Grafos y accidentes

Noviembre 3, 2009

Adiós Claude

Archivado en: antropología, el gremio, gente — Esteban S @ 5:23 pm

Junto al resto del mundo, acabo de enterarme que durante la madrugada del domingo primero de noviembre falleció a los cien años de edad Claude Lévi-Strauss.

Su obra no se presta sumisamente a ser calibrada para los innumerables obituarios que se publicarán hoy. Esta ha sido vastísima, incluyendo desde la etnografía hasta los sesudos ensayos teóricos, pasando por la literatura de viajes que decía aborrecer. Y ha presentado una complejidad que dio lugar a miles de críticas y adhesiones.

Siguiendo preocupaciones estrictamente antropológicas, Lévi-Strauss ejerció una influencia que excedió los límites de su disciplina. La difusión de su trabajo hizo que su nombre se convirtiera en sinónimo de estructuralismo, rótulo bajo el cual fue homologado a autores con quienes guardaba pocas semejanzas, como Foucault, Barthes y Lacan.

Si Lévi=Strauss merece un lugar privilegiado entre ellos – y en el panorama filosófico del siglo XX – no se debe solo a haber prefigurado las premisas fundamentales del estructuralismo como proyecto filosófico (disolución del sujeto, la diversidad de las obras humanas como expresión de una combinatoria de elementos, etc.), sino también por haberlas aplicado a problemas fundamentales, como son las estructuras del parentesco, el análisis de los mitos, y la teoría social.

Su proyecto intelectual contó con un aspecto de crítica de la razón que le confería un corte netamente moderno. En consecuencia, fue estimado vetusto por un post-estructuralismo que prefirió abandonar cualquier trabajo sustantivo por la crítica de la crítica. Sumándose a las reverberaciones del postmodernismo, la popularidad de las corrientes interpretativistas han vuelto una tarea bastante árdua determinar cuales son los límites del legado de Lévi-Strauss tanto dentro [1] como fuera de su propia disciplina. Me arriesgo a resumirlo en estos términos: la ambición de llegar a universales, y algunas herramientas con las cuales perseguirla. Sobre lo legítimo de la primera, y lo adecuado de las segundas hubo, hay y habrán fuertes discrepancias.

Se dice que la antropología es inclemente con sus heroes. Si esto es verdad, el caso de Lévi-Strauss sería sin duda uno de los mejores ejemplos. Las críticas fueron ubicuas, y de muy variada calidad.

Pero más allá de sus éxitos y sus fracasos, nos queda un hombre que intentó encontrar lo que subyacía a la enorme riqueza de las manifestaciones humanas. Una riqueza que estimaba, no sin razones ni tristeza, menguante.

Como tal, merece homenaje.

Adiós Claude.

[1] Postdata 5/11/09: Poco después de su centésimo cumpleaños escribí un punteo sobre lo que considero su legado en la antropología contemporánea; ver acá. Aprovecho para recomendarles el breve comentario de Cresto respecto a algunas de las necrológicas que se publicaron últimamente.

Octubre 31, 2009

Tomando en serio al naturalismo

Archivado en: antropología, epidemiología, libros — Esteban S @ 10:44 pm

Acabo de terminar Explicar la cultura – Un enfoque naturalista de Dan Sperber, un antropólogo francés que en la Argentina generalmente apreciamos como desertor temprano del estructuralismo. Las críticas corrosivas a Lévi-Strauss, su antiguo maestro, tienen su lugar en este libro, y encuentran su marco en una insatisfacción más general sobre el estado de la disciplina.

Pero a diferencia de tantos ensayos donde crítica, denuncia y contribución al conocimiento se confunden, Sperber plantea una propuesta alternativa para la antropología. La suya parte desde premisas que serán sin duda muy provocativas para las ciencias sociales latinoamericanas, donde el naturalismo suele ser repudiado como una biologización ilegítima de lo humano.

Sperber empieza con una distinción ontológica entre las representaciones mentales (cuya base material es bien conocida por los científicos cognitivos) y las representaciones públicas (a las que la sociología tradicional le atribuye un status autónomo desde Durkheim). ¿Que pasaría – se pregunta – si considerásemos a las segundas como distribuciones de versiones divergentes de las primeras? Al centrarse en el problema – no menos teórico que metodológico – de la distribución de las representaciones sobre una población dada, Sperber le da voz a una cuestión fundamental que muchos antropólogos fuimos (de)formados para ignorar.

