Grafos y accidentes

Abril 22, 2009

Instrumentación

En antropología rural y económica se habla de toda clase de estrategias – domésticas, de consumo, matrimoniales, productivas, etc. – pero los intentos de hacer una instrumentación formal de este concepto se siguen haciendo esperar. Su sentido juego-teórico, por ejemplo, es prácticamente desconocido por la mayoría, con la sola excepción de unos pocos que intentan introducirlo en el campo de estudios.

Siendo parte de esa minoría, me encuentro con la doble tarea de instrumentar y de exponer ese instrumento. No es fácil, pero tengo la esperanza de poder hacer las dos cosas mediante una notación que vuelva la exposición y el trabajo de base más visuales. En términos teóricos, estoy tratando de dar con una forma de resolver las transiciones de maquinas de estado finito (con las que modelo explotaciones, familias y personas) a partir de instancias juego-teoréticas – o sea, por medio de interacciones estratégicas entre agentes.

Como todo esto suena odiosamente abstracto, pensemos desde un caso particular. Digamos que desde el fallecimiento de su primo, Pancho Steltzer viene trabajando solo con sus tres empleados. Sus dos hijos varones, Alfredo de 17 y Mariano, de 18, tienen que decidir que van a hacer de sus vidas. Por esas cosas de la cultura, Alfredito y Mariano reducen el horizonte de posibilidades a dos opciones: mudarse a otro pueblo a estudiar agronomía o ponerse a trabajar en la explotación familiar. La decisión que tomen va a afectar sus vidas, sus personas, y – claro – el estado de la explotación.

Ahora, más allá de las consecuencias para Pancho y su explotación, al momento de tomar esta decisión a sus hijos no les da lo mismo lo que haga su hermano; atribuyamosle entonces una ordenación de las preferencias según la cual ambos preferirían ir a estudiar juntos, estudiar solo, trabajar solo en la explotación y trabajar juntos en la explotación – en ese orden.
El diagrama que sigue debería funcionar como referencia para una notación:

notacion1

Una vez definidas las variables, tenemos un conjunto de estados posibles. La transición de uno de esos elementos a otro está determinada por las decisiones que tomen dos o más agentes en cada instancia de juego. En el caso de Alfredo y Mariano se trata de un juego intrageneracional que determina transiciones relativas a la cantidad de trabajo familiar que se volcarán al ciclo productivo. Cada celda en la matriz de resultados de los juegos incluye el resultado para cada uno de los agentes, pero también una transición para el estado del sistema en cuestión.

Si nos pusieramos ambiciosos tomaríamos en cuenta que a lo mejor Alfredito y Mariano no son iguales a ojos de Pancho. Por ahí Alfredito es bastante dado a la escandalosa disipación mundana y conviene mantenerlo con correa corta. Todo esto se podría contemplar en un modelo formal, claro. Siendo los roles (productor, hijo de productor, esposa, etc.) secuencias ordenadas jerárquicamente de atributos, habría que incluir también en las matrices de resultados la adquisición de atributos que permitan la eventual investidura de distintos roles. Pero tanto detalle complicaría la exposición de la técnica. Además, el propósito de estas modelizaciones no es formalizar en su detalle más exquisito una situación particular, sino asegurar un rendimiento que permita hacer explicaciones sobre el objeto referido.

Además de ser un buen ejemplo para el uso de esta posible notación, el caso también permite demostrar la inadecuación de definir a la explotación familiar en términos de la proporción existente entre trabajo familiar y trabajo asalariado. En no pocas explotaciones agrícolas los familiares aportan más trabajo que los empleados, pero hagamos abstracción de eso y supongamos que todos aportan la misma cantidad de trabajo al ciclo productivo. Si tomamos el criterio indexical (Exp. familiar ↔ Trab. familiar / Trabajo total ≥ 0,5) la explotación de Pancho (recordemos que trabaja solo junto a sus tres empleados) no es familiar y solo llegaría a serlo si sus dos hijos se ponen a trabajar con él. Por eso propongo un criterio estructural; según este una explotación es familiar si está estructurada por roles en los que las relaciones de parentesco, afinidad y/o corresidencia son pertinentes.

Para no dejar el post demasiado largo voy dejar para otra ocasión algunas de las dificultades que hay que superar para plantear los problemas de esta manera. Abrazos.

Edit: Recién ahora me doy cuenta de que en el cuadro inferior derecho de la matriz tendría que haber puesto inF. Y bue´.

Edit (2): …y que la homeostasis debería graficarse como una transición a otro estado con la misma denominación; con el bucle da la impresión de que el juego se repite, y no es así.

Marzo 28, 2009

CALAAR IV – Un balance

Archivado en: antropología, antropología económica, el gremio, estudios agrarios — Esteban S @ 3:01 pm

Ayer terminó el cuarto congreso argentino y latinoamericano de antropología rural. La organización fue responsabilidad no solo del NADAR sino también del INTA, hecho que se evidenció muy profundamente en la extracción profesional de los participantes, muchos de ellos ingenieros agrónomos.

