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Instrumentación

Publicado en antropología, antropología económica, estudios, estudios agrarios, investigación, técnica el Abril 22, 2009 por Esteban S

En antropología rural y económica se habla de toda clase de estrategias – domésticas, de consumo, matrimoniales, productivas, etc. – pero los intentos de hacer una instrumentación formal de este concepto se siguen haciendo esperar. Su sentido juego-teórico, por ejemplo, es prácticamente desconocido por la mayoría, con la sola excepción de unos pocos que intentan introducirlo en el campo de estudios.

Siendo parte de esa minoría, me encuentro con la doble tarea de instrumentar y de exponer ese instrumento. No es fácil, pero tengo la esperanza de poder hacer las dos cosas mediante una notación que vuelva la exposición y el trabajo de base más visuales. En términos teóricos, estoy tratando de dar con una forma de resolver las transiciones de maquinas de estado finito (con las que modelo explotaciones, familias y personas) a partir de instancias juego-teoréticas – o sea, por medio de interacciones estratégicas entre agentes.

Como todo esto suena odiosamente abstracto, pensemos desde un caso particular. Digamos que desde el fallecimiento de su primo, Pancho Steltzer viene trabajando solo con sus tres empleados. Sus dos hijos varones, Alfredo de 17 y Mariano, de 18, tienen que decidir que van a hacer de sus vidas. Por esas cosas de la cultura, Alfredito y Mariano reducen el horizonte de posibilidades a dos opciones: mudarse a otro pueblo a estudiar agronomía o ponerse a trabajar en la explotación familiar. La decisión que tomen va a afectar sus vidas, sus personas, y – claro – el estado de la explotación.

Ahora, más allá de las consecuencias para Pancho y su explotación, al momento de tomar esta decisión a sus hijos no les da lo mismo lo que haga su hermano; atribuyamosle entonces una ordenación de las preferencias según la cual ambos preferirían ir a estudiar juntos, estudiar solo, trabajar solo en la explotación y trabajar juntos en la explotación – en ese orden.
El diagrama que sigue debería funcionar como referencia para una notación:

notacion1

Una vez definidas las variables, tenemos un conjunto de estados posibles. La transición de uno de esos elementos a otro está determinada por las decisiones que tomen dos o más agentes en cada instancia de juego. En el caso de Alfredo y Mariano se trata de un juego intrageneracional que determina transiciones relativas a la cantidad de trabajo familiar que se volcarán al ciclo productivo. Cada celda en la matriz de resultados de los juegos incluye el resultado para cada uno de los agentes, pero también una transición para el estado del sistema en cuestión.

Si nos pusieramos ambiciosos tomaríamos en cuenta que a lo mejor Alfredito y Mariano no son iguales a ojos de Pancho. Por ahí Alfredito es bastante dado a la escandalosa disipación mundana y conviene mantenerlo con correa corta. Todo esto se podría contemplar en un modelo formal, claro. Siendo los roles (productor, hijo de productor, esposa, etc.) secuencias ordenadas jerárquicamente de atributos, habría que incluir también en las matrices de resultados la adquisición de atributos que permitan la eventual investidura de distintos roles. Pero tanto detalle complicaría la exposición de la técnica. Además, el propósito de estas modelizaciones no es formalizar en su detalle más exquisito una situación particular, sino asegurar un rendimiento que permita hacer explicaciones sobre el objeto referido.

Además de ser un buen ejemplo para el uso de esta posible notación, el caso también permite demostrar la inadecuación de definir a la explotación familiar en términos de la proporción existente entre trabajo familiar y trabajo asalariado. En no pocas explotaciones agrícolas los familiares aportan más trabajo que los empleados, pero hagamos abstracción de eso y supongamos que todos aportan la misma cantidad de trabajo al ciclo productivo. Si tomamos el criterio indexical (Exp. familiar ↔ Trab. familiar / Trabajo total ≥ 0,5) la explotación de Pancho (recordemos que trabaja solo junto a sus tres empleados) no es familiar y solo llegaría a serlo si sus dos hijos se ponen a trabajar con él. Por eso propongo un criterio estructural; según este una explotación es familiar si está estructurada por roles en los que las relaciones de parentesco, afinidad y/o corresidencia son pertinentes.

Para no dejar el post demasiado largo voy dejar para otra ocasión algunas de las dificultades que hay que superar para plantear los problemas de esta manera. Abrazos.