Pero dicho problema necesita más que una formulación. Necesita ser resuelto. Para eso se nos propone una epidemiología de las representaciones; el uso de los modelos que ha desarrollado esa ciencia tímida que solemos asociar exclusivamente a enfermedades, a pesar de tener aplicaciones muchísimo más amplias. Siendo la epidemiología una ciencia que carece de especificación ontológica, esta depende de la patología cuando su objeto son las enfermedades, y dependerá de las ciencias cognitivas cuando su objeto sean las representaciones colectivas.

A pesar de que algunos de sus planteos son extremadamente fecundos (como su definición de la institución como una distribución estructurada de representaciones), los capítulos posteriores se agotan en especulaciones tangenciales a la propuesta. En ellos Sperber diferencia distintos tipos de creencias, discurre sobre la racionalidad, aboga por una tesis de la modularidad de la mente, y evalúa las deficiencias de la memética y de los modelos de influencia de la psicología social. Aunque varios de dichos puntos tienen interés intrínseco, la relación de estos con el planteo general de una epidemiología de las representaciones no siempre queda clara. En otras palabras, los últimos capítulos quedan un poco desenfocados.

Fiel a sus premisas naturalistas, Sperber intenta hacer cirugía mayor con el bisturí de Occam. Un esfuerzo encomiable, pero con resultados irregulares. En cierto momento, por ejemplo, coloca en un mismo plano ontológico a narraciones, historias y cadenas causales en tanto “cualquiera de estos tres tipos es un objeto material”, afirmando de las últimas que “(u)na cadena que vincule esas cosas materiales específicas es también, por supuesto, una cosa material”. Concebir a algo relacionado con la causalidad, categoría metafísica si las hay, como “una cosa material” me parece altamente discutible, pero quizás sean cosas mías.

Sin embargo, los méritos del ensayo sobrepasan generosamente a sus deficiencias. Rescato en particular su preocupación por la ontología de lo social, su aguda crítica al estado actual de la antropología y su entusiasmo por el potencial de los modelos epidemiológicos. Y, a un nivel más fundamental, su compromiso con la ciencia, que lo lleva al rechazo del cientificismo que sirve de ella para hacer ideología.

Septiembre 7, 2009

Una apuesta metodológica (2)

Archivado en: antropología, técnica — Esteban S @ 12:12 pm

1. Lograr que Mariano la invitara al teatro le había tomado a Juliana una semana de sutiles reproches a su falta de iniciativa. Aunque verdaderamente quería ver la obra, lo que más placer le dio fue que él creyera estar actuando por sí mismo al llevarla.

Su alegría se esfumó cuando vio en la antesala a Alejandro, y fue reemplazada por un remolino de incomodidad, miedo y ganas. Por suerte la multitud era lo suficientemente grande y compacta como para evitar que Mariano se lo encontrara.

Aunque la atracción de Juliana por Alejandro tuvo sus fugitivas concreciones, él siempre fue elusivo. Por el brevísimo vistazo que pudo pegarle, mantenía el gesto entre desdeñoso y melancólico de siempre, pero transfigurado por una prolijidad inusual en él.

Diez minutos después todos entraron para tomar sus asientos.

A Juliana le resultaba increíblemente difícil concentrarse en la obra. Trató de distraerse criticando la escenografía, la iluminación y las insuficiencias de la compañía.

Las miradas son escasas y valiosas; nadie que se respete, pensó Juliana, las da sin alguna expectativa de reciprocidad – menos todavía corriendo el riesgo de que la pesque su pareja. Y sin embargo sus ojos se desviaban intermitentemente en su dirección.

Antes de que pudiera seguir reprochándoselo, sostuvo la mirada de Alejandro durante dos segundos.

Eso bastó.

2. En uno de esos momentos que hacen que valga la pena tener un blog, Sergue vió mi apuesta. Me corresponde ahora dar un ejemplo del concepto concurrencia del que hablé.

3. Un sistema de transiciones es un múltiple (E, Acc, →, I, P, M), siendo E : un conjunto de estados, Acc : un conjunto de acciones, → : una relación de transición entre un estado y otro mediada por una acción, I : un conjunto de estados iniciales (siendo I subconjunto de E) P : un conjunto de proposiciones, y M : una función de marbeteo que establece si una proposición determinada de P es verdadera o falsa en para cada uno de los estados en E (formalmente E → 2P).

