Grafos y accidentes

Mayo 3, 2009

Del estudio de caso y otros demonios

Archivado en: antropología, ciencia, investigación — Esteban S @ 3:48 pm

El estudio de caso da lugar a muchas distorsiones, al punto que en algunos círculos se ha convertido en sinónimo de laxitud metodológica. Es cierto que bajo ese término se parapetan trabajos carentes de cualquier valor científico, pero hay buenas razones para no extender ese juicio a todos los trabajos de este tipo, así me voy a tomar la molestia de rebatir algunos de los prejuicios que lo rodean.

Aunque pueden encontrarse algunos argumentos a favor de la dicotomía cualitativo / cuantitativo, también es cierto que tomársela demasiado en serio lleva directamente a muchos pseudoproblemas. Una vez puesta entre paréntesis esa precaución, paso al primer punto: el estudio de caso no implica la adopción exclusiva de técnicas cualitativas. Existen de hecho muchos trabajos de este tipo que emplean encuestas y cuestionarios para relevamiento, y que toman datos construidos a partir de variables de escala intervalar o racional. La bibliografía sobre empresas familiares es muy rica en ejemplos de este tipo.

Otro punto (conectado muy estrechamente con el anterior) es que una aproximación de este tipo no implica la adopción de un paradigma discursivo. Describir una cualidad es reconocer (implícitamente) un valor determinado de una variable que queda sin especificar, y que por lo general está estructurada de acuerdo a una escala nominal u ordinal. Variables de este tipo también tienen su uso en modelos formales. Muchos modelos microeconómicos, por ejemplo, definen la utilidad de manera ordinal.

Más allá de los dos puntos anteriores, muchos investigadores reconocen que los estudios de caso son valiosos en algunos contextos, pero creo que a veces se hace una evaluación errónea de cuales son las circunstancias que lo vuelven valioso. Se ha dicho, por ejemplo, que es conveniente ahí donde faltan datos estadísticos. No estoy de acuerdo. La falta de información previa a la investigación no determina la conveniencia de un diseño de investigación basado en el estudio de caso. El desconocimiento de los indicadores necesarios para dar una explicación causal sí. Creo que debería pensarse al estudio de caso como un paso inicial dentro de un diseño de investigación más amplio. La etnografía (una instancia de investigación mucho mejor adaptada al estudio de caso que al estudio con una muestra estadísticamente significativa), por ejemplo, puede ser muy útil para construir indicadores que un estudio de base estadística o un modelo causal puedan emplear productivamente.

¿Porqué tantos prejuicios y malentendidos? Unos cuantos le echan la culpa al cientificismo, el positivismo o a algún otro cuco. A mi me parece que la responsabilidad del ovillo que rodea al estudio de caso la tienen muchos metodólogos de nuestras ciencias sociales. Si les resulta una impresión arbitraria, los invito a pasar por el artículo de Wikipedia sobre estudio de caso – como verán bastante apuntalado por referencias, al menos para uno de los artículos de la versión en castellano – que sirven para decir cosas como que un estudio de caso puede servir para “confirmar teorías que ya se sabían”. Y bueno.

Abril 27, 2009

Semáforos y bengalas # 02

Archivado en: antropología, arqueología, ciencia — Esteban S @ 5:11 pm

Mímesis. La nota de tapa de la última revista Science (el descifrado del genoma del ganado vacuno) oscureció inevitablemente el resto de los contenidos. Entre ellos, una nota sobre los artefactos líticos encontrados en la arqueológicamente célebre isla de Flores, en Indonesia. Su fama, para los que no la recuerden, le viene del hallazgo en 2003 de restos óseos del Homo floresiensis (apodados “hobbits” por el nerdaje paleoantropológico en todo el mundo), un homínido de cerca de un metro de altura que tendría al menos 74.000 años de antiguedad.

Los restos más completos de Homo floresiensis están asociados con herramientas de piedra, y fueron encontrados debajo de una toba volcánica datada en 12.000 años. Por encima de esta, se encontraron enterramientos de humanos modernos junto a más herramientas. Lo notable es que las herramientas de los Homo sapiens de Flores exhiben continuidad con las de los floresiensis, quienes poseían un cerebro extraordinariamente chico. Según Moore, el arqueólogo que dirigió el análisis de los líticos,

“The striking thing to me is the degree of similarity in the various permutations [combinations of techniques]. I can see how different hominist might converge on the techniques themselves, but I find it more difficult to understand how those permutations could be so similar without more direct observation or interaction”.

Aunque la mayoría de los arquéologos parece estar de acuerdo en que homínidos con una masa encefálica tan pequeña como los Homo floresiensis, la hipótesis de que los humanos modernos hayan imitado a los hobbits ha encontrado mucha resistencia, al punto de que hay quien afirma que fueron los Homo sapiens quienes hicieron todos los restos – cosa imposible, dado que anteceden a las migraciones de nuestra especie al archipielago en varios miles de años.