Edit: Recién ahora me doy cuenta de que en el cuadro inferior derecho de la matriz tendría que haber puesto inF. Y bue´.

Edit (2): …y que la homeostasis debería graficarse como una transición a otro estado con la misma denominación; con el bucle da la impresión de que el juego se repite, y no es así.

CALAAR IV – Un balance

Publicado en antropología, antropología económica, el gremio, estudios agrarios el Marzo 28, 2009 por Esteban S

Ayer terminó el cuarto congreso argentino y latinoamericano de antropología rural. La organización fue responsabilidad no solo del NADAR sino también del INTA, hecho que se evidenció muy profundamente en la extracción profesional de los participantes, muchos de ellos ingenieros agrónomos.

Las oportunidades para debatir sobre los últimos acontecimientos se concentraron en los paneles. Durante la primera mesa, enfocada sobre las variaciones regionales que presenta el agro argentino, se hizo referencia al conflicto agrario, con algunos argumentos fundados en una contraposición entre dos racionalidades productivas – una específicamente campesina y otra capitalista y acumulativa –, un tópico que ocasionalmente se oye en antropología rural. Desde esa base Hocsman criticó a las entidades pampeanas de excluir un modelo de producción campesino e indígena, quienes se habrían arrogado falsamente la representación de todos los actores sociales agrarios. El comentario más interesante de ese primer intercambio fue el de Slavutzky, quien advirtió que las agroindustrias regionales (tabacaleros, azucareros, etc.) tienen lobbies maduros y firmemente arraigados, mientras que las corporaciones pampeanas vienen a ser unos pollos nuevos sin experiencia política. Creo que no exagero si digo que reconocer eso es clave para pensar la recepción extrapampeana del conflicto.

El segundo panel se centró en uno de los ejes principales del congreso: la interdisciplina en el desarrollo rural. Además de la importante presencia de los ingenieros agrónomos, podían encontrarse muchos antropólogos, sociólogos y geógrafos dedicados a la extensión rural, por lo que el panel fue bastante concurrido.

A nivel del congreso entero, me llamó mucho la atención la ausencia de reflexiones sobre la crisis económica mundial y la consecuente caída de los precios de las commodities. De manera consecuente a esta omisión, las ponencias presentadas se refirieron al proceso de la frontera agraria en términos que eran habituales dos años atrás – no ya en el grupo de trabajo de organización familiar, donde participé, sino incluso en el de economías rurales.

Me temo que el sesgo disciplinar que mencioné en el post anterior nos está jugando mal en este contexto. Espero que esta observación me sirva de manera autocrítica, así que intentaré a partir de este año poner el modelo de ciclo doméstico y de explotación familiar en los que estuve trabajando al servicio de explicar los macroprocesos que como gremio estamos ignorando.

Un saludo grande.

Circunstancias

Publicado en antropología, antropología económica el Diciembre 3, 2008 por Esteban S

Este lunes Lorenz de antropologi.info hizo un post bastante interesante resumiendo la editorial del último número de Anthropology Today. En ella, Keith Hart y Horacio Ortiz argumentan que la crisis económica mundial es una oportunidad para que la antropología realice un aporte significativo a la solucionar de los problemas contemporáneos – y que de paso recupere un poco de su relevancia perdida.

Hasta ahí, todo bien.

Desgraciadamente los autores parecen desconocer mejores herramientas para una tarea de esa magnitud que las de Mauss y Polanyi. En otras palabras, nos invitan a que hundamos nuestros hocicos en el polvoriento arcón de los programas de investigación fallidos. En el camino, dicen, podemos aprovechar para “renovar un compromiso” con la economía política.

Interpreto que todo esto significa que deberíamos ponernos a hablar de procesos económicos globales desde un paradigma discursivo, sin tomarnos la molestia de aprender estadística o respaldar nuestras afirmaciones con datos cuantitativos. Mucho menos, claro está, tener que tomar en serio – siquiera para criticarla – a la economía neoclásica.

Pero que la propuesta programática sea tan inadecuada no debería hacerle sombra al diagnóstico que le precede. Es cierto que la antropología debería y puede decir algo al respecto. También en es cierto que es una oportunidad de renovación – una que estaríamos desperdiciando si terminamos acudiendo a las remanidas referencias de siempre. Tenemos que reconocer con algo de humildad intelectual que las herramientas con las que contamos la mayoría de los antropólogos (antropólogos económicos inclusive) pueden no ser suficientes para proyectar un programa de investigación de las caracteristicas mencionadas.