4. Concentrados por un momento en las miradas a exclusión de todo lo demás, pensemos a Juliana, Alejandro y Mariano como tres procesos para después ver como se integran mediante relaciones de concurrencia.

Juliana

Definidas las variables de esta manera, tendríamos que:

EJuliana = ( 1, 2, …, 12 )

EAlejandro = ( 1, 2, … 8 )

EMariano = ( 1, 2, … 12 )

AccJuliana = (J mira a A, J mira a M, J mira al escenario, J y A se miran)

AccAlejandro = (A mira a J, A mira al escenario, J y A se miran)

AccMariano = (M mira a J, M mira al escenario, M mira al público)

I = (E1)

J y A se miran está en la intersección del conjunto de acciones de Juliana y Alejandro – y solo puede darse de manera simultánea entre ambos. Se cumple entonces la regla que expuse en el post anterior. Todas las acciones de Mariano, en cambio, están definidas de manera asíncrona con respecto a las de Juliana y Alejandro. La situación puede describirse en los siguientes términos:

C = AccJuliana ∩ AccAlejandro

Mariano || (Juliana ||C Alejandro)

siendo || un operador de paralelismo conmutativo y asociativo que da como resultado un proceso mayor que genera todos los posibles entrecruzamientos de los itinerarios de ejecución de los procesos constitutivos; y ||C un operador de concurrencia síncrono llamado handshaking o interacción por acciones compartidas.

5. ¿De qué interés antropológico puede ser todo esto? El uso que proyecto darle es el de encuadrar teóricamente a la acción social dentro de situaciones de concurrencia entre instituciones. Hasta ahora solo ensayé una aplicación con un intento de definir a la agricultura familiar como situación semejante – quizás continúe con el campesinado. Quien sabe. En todo caso, para darle una mayor practicidad metodológica será necesario buscar maneras más eficientes de especificación formal que los sistemas de transiciones.

6. Se me dirá que el ejemplo es desafortunado, que le hace una violencia a la complejidad de las relaciones humanas. Pero creo que en la seducción no es raro que actuemos de manera tan simple.

Septiembre 3, 2009

Frente al factor humano

Archivado en: antropología, antropología y empresa, libros, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 3:06 pm

Hace unos días terminé El factor humano de Christophe Dejours. A pesar de todas las referencias a psicólogos, sociólogos y antropólogos, es un libro dirigido a diseñadores, administradores, ingenieros y técnicos con el objetivo declarado de acercar herramientas de las ciencias sociales a la industria. No es ninguna novedad editorial, pero los libros de este tipo no abundan y me pareció que merecía una oportunidad.

Dejours presenta algunas ideas muy atendibles, como por ejemplo que la situación inmediata de trabajo no debe ser el único marco para evaluar e intervenir en cuestiones de higiene y seguridad. Desgraciadamente, la falta de referencia a problemas y casos concretos de disciplinas directamente relacionadas con la problemática termina por obstaculizar la buena recepción de la obra.

El libro también falla en otros aspectos. Cuando se plantean de manera antitética al factor humano como falla por un lado y como recurso por el otro, uno queda con la sospecha de que el autor no le ha dedicado la suficiente importancia al hecho de que la ingeniería y los RRHH se plantean problemas muy distintos.

Sin embargo, las objeciones levantadas contra la concepción de factor humano como falla no carecen de fundamento. Los estudios de factores humanos no solo incurren permanentemente en simplificaciones y presupuestos sobre el comportamiento humano que cualquier científico social encontraría injustificables, sino que además se encuentran centrados en los aspectos materiales de los sistemas técnicos. Sin ir más lejos, me consta que el concepto de error humano tal como es utilizado en ciertos ámbitos es construido sustractivamente a partir de la ausencia de fallas mecánicas [x].

Aceptando esto como válido, terminaríamos pensado que si la distracción momentánea de un operario le cuesta perder dos dedos se debe a un error humano (el suyo) y punto. No habría lugar para ninguna consideración acerca de las responsabilidades anteriores a la situación de trabajo. Ni para repensar la situación de trabajo de manera que un “accidente” semejante requiera algo más que solo unos segundos de desconcentración.

Cualquier intervención valiosa de las ciencias sociales a la industria incomodará a alguien. Avanzamos haciendo preguntas inesperadas, molestas y aparentemente estúpidas, porque para hacer bien nuestro trabajo tenemos que desmontar los conceptos ya establecidos como error y factor humano; no como objetivo, no para regodearnos en el cuestionamiento de lo dado, sino como un paso en la redefinición y resolución de problemas.