En fin, la historia del narcisismo antrópico parece haber sumado un nuevo episodio.

[x] Culotta, E. 2009. “Did humans learn from hobbits?”, En: Science, vol. 324, 24 de abril.

Nota: La existencia misma de los Homo floresiensis como especie aparte ha sido motivo de debates bastante intensos, con algunos académicos sosteniendo que los restos pertenecen a especímenes microcéfalos de sapiens. Claro que esas interpretaciones teratológicas ya se habían hecho de los restos de neanderthales, y la evidencia actual permite afirmar claramente que fue una especie distinta.

Abril 5, 2009

Semáforos y bengalas # 01

Archivado en: ciencia — Etiquetas: — Esteban S @ 4:58 pm

Dormir, recordar, aprender. Hay momentos en los que me cuesta mucho dirigir mi curiosidad hacia algo productivo – llega, a veces, a amenazarme con convertirse en algo ingovernable, y por cierto se ha vuelto una especie de sarna con gusto, un vicio que algunos celebran y otros aprenden a tolerar.

Alguna vez sospeché que esa desviación podría tener algo que ver con el gran placer que encuentro en dormir larga y profundamente, así que sentí que mi intuición no era tan arbitraria cuando en La Nación ví un título que afirmaba que el sueño hace espacio dentro del cerebro para seguir aprendiendo, amparado en dos trabajos publicados el viernes en Science.

Leyéndolos me dí cuenta que los resultados ya eran bastante bien conocidos, y que lo original del trabajo es que el referente empírico de estas investigaciones fueron las famosas Drosophila melanogaster, moscas de fruta. Según uno de los artículos, los resultados de investigaciones precedentes sugieren que…

…periods of wakefulness are associated with a net increase in synaptic strength and that periods of sleep are associated with a net decrease. Sleep could therefore play an important role in renormalizing synaptic changes caused by learning during wakefulness (3).But how general is this finding, and does it apply to species with brains very different from those of mammals? Both plasticity and sleep are universal across animal species. If the opposing effects of wakefulness and sleep on synaptic markers reflect a fundamental function of sleep, they should also occur in nonmammalian species.
(…)
Sleep may thus play an important role in renormalizing synapses to a baseline level that is sustainable and ensures cellular homeostasis. Because similar changes appear to occur in phylogenetically distant species with different brain organizations, synaptic homeostasis may represent a cellular correlate of wakefulness and sleep that is conserved across evolution.

(G. Gilestro, Tononi, G. y Cirelli C.)

Quizás las moscas no sean capaces de convertir a la cognición en curiosidad, esta ruinosa pasión. Pero que una observación cotidiana de los asuntos humanos pueda llegar a apuntar a nuestro parentesco común con las moscas no deja de fascinarme.

Automatización y contingencia. En el mismo número de la revista Science hay una reseña sobre la experiencia de ADAM, el laboratorio automatizado que genera y contrasta sus propias hipotesis. Es un tema muy sugestivo, que ya ha motivado comentarios bastante airados. Entre ellos ya se han escuchado los típicamente reaccionarios y desinformados (“siempre habrá cosas que las computadoras no pueden hacer“), pero también algunos un poco más interesantes, como el de Andrea Gentil para Noticias, quien señaló que…

“No es raro que en ciencia un descubrimiento que nunca fue abra las puertas a otros que no se esperaban, y si no que lo cuente la penicilina, que según Alexander Fleming, su descubridor, nación a la luz del puro azar, gracias a unos cultivos bacterianos un mes olvidados en nombre de las vacaciones. ¿Que hubiera hecho ADAM? A menos que esté programado para considerar lo imprevisto, no mucho más que tirar todo a la basura.”

Más allá de que aborrezco la retórica de la serendpity (el término mismo me parece abominable) es cierto que fijar una arquitectura de la investigación que no permita la aparición de accidentes afortunados podría sea empobrecedor. Pero la contingencia es la madre de todas las cosas, e incluso si la investigación automatizada se generaliza y cierra el bucle de la investigación (al decir de Waltz y Buchanan, los autores de la comunicación a Science) dejando al investigador humano afuera, eso solo significará que los accidentes – tanto los fastos como los nefastos – serán distintos, pero jamás erradicados por completo. La automatización de las prácticas científicas dictaría nuevas reglas, abriendo un espacio de posibilidades donde amplias regiones serán catalogadas como “accidentes” por sus observadores. Podemos preocuparnos de cuales serían las consecuencias de los eventos que encontremos ahí, pero entretenernos con la fantasía de su erradicación es, en última instancia, un gesto de arrogancia y desmesura.

Semáforos y bengalas.

1. (lit.) Artefactos que transmiten información, emiten luces de colores, y son capaces de causar estragos o salvar vidas.

.2 Una sección aperiódica en Grafos y accidentes, en la que se abordan temas de actualidad e interés general.

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