Mímesis. La nota de tapa de la última revista Science (el descifrado del genoma del ganado vacuno) oscureció inevitablemente el resto de los contenidos. Entre ellos, una nota sobre los artefactos líticos encontrados en la arqueológicamente célebre isla de Flores, en Indonesia. Su fama, para los que no la recuerden, le viene del hallazgo en 2003 de restos óseos del Homo floresiensis (apodados “hobbits” por el nerdaje paleoantropológico en todo el mundo), un homínido de cerca de un metro de altura que tendría al menos 74.000 años de antiguedad.
Los restos más completos de Homo floresiensis están asociados con herramientas de piedra, y fueron encontrados debajo de una toba volcánica datada en 12.000 años. Por encima de esta, se encontraron enterramientos de humanos modernos junto a más herramientas. Lo notable es que las herramientas de los Homo sapiens de Flores exhiben continuidad con las de los floresiensis, quienes poseían un cerebro extraordinariamente chico. Según Moore, el arqueólogo que dirigió el análisis de los líticos,
“The striking thing to me is the degree of similarity in the various permutations [combinations of techniques]. I can see how different hominist might converge on the techniques themselves, but I find it more difficult to understand how those permutations could be so similar without more direct observation or interaction”.
Aunque la mayoría de los arquéologos parece estar de acuerdo en que homínidos con una masa encefálica tan pequeña como los Homo floresiensis, la hipótesis de que los humanos modernos hayan imitado a los hobbits ha encontrado mucha resistencia, al punto de que hay quien afirma que fueron los Homo sapiens quienes hicieron todos los restos – cosa imposible, dado que anteceden a las migraciones de nuestra especie al archipielago en varios miles de años.
En fin, la historia del narcisismo antrópico parece haber sumado un nuevo episodio.
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[x] Culotta, E. 2009. “Did humans learn from hobbits?”, En: Science, vol. 324, 24 de abril.
Nota: La existencia misma de los Homo floresiensis como especie aparte ha sido motivo de debates bastante intensos, con algunos académicos sosteniendo que los restos pertenecen a especímenes microcéfalos de sapiens. Claro que esas interpretaciones teratológicas ya se habían hecho de los restos de neanderthales, y la evidencia actual permite afirmar claramente que fue una especie distinta.