A pesar de los obstáculos que mencioné, el libro de Dejours permite acercar a ingenieros, técnicos y administradores este procedimiento.

No es poco.

[x] La ecuación – tomada de S. Dekker (2005) – es:

error humano = f (1 – falla mecánica)

Agosto 27, 2009

Adonde morimos hoy

Archivado en: antropología, estudios, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 5:00 pm

Es muy difícil conseguir datos fiables sobre accidentes de tránsito en la Argentina.

La aparentemente simple pregunta de cuantas víctimas se llevan por año, por ejemplo, debería poder ser respuesta con datos del ReNAT, pero resulta que a. los policías no siempre envian la planilla completa con los datos del siniestro, y b. la publicación de los datos no parece ser prioritaria para la administración del registro – al menos eso es lo que se puede inferir al ver que los datos más recientes en su sitio sean del 2007.

Si solamente saber cuantos mueren en las rutas presenta complicaciones, es de imaginar que la pregunta por las circunstancias en las que se dan los accidentes será mucho más difícil de contestar. Por eso me esperancé cuando vi que La Nación publicaba hoy los resultados de un estudio privado sobre estos temas. Por desgracia el optimismo no duró mucho.

Algunas observaciones sobre el artículo:

  1. No se presenta ningún dato; es más, no solo no se dice una palabra sobre la metodología, sino que ni siquiera se presenta el tamaño de la muestra. Al consultar el sitio del CESVI uno concluye que no se trató de un gesto de condescendencia intelectual por parte del periodista, sino de una omisión del CESVI mismo que encuentro muy difícil de justificar.
  2. Hay buenas razones para suponer que la muestra está muy sesgada: la fuente es el Sistema Integrado Sofía, que integra la información aportada voluntariamente por 23 aseguradoras. Los accidentes en los que participan autos no registrados quedan fuera.
  3. La nota pone énfasis en que la ruta 9 concentra el 11% de los accidentes graves; ¿como saber cuan significativo es eso sin cruzarlos con el caudal vehicular de las rutas? La relación cantidad de vehículos sobre tiempo es un indicador básico para cualquier investigación de ingeniería de tráfico, pero está ausente tanto en el artículo periodístico como en las “estadísticas” proporcionadas por CESVI.
  4. El análisis del periodista de La Nación no nos ahorra los lugares comunes que achacan los accidentes exclusivamente a los conductores – al factor humano, como suele decirse. A partir de los resultados de que el 82 % de los choques se dieron sobre pavimento seco, el 68 % sobre tramos rectos, y el 64 % de día, Afirma de manera un poquito taxativa que Solamente el exceso de velocidad, la imprudencia y la impunidad pueden explicar choques en esas condiciones. Teniendo en cuenta que el mismo estudio afirma que el 48 % de los choques fueron frontales, y que estos son extremadamente raros en una autopista, uno se pregunta porque se suele desestimar tanto a los factores infraestructurales.

En fin, me gustaría ver el día en que no muramos en las rutas, pero al parecer tenemos mucho que esperar solo para saber como lo hacemos.

Agosto 20, 2009

Una apuesta metodológica

Archivado en: antropología, investigación, técnica — Esteban S @ 10:07 pm

Los/as antropólogos/as casi nunca nos limitamos a analizar el funcionamiento de una sola institución. El holismo cultural, el supuesto de la comunidad analíticamente aislable, la exigencia de llegar al punto de vista del nativo, el hecho social total, y unos cuantos demonios más han querido que la construcción de nuestros objetos de investigación se centre más frecuentemente en unidades mayores, integradas por múltiples instituciones, cuyas relaciones son de por sí cambiantes. Los conceptos que usamos para referirnos a dichos vínculos son por lo tanto herramientas muy apreciadas, y las innovaciones en este campo serán bienvenidas por todos salvo quizás los más complacientes de nuestros colegas.

A partir de algunos ejercicios teóricos fui elaborando la idea de una contribución en esa dirección; en particular, la de plantear la posibilidad de tomar como unidad de análisis a situaciones de concurrencia de procesos sociales, entendiendo como tal la ejecución simultánea de procesos interactivos entre sí.