Desarrollar esos instrumentos no es algo que podamos hacer en unos meses; tiene que pensarse en el mediano y largo plazo. Hagamoslo. Afrontemos el desafío de nuestros tiempos.

El lado oscuro del desarrollo rural

Publicado en antropología económica, política el Noviembre 17, 2008 por Esteban S

Últimamente estuve leyendo mucho sobre desarrollo rural, un incierto campo de estudio e intervención social donde los antropólogos no escaseamos, con la intención de tener una idea precisa de cual es el estado actual de los proyectos vigentes en esa área. Mis motivos son múltiples; algunos de ellos se los debo a la Curiosidad, y otros a una señora mucho más severa y menos complaciente: la Necesidad. Hasta el momento mi impresión es que los estudios de desarrollo rural todavía sufren de cierta laxitud conceptual y metodológica. Me explico.

En este campo se habla mucho de enfoque territorial, lo que básicamente significa prestarle atención a las instituciones, organizaciones y agentes de una región determinada antes de planear una intervención. Eso está muy bien, y a veces la etapa preliminar en la que se hace la descripción del estado de cosas en una región es lo más aprovechable para un investigador que no está familiarizado con ella. Lo que lamento es que no suela emplearse teoría y método en la caracterización de las instituciones. La teoría neoclásica brilla por su ausencia, y frente a la necesidad de tratar los mercados, los estudios de desarrollo rural generalmente apelan a la “Nueva sociología del trabajo” o a la “Nueva economía institucional”. De más está decir que eso los libra por completo de tener que hacer esas cosas aburridas que tanto les gustan a los neoclásicos neoliberales, como presentar datos o construir modelos.

Dentro del campo del desarrollo rural y del paradigma del enfoque territorial, se escucha bastante esto del desarrollo local. Incluye a un conjunto de intervenciones que enfatizan el trabajo codo a codo junto a los agentes situados en los niveles de organización más bajos (grupos domésticos, familias, etc.). Surgió a partir de los ochenta, a partir de una desconfianza sobre la capacidad y la voluntad política del Estado en la consecución del desarrollo rural. Sus practicantes tienen algunas ideas bastante raras: creen, por ejemplo, que el desarrollo es algo que puede confinarse no digamos ya a una región, sino incluso a una localidad. También imaginan que pueden estudiar e intervenir en lo social excluyendo de sus análisis las políticas públicas y al Estado municipal, provincial y nacional. Si me preguntan, creo que la heroica resistencia latinoamericana al neoliberalismo merecía mejores ideas que esta censura al Estado.

Es curioso que a veces el Estado mismo incurra en esas mismas excentricidades. Por alguna razón nadie se preocupa de que los académicos y los profesionales tiren ideas tan defectuosas como el desarrollo local. Pero que una provincia tome decisiones con un criterio similarmente estrecho es mucho más preocupante. Gracias a un muy recomendable post de Ulrich (de hace varios días – todavía me cuestan los ritmos bloggeriles) me enteré de una iniciativa por parte del gobierno de Misiones de prohibir la salida de sus fronteras de yerba mate sin procesar. La fragrante inconstitucionalidad del proyecto no es un detalle, pero palidece frente a las consecuencias que tendría la generalización de medidas semejantes. En pocas palabras, medidas como esta serían autodestructivas para el Estado a todo nivel.

No sé, quizás habría ONGs y profesionales del desarrollo rural que no verían mal un colapso institucional del Estado. Mientras tanto, a los que sí nos preocupa un prospecto semejante, tendríamos que empezar a ver cuales serían las consecuencias políticas de esos discursos aparentemente tan progresistas que intercambiamos en las aulas.

Juegos y roles en antropología y marketing

Publicado en antropología, antropología económica, antropología y empresa, juegos con etiquetas , el Septiembre 29, 2008 por Esteban S

A pesar de poseer un gran conocimiento empírico sobre las transformaciones de la cultura global y sobre las motivaciones de muchos grupos humanos – que los antropólogos haríamos bien en reconocer – los marketers tienen una multitud de puntos ciegos que podemos cubrir fácilmente. Me refiero a todo lo que tiene que ver con habilidad etnográfica, conciencia de la diversidad cultural, enfoque holístico y familiaridad con teorías sociales maduras.

