisamente a ser calibrada para los innumerables obituarios que se publicarán hoy. Esta ha sido vastísima, incluyendo desde la etnografía hasta los sesudos ensayos teóricos, pasando por la literatura de viajes que decía aborrecer. Y ha presentado una complejidad que dio lugar a miles de críticas y adhesiones.

Siguiendo preocupaciones estrictamente antropológicas, Lévi-Strauss ejerció una influencia que excedió los límites de su disciplina. La difusión de su trabajo hizo que su nombre se convirtiera en sinónimo de estructuralismo, rótulo bajo el cual fue homologado a autores con quienes guardaba pocas semejanzas, como Foucault, Barthes y Lacan.

Si Lévi=Strauss merece un lugar privilegiado entre ellos – y en el panorama filosófico del siglo XX – no se debe solo a haber prefigurado las premisas fundamentales del estructuralismo como proyecto filosófico (disolución del sujeto, la diversidad de las obras humanas como expresión de una combinatoria de elementos, etc.), sino también por haberlas aplicado a problemas fundamentales, como son las estructuras del parentesco, el análisis de los mitos, y la teoría social.

Su proyecto intelectual contó con un aspecto de crítica de la razón que le confería un corte netamente moderno. En consecuencia, fue estimado vetusto por un post-estructuralismo que prefirió abandonar cualquier trabajo sustantivo por la crítica de la crítica. Sumándose a las reverberaciones del postmodernismo, la popularidad de las corrientes interpretativistas han vuelto una tarea bastante árdua determinar cuales son los límites del legado de Lévi-Strauss tanto dentro [1] como fuera de su propia disciplina. Me arriesgo a resumirlo en estos términos: la ambición de llegar a universales, y algunas herramientas con las cuales perseguirla. Sobre lo legítimo de la primera, y lo adecuado de las segundas hubo, hay y habrán fuertes discrepancias.

Se dice que la antropología es inclemente con sus heroes. Si esto es verdad, el caso de Lévi-Strauss sería sin duda uno de los mejores ejemplos. Las críticas fueron ubicuas, y de muy variada calidad.

Pero más allá de sus éxitos y sus fracasos, nos queda un hombre que intentó encontrar lo que subyacía a la enorme riqueza de las manifestaciones humanas. Una riqueza que estimaba, no sin razones ni tristeza, menguante.

Como tal, merece homenaje.

Adiós Claude.

[1] Postdata 5/11/09: Poco después de su centésimo cumpleaños escribí un punteo sobre lo que considero su legado en la antropología contemporánea; ver acá. Aprovecho para recomendarles el breve comentario de Cresto respecto a algunas de las necrológicas que se publicaron últimamente.

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