No quiero fastidiar con reseñas históricas, pero dado que el concepto al que me refiero proviene de un campo al que las ciencias sociales no suelen apelar vale la pena dedicarle unas líneas a su origen.

Una gran parte del trabajo de un programador consiste en encontrar y eliminar bugs corrigiendo el código fuente. La presencia de estos errores en un navegador de Internet para usuarios domésticos no representa un problema tan grande, pero en sistemas críticos pueden derrumbar un avión, provocar un derrame de refrigerante industrial, paralizar el tráfico de una ciudad durante horas o exponer a pacientes de tratamiento médico a dosis letales de radiación, así que la gente de ciencias de la computación se ha dedicado a crear técnicas para detectarlos. Los bugs por concurrencia se encuentran entre los más difíciles de corregir, y su erradicación motivó el desarrollo de técnicas bastante sofisticadas, que no se aplican directamente sobre el código fuente sino sobre un modelo matemáticamente riguroso que permita su verificación. La especificación de estos modelos se hace desde marcos bastante heterogéneos: cálculo de procesos, lógicas temporales, redes de Petri y sistemas de transiciones, etc. Pero más allá de los detalles de las notaciones empleadas, los problemas planteados por la concurrencia se hacen sentir en campos ajenos a los de computer scientists e ingenieros.

Desde las aproximaciones basadas en sistemas de transiciones la concurrencia aparece representada por tres operadores: 1. paralelismo; es sumamente inespecífico, en tanto puede ser utilizado para denotar procesos completamente aislados entre sí como casos en los que se da alguna clase de comunicación entre ellos; 2. el entrelazado (interleaving) se refiere a situaciones que se resuelven a través de una elección no determinista entre actividades de procesos ejecutados simultáneamente; surge de los condicionamientos impuestos por el hardware en computadoras con un solo procesador, pero creo que puede ser de mucha utilidad – por ejemplo, puede ser utilizado para representar el uso de una misma variable por parte de dos procesos distintos; y 3. handshaking (que traduciré apelando a la antonomasia como concurrencia a secas) designa una interacción sincronizada entre procesos concurrentes. En otras palabras, los procesos interactúan de esta manera cuando ambos participan en la interacción al mismo tiempo – como si se dieran la mano. Se define así un conjunto C de acciones concurrentes que contiene todos los elementos que cumplen la siguiente regla:

pedrolino_handshaking

Dado que el tercer operador de concurrencia exige que los conjuntos de acciones correspondientes a cada proceso hayan sido definidos previamente, cualquier implementación de este concepto requiere cierto grado de especificación formal. Una exigencia muy saludable.

Creo que hay muchísimos problemas de las ciencias sociales que pueden ser formulados – y resueltos – a partir de estos conceptos. En antropología y sociología rural, por ejemplo, seguimos empleando tipologías para definir campesinado y agricultura familiar. Si bien fueron muy útiles en cierto momento de estas disciplinas, sus limitaciones se hicieron sentir hace rato, y la posibilidad de pensar a ambos conceptos como referidos a situaciones de concurrencia entre distintas instituciones (grupo doméstico, explotación, familia, mercados de insumos, mercados de tierras, etc.) permitiría generar nuevas preguntas y nuevas respuestas.

¿Que tan viable será metodológicamente todo esto? No sé, pero puedo prever algunos problemas que habría que solucionar durante su aplicación:

  1. El problema de determinar las condiciones de frontera. Una manera de solucionarlo es tomar un proceso de referencia y a partir de él tomar solamente a los que estén en concurrencia directa, o a un número determinado de grados de distancia. La vecindad de un proceso puede ser muy amplia – como suele suceder con la institución persona, así que usar una distancia superior a uno puede ser metodológicamente arriesgado – al menos hasta que no desarrolle las herramientas adecuadas.
  2. El problema de la validez local de los modelos subyacentes a cada proceso. El carácter modular que podrían cobrar las investigaciones basadas en situaciones de concurrencia podría alentar a la búsqueda de definiciones de validez universal que permitan crear algo semejante a las bibliotecas de los programadores. Sería necesario, sin embargo, lidiar con algunos problemas muy serios sobre la misma posibilidad de dar definiciones universales de instituciones.
  3. El problema del no-determinismo emergente de sistemas concurrentes. No me desvela, a decir verdad. Lo que me lleva a buscar estas herramientas no es la predicción sino la posibilidad de llegar a explicaciones causales y a descripciones un poco más precisas.
  4. El problema de las dificultades metodológicas intrínsecas a un redefinición del objeto. Esto no tiene arreglo. Implementar una técnica nueva en un campo disciplinar siempre conlleva un riesgo. No solo su uso puede plantear dificultades imprevistas, sino que además la comunidad científica puede decidir no reconocer sus resultados – especialmente si se aleja demasiado de cierto consenso disciplinar.