Hay un ejemplo que me parece muy interesante: en los estudios de conducta del consumidor hablan de una role theory [1], que viene a ser el nombre que le dan a la metáfora escénica aplicada al su campo. Aunque esa analogía puede tener un gran valor heurístico, por lo general los marketers carecen de las herramientas analíticas y de la teoría social necesarias para operativizarla.

Ahí es donde la antropología puede realizar un aporte. En su Teoría de la estructura social Siegfried Nadel [2] se detiene a analizar el concepto de rol dándole una precisión de la que carece en su uso coloquial. El rol es según Nadel una serie* de atributos ordenados jerárquicamente, que van desde aquellos absolutamente necesarios (en el caso de un médico sería haber completado sus estudios) hasta los más triviales y contingentes (siguiendo el ejemplo del médico podría ser una pésima caligrafía). En sus propias palabras su utilidad radica en que actúa “en esa área estratégica en la cual el comportamiento individual se convierte en conducta social”. Cada palabra de esta frase cuenta. Para demostrarlo voy a tomar el ejemplo del productor agropecuario.

El rol del productor se define a distintos niveles: en cierto nivel se define en relación con otros miembros de la explotación (esposa, hijos, empleados), pero en otro nivel – que es de mayor interés para las empresas de maquinaria agrícola – se define en relación a las distintas estrategias que adoptan los agricultores. Cuando nos situamos en este nivel estratégico vemos que muchos agricultores hacen una distinción muy clara entre productores y contratistas, siendo el criterio subyacente la participación en el mercado de alquiler de tierras. Los primeros operan sus propios campos, y a lo sumo ofrecen servicios puntuales (fumigación, por ej.) a sus vecinos, mientras que los segundos toman campos en alquiler y se guían por una estrategia expansiva. Ahora, ¿cuales son las condiciones para que hayan decidido implementar tal estrategia? Dado que no pueden tomar en alquiler la tierra de los productores, y que estos últimos no quieren o no pueden incrementar la escala de producción, los contratistas compiten principalmente entre sí.

Me parece muy útil abordar la situación en la que se da esta competencia en términos de un juego, precisamente por el hecho de que la estrategia tiene un papel tan importante en estas definiciones. Tenemos entonces al contratista A, que trabaja en el lote del propietario A, en una situación de juego con el contratista B, que trabaja el lote del propietario B. Imaginemos que cada contratista tiene que tomar una decisión al mismo tiempo (como si estuvieran jugando piedra, papel o tijera) entre dos opciones: mantener las mismas prestaciones u ofrecerle a ambos propietarios un mejor trato (sea un mayor porcentaje, un contrato a quintal fijo, etc.) para quedarse con el campo trabajado por el otro contratista. No es una idea muy sofisticada; de hecho solo una variante del dilema del prisionero. Como tal, ofrecer un mejor trato a los propietarios es la estrategia dominante si se juega una sola vez, pero deja de serlo cuando la situación de los contratistas se repite cada campaña agrícola. El contratista que ofrece prestaciones superiores aumenta sus ingresos, pero reduce su margen de rentabilidad, y corre el riesgo de iniciar una guerra de precios. Pero además incurre en un comportamiento socialmente sancionado que lo pondrá en inferioridad de condiciones a la hora de compartir información valiosa con otros contratistas. La sanción social sobre esa clase de estrategias es además uno de los más poderosos incentivos a la incorporación de maquinaria agrícola de última generación.

A lo mejor el valor del ejemplo no queda muy claro hasta que llegamos a las preguntas que nos plantea: ¿En que juegos participan los clientes de una empresa? ¿De que roles tienen que estar investidos para poder participar? ¿Como intervienen los productos/servicios de una empresa en el juego? ¿Son accesorios, o herramientas imprescindibles para participar? ¿De que manera la introducción de sus productos o servicios altera el juego para sus clientes? ¿Como se mantiene informada del curso que toma el juego y aprovecha la información para introducir nuevos productos y servicios?

[1] Solomon, M. 2003. Consumer behaviour. Buying, having and being. Prentice Hall.
[2] Nadel, S. 1966. Teoría de la estructura social. Guadarrama.