Vistas así las cosas, es una apuesta.

A jugarla.

===

Notas: En la regla de handshaking e1 y e2 son estados, →1 y →2 son acciones, ^ es el operador lógico conjuntivo y la barra denota una relación de premisa (arriba) y conclusión (abajo). Las referencias consultadas son Principles of model checking de Bauer y Katoen (2008), y Concurrency theory, de Bowman y Gómez (2005).

Julio 24, 2009

Sobre los usos políticos de la generación

Archivado en: antropología, política — Esteban S @ 12:35 am

“A todos los muchachos nuer se los inicia a la vida adulta mediante una operación muy dolorosa (gar). Con un cuchillo pequeño les hacen seis largos cortes en la frente que van de oreja a oreja. Las cicatrices permanecen durante toda la vida, y se dice que se pueden detectar esas marcas en los cráneos de hombres muertos.”

Poco después de las elecciones de junio, el blogger conocido como Escriba publicó un artículo en Artepolítica donde invitaba a pensar a la generación . El timing le falló, y los oficialistas estaban tan susceptibles que interpretaron que se había dado el vuelta el poncho. Pero el gesto reverberó junto a ciertas discusiones previas sobre el papel de la generación respecto al imaginario setentista, la memoria,a y las organizaciones de DDHH en blogs como éste y éste.

“Inician a varios muchachos al mismo tiempo, pues creen que si iniciaran a un muchacho solo, sufriría de soledad y podría morir. Además, es más fácil disponer todo lo necesario para los muchachos y prestarles los cuidados y atenciones que necesitan durante la convalescencia, si se los inicia en grupos”.

Mi primera reacción frente a este uso de la palabra “generación” fue de desconfianza. Supongo que fue un cambio bastante reciente, porque poco antes de graduarme escribía (y muy convencido) en panfletos estudiantiles apartidarios sobre “compromisos generacionales” junto a demás blablablá. ¿Que pasó? Mi fecha de nacimiento no se corrió veinte años para atrás. Quizás se deba a ciertas decepciones que sufrí en los últimos años respecto a la academia en tanto institución.

“Todos los muchachos iniciados durante una serie de años sucesivos pertenecen a un mismo grupo de edad (ric). Hasta época reciente, ha habido un intervalo de cuatro añoes entre el final de uno de esos grupos y el comienzo del siguiente. (…) Determinado wut ghok, “Hombre del Ganado”, es el encargado de abrir y cerrar los períodos de iniciación y, por tanto, de dividir los grupos de edad”.

En mis trabajos posteriores cedí varias veces a la tentación de usar a la generación para explicar la dinámica de grupos domésticos y familias. Es una noción muy difusa, pero en última instancia eso no significa que no sirva; mucho menos que no signifique nada. Los excesos de la precisión engendran monstruos.

“Hoy se inicia a los muchachos cada año. Cada varios años el Hombre del Ganado anuncia que va a separar los grupos y celebra una ceremonia en virtud de la cual todos los muchachos iniciados hasta ese año entran dentro de un grupo y todos los iniciados a partir de ese año entran dentro de un grupo más joven”.

Pero el ejercicio analítico me condujo a esta sospecha: apelamos a la generación para sacar ventaja dentro de instituciones (partidos políticos, empresas, sindicatos, ONGs, etc.); es una carta más en los juegos que se dan dentro de esos marcos bien definidos. La generación no tiene siquiera la estructura de un grupo etario. Así las cosas, una invitación a pensar generacionalmente que no deje bien claro el marco institucional dentro del que se está hablando es chamuyo.

“Descubrimos que, por lo general, entre el grupo de un hombre y el de su hijo mayor mediaban dos grupos, pero a veces uno. En el caso de hijos menores, mediaban dos o tres grupos. Podemos aceptar que, por término medio, las generaciones de abuelo-padre-hijo abarcan seis grupos”.

Si nos quieren convencer de que apelemos a nuestra consciencia generacional en busca de una identidad política, primero veamos al servicio de qué, y por qué medios. Aunque quizás en algún punto sea ineludible; quizás nos permitiría dejar de pescar nuestras identidades políticas en los mismos estanques de siempre. Ese momento de sobriedad – o de resaca, más bien – nos lo venimos debiendo.

Julio 16, 2009

Gripe A: ¿es para tanto?

Archivado en: antropología, epidemiología, estudios, política, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 11:49 am

¿Estamos frente a una amenaza que justifica paralizar sectores clave del país, como la educación? ¿O se trata de una conspiración? Me parece que la respuesta a las dos preguntas es no.

No soy médico, pero como no me gusta que mis opiniones sobre temas importantes dependan de impresiones, me puse a leer un poco sobre el asunto Lo poco que sé de epidemiología lo aprendí hojeando los manuales de Beaglehole-Bonita (hace unos años) y de Alemida Filho-Rouquayrol (hace unas semanas). La presentación de los indicadores de la morbimortalidad en términos de subconjuntos que se hace en el segundo me pareció muy clara, y vale la pena reproducirla:

morbimortalidadIndicadores de morbimortalidad (a partir de de Almeida Filho y Rouquayrol, 2008)

¿Para que? Para no caer en algunos de las errores típicos, como el de confundir a los enfermos diagnosticados con el total de la población. Es una distinción que necesitamos para entender de que se tratan la letalidad y la mortalidad. La tasa de letalidad es la relación entre los muertos y los infectados diagnosticados (O/D), mientras que la tasa de mortalidad es la de los muertos sobre el total de la población (O/P).

Si vamos a la página oficial del ministerio de salud sobre la gripe A y leemos el último informe de situación (para este post el nº64), tenemos que la Argentina cuenta con 3056 casos detectados y 137 fallecidos. La información fue relevada por el ministerio, a diferencia del caso chileno, donde la OPS encontró 9549 casos y 25 fallecidos. El porcentaje, entonces:

Argentina: (137 / 3056).100 = 4,48
Chile: (25/9549).100 = 0,26

En momentos en los que la confiabilidad de los datos ni siquiera esperan a ninguna sofisticación epistemológica para ser puestos en duda, la sospecha de que los números de la pandemia estén dibujados se hace oir.

De ser ciertos los números proporcionados por el ministerio, la tasa de letalidad es considerable. Ahora, en estas circunstancias lo que un/a gobernante/a (suponiendo que no quiere ser considerado/a responsable/a de la muerte de ciudadanos/as) podría desear es que la diferencia entre el conjunto de los infectados y el conjunto de los diagnosticados sea lo menor posible, especialmente si este último cuenta con 100.000, como se le escapó a nuestro ministro. Si efectivamente ese fuera el número, y estuvieran todos registrados tendríamos que:

(137 / 100.000).100 = 0,137

…algo más cercano a los datos relevados por la OPS en Chile. De hecho, si vemos la tasa de letalidad de los demás países (tanto a los que relevaron sus propios datos como los que no), la veremos bastante similar a este valor (Brasil: 0,19%, Uruguay: 1,15%, Perú: 0,28% ), con las excepciones son Paraguay (2,6%) y Colombia (4,21%). El total de América Latina, sin embargo, nos da 1,07%, contribuyendo nosotros con el 74% de los muertos y el 17% de los diagnósticos positivos.

Uno podría argumentar que no les resultaría muy ventajoso ser sinceros con respecto a los muertos (como espero que sean) y mentir sobre los infectados. Pero frente a la opinión pública los números absolutos son mucho más impactantes que las tasas y coeficientes. A lo mejor lo saben, y por eso nuestra presidenta decidió mandar a callar a nuestro ministro tras el incidente.

O a lo mejor lo hacen de pelotudos nomás.

Julio 6, 2009

Pierrot le fou

Archivado en: antropología, estudios — Esteban S @ 5:36 pm

Ser mimo es cumplir un rol; ser Pierrot es actuar un personaje.

Actuar un personaje tiene, por cierto, un sentido muy muy distinto al de “ser un personaje”. En un caso se refiere a alguien dotado de algún atributo que le da un halo de excentricidad, mientras que en el otro se trata de una máscara dentro de los límites de un escenario.

Se trata, en definitiva, de casos especiales de roles: 1. el personaje como rol personalizado, y 2. el personaje como rol circunscrito a un contexto particularmente aislado. Esta distinción, aunque arraigada en el sentido común, es bastante artificiosa, y es por eso que emplear el concepto de rol para descomponerla puede resultar provechoso.