La vigencia de la antropología económica

Publicado en antropología, antropología económica, libros el Agosto 30, 2008 por Esteban S

Últimamente estuve leyendo Antropología económica – Nuevas tendencias, de Susana Narotzky. La autora sigue la venerable tradición de empezar advirtiendo que el libro en cuestión no es un manual. Y claro. La gente cualitativa y copada en ciencias sociales sigue creyendo que los manuales son cosa de gente fea y aburrida. Pero en fin, los manuales de antropología económica no faltan, y el objetivo de Narotzky no es solo el de presentar las herramientas de la subdisciplina, sino también demostrar su vitalidad. Loable objetivo, pero me temo que la autora no logró alcanzarlo.

Digamos que citar a Polanyi a lo largo de casi la mitad de un libro no es la mejor manera de demostrar la vitalidad y actualidad de nada.

Desestimar a una teoría, un campo o a un autor por “viejos” es propio de las fashion victims del mundo intelectual. La mecánica newtoniana tiene unos cuantos siglos encima y sigue poniendo satélites en órbita. Pero convengamos que no es un campo en el que puedan hacerse grandes innovaciones. El problema del esfuerzo de la Narotzky es que argumenta la vitalidad de la antropología económica, cuando solo logra rescatar su vigencia. En mi propio trabajo usé herramientas clásicas de la antropología económica, así que puedo dar testimonio de su utilidad. Pero existen muchos problemas que requieren herramientas nuevas o provenientes de otros campos para ser resueltos.

Hace unos pocos días apareció en La Nación un artículo que da un buen ejemplo de porqué la antropología económica sigue vigente y es necesaria.

Al parecer hay varias tentativas (a nivel provincial) de extender los plazos de las licencias de maternidad, que actualmente son de tres meses con goce de sueldo – y que pueden extenderse tres o seis meses sin goce de sueldo. Un proyecto bonaerense, por ejemplo, contempla extender el plazo a 210 días con goce de sueldo.

Ya sé que para muchos/as es tentador tomar la posición que parece más aceptable moralmente y decir “Acá se juega el derecho de las mujeres a decidir!” y todas esas cosas. Pero hey, las ciencias sociales son necesarias justamente porque a veces es necesario que alguien se pare por fuera de lo que queda bien y nos muestre las posibles consecuencias de alinearse detrás de lo aceptable moralmente.

¿Como definirían ustedes a lo que hace una mujer (o un hombre) cuando limpia, cuida y alimenta a un nene? ¿Maternidad? ¿Socialización primaria? ¿Trabajo, quizás? Lo que es indiscutible es que la mujer está dándole al nene algo (tiempo, atención) que podría dedicarle a otras actividades y otras personas. Actividades como ir al cine, trabajar, estudiar una carrera. Personas como amigas, amantes, esposos. Es un ejemplo clásico de disyuntiva económica.

La disyuntiva en cuestión no es solo la de la mujer y su bebé. Es también la de los empleadores que tienen que decidir entre dos candidatos a un puesto de trabajo, uno de los cuales quizás deba ausentarse de su trabajo por siete meses por licencia de maternidad con goce de sueldo, mientras que el otro no. Uno podría preguntarse si a las mujeres les favorece desincentivar su inclusión en el mercado del trabajo formal con una medida importada de la Unión Europea. Pero no nos quedemos con esto solo.

La antropología económica ha constatado repetidamente que los grupos domésticos sistemáticamente subestiman el valor del trabajo de sus integrantes. Los productores agropecuarios y los campesinos no contabilizan el trabajo de sus familiares como sí lo hacen con el trabajo de sus empleados. En las ciudades tampoco se nos enseña a reconocer el valor económico de actividades cotidianas como lavar, planchar o cocinar. A algunos/as la disyuntiva económica solo les queda clarita cuando tienen que pagarle a alguien (generalmente una mujer) para que haga todas esas cosas por ellos/as.

Todo esto nos lleva más cerca de una perspectiva genuinamente antropológica: no se trata solamente de las decisiones de la empleada en blanco y de su empleador/a. Se trata también de la empleada doméstica – casi invariablemente en negro, a pesar de una iniciativa muy encomiable – que está completamente invisibilizada no solo en el artículo periodístico sino en la cabeza de los protagonistas más obvios del conflicto. ¿Como le afectaría a ella la extensión de las licencias de maternidad que nos presentan como una conquista de Las Mujeres?