Nadel ya había previsto el origen idiosincrático de algunos roles. Es sobre este sentido de “ser un personaje” que el recientemente fallecido Castilla del Pino hablaba de un pacto de excepcionalidad entre una persona y el grupo, que inviste a la primera de una hiperidentidad. Pero la actuación del personaje, como advertía el psiquiatra español, opera necesariamente dentro de límites socialmente establecidos. Esto pone en evidencia la artificialidad de la distinción que mencioné.

Sería posible considerar a los límites escénicos como elementos del rol; de seguir esta idea, el rol presentaría esta estructura:

ρ = (Acciones, Atributos, Condiciones de contexto, ≤)

Pero creo que es mejor pensarlos como un marco extrínseco que incluye – sin identificarse con – el concepto de institución. Este último, continente de roles y juegos, es ineludible pero insuficiente cuando se intenta trazar el inventario completo de situaciones de interacción estratégica que pueden surgir en un universo determinado.

El problema que le impone la existencia del personaje a una teoría del rol, entonces, es el de como conceptualizar las condiciones de contexto sin caer simplemente en la mera elaboración de rótulos. Nombres abundan. Por dar solo dos ejemplos, en diseño de juegos a esto se lo llama círculo mágico, y en narratología espacio diegético. Lo que debería ocuparnos a quienes creemos que el rol es pertinente a una teoría social es dar con una definición clara que permita formular todo marco posible en el que los roles sean puestos en acción.

Son posibles muchísimas formas de abordar ese problema. Pero para hacerlo de manera satisfactoría es imprescindible no excluir a los dominios locales de la ficción del alcance de la teoría. Este imperativo, quizás haga falta aclararlo, no debe confundirse de ninguna manera con la declamación estéril que afirma que “nada existe por fuera del texto”.

Hay verdades, y esas verdades son inseparables de los procedimientos que las establecen. La ciencia es uno de ellos.

Junio 21, 2009

Demasiadas distracciones

Archivado en: antropología, libros — Esteban S @ 10:23 pm

1. Terminando el trimestre, la última clase de economía agraria tenía clima de asueto. Mientras ponía mi granito de arena rompiendo las nueces que me habían convidado, me puse a pensar sobre que tenían en común – en tanto representaciones – las personas y los seres sobrenaturales. Una matriz de contingencias sería útil, me dije. Y sí. Me resirvió. En seguida me dí cuenta de que mi erudición no estaba a la altura de la tarea, y pude prestarle atención a las críticas a las políticas para la pequeña agricultura familiar.

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2. Las librerías de la avenida Corrientes son una peligrosa tentación. Afortunadamente aprendí algunos trucos para no ver mermar mis magros recursos. Uno de ellos es quedarme revoloteando alrededor de las mesas de saldos. Ahí me conseguí a cuatro pesos El estructuralismo en antropología. Ahora que está siguiendo su propio proyecto teórico (al que llama epidemiología de las representaciones), Dan Sperber debe recordar con resaca los tiempos en los que escribió ese librito. A diez pesos ya no me lo compraba, pero hay que reconocer que su divulgación del estructuralismo era bastante bueno, en un momento en el que estaba lleno de glosas ineptas.

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3. Los genogramas tienen un parecido muy superficial con los diagramas de parentesco de la antropología clásica. Nunca supe de nadie que se preguntara sobre la relación entre estas dos cosas, pero se me ocurre que hay dos diferencias esenciales: a. los genogramas no se limitan a las relaciones de parentesco, afinidad y filiación, sino que introducen grafías para afectos, conflictos, decesos, etc.; b. esto se derivaría de que los genogramas apuntan a relaciones sociales de primer grado (vinculan personas), mientras que los diagramas antropológicos hacen a relaciones de segundo grado (vinculan relaciones de primer grado entre sí). Puesto en estos términos, me imagino que sería posible derivar una teoría general del parentesco a partir del concepto de rol. Pero el proyecto no parece muy gratificante. Tampoco muy redituable. Ademas, la dinámica interregional del contratismo y el avance de un frente extractivo parecen un área de investigación un poco más relevante socialmente, ¿no?

A eso, entonces.

x. Sí, ya sé que me estoy zarpando con los diagramas. Cuando consiga una cámara le pondré un poco de variedad al blog – estoy dispuesto a ir al extremo de comprar una si hace falta.

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