Las oportunidades para debatir sobre los últimos acontecimientos se concentraron en los paneles. Durante la primera mesa, enfocada sobre las variaciones regionales que presenta el agro argentino, se hizo referencia al conflicto agrario, con algunos argumentos fundados en una contraposición entre dos racionalidades productivas – una específicamente campesina y otra capitalista y acumulativa –, un tópico que ocasionalmente se oye en antropología rural. Desde esa base Hocsman criticó a las entidades pampeanas de excluir un modelo de producción campesino e indígena, quienes se habrían arrogado falsamente la representación de todos los actores sociales agrarios. El comentario más interesante de ese primer intercambio fue el de Slavutzky, quien advirtió que las agroindustrias regionales (tabacaleros, azucareros, etc.) tienen lobbies maduros y firmemente arraigados, mientras que las corporaciones pampeanas vienen a ser unos pollos nuevos sin experiencia política. Creo que no exagero si digo que reconocer eso es clave para pensar la recepción extrapampeana del conflicto.

El segundo panel se centró en uno de los ejes principales del congreso: la interdisciplina en el desarrollo rural. Además de la importante presencia de los ingenieros agrónomos, podían encontrarse muchos antropólogos, sociólogos y geógrafos dedicados a la extensión rural, por lo que el panel fue bastante concurrido.

A nivel del congreso entero, me llamó mucho la atención la ausencia de reflexiones sobre la crisis económica mundial y la consecuente caída de los precios de las commodities. De manera consecuente a esta omisión, las ponencias presentadas se refirieron al proceso de la frontera agraria en términos que eran habituales dos años atrás – no ya en el grupo de trabajo de organización familiar, donde participé, sino incluso en el de economías rurales.

Me temo que el sesgo disciplinar que mencioné en el post anterior nos está jugando mal en este contexto. Espero que esta observación me sirva de manera autocrítica, así que intentaré a partir de este año poner el modelo de ciclo doméstico y de explotación familiar en los que estuve trabajando al servicio de explicar los macroprocesos que como gremio estamos ignorando.

Un saludo grande.

Marzo 25, 2009

El tiempo oportuno

Archivado en: antropología, el gremio, estudios agrarios, política — Esteban S @ 7:50 pm

Hace solo unas horas que llegué a Mar del Plata para participar del congreso de antropología rural organizado por el NADAR. No podría haber sido más oportuno. A un año de los acontecimientos que convirtieron a los agricultores pampeanos en actores políticos decisivos (a pesar de una larga y notoria crisis de representatividad de sus corporaciones), la academia ha tenido tiempo para calibrar su atención sobre la región pampeana.

Es probable, sin embargo, que existan algunos factores que obstaculicen un debate fructífero sobre estos problemas. En este momento se me ocurren dos:

  • El gremio ofrece juegos muy lentos. La duración de una investigación académica suele rondar los tres años, y cuando un oficial o un maestro interioriza estos plazos demasiado profundamente su curiosidad puede resentirse. Se arriesga así a perder la flexibilidad y voracidad intelectuales que requiere la comprensión de un contexto tan cambiante.
  • La antropología suele enfocarseen lo que el sentido común considera marginal, exótico, lejano y anómalo. En los estudios rurales argentinos, eso generalmente se traduce en enfocarse en los campesinos de regiones extrapampeanos en vez de los productores capitalizados pampeanos. Existen muy buenas razones para que los antropólogos hagan esto, pero en no pocos casos esta particularidad de la definición del objeto antropológico hace perder la perspectiva de procesos más amplios.

El último punto es tanto un peligro como una fortaleza. El estudio de las economías regionales extra-pampeanas puede resultar muy importante por razones que exceden el estrecho horizonte de las elecciones de junio.

La sequía dela campaña 2008-2009 está siendo vista como el comienzo de una transición hacia una fase seca que comenzará como tal alrededor del 2025. Más allá de la retracción de la frontera agraria – que muchos consideran inevitable – las potenciales respuestas a este cambio climático dependerán de las características sociales, políticas y económicas de cada región.

Mi esperanza es que logremos aprovechar la oportunidad de este congreso para evitar las trampas de la inmediatez periodística y la pedantería académica mirando a los desafíos que se presentarán en el mediano y largo plazo.

Los mantendré avisados. Un abrazo.

Diciembre 19, 2008

Balance del año: El agro según el gremio

Archivado en: antropología, el gremio, estudios agrarios, libros — Etiquetas: — Esteban S @ 11:04 am

El año ya se termina, así que en vez de cumplir con mis responsabilidades me estuve dedicando a hacer retrospectivas. Y como el ámbito rural argentino estuvo bastante convulsionado este 2008 me parece que podríamos ver que estuvimos haciendo los antropólogos todo este tiempo.

Hoy como ayer, a Bourdieu todos lo citan pero casi nadie le hace caso: Las reflexiones teóricas se siguen haciendo separadas de las investigaciones empíricas, así que los escasos trabajos de este tipo publicados este año (me vienen a la cabeza la publicación de Corrientes teóricas en antropología de Reynoso [1], y una compilación de ensayos un poco esotéricos de Renold [2]) no corresponden a un balance de un campo específico de la antropología como sería rural. Una excepción de interés fue la de Baranger, quien junto a algunos de sus oficiales fundamentó una aproximación descriptiva y estadística a las explotaciones familiares misioneras sobre la base teórica de los tipos ideales weberianos. Lo hizo, vale la pena mencionarlo, en uno de los dos libros de antropología rural publicados en Misiones este año, ambos compilados por Gabriela Schiavoni [3]. Que una región periférica y caracterizada por una colonización agrícola relativamente tardía sea objeto de un programa tan activo de investigación antropológica no es nada raro; la meta de nuestra disciplina siempre fue la de advertir la contingencia de lo que pensábamos natural y necesario, y para lograrlo hace falta ir a mirar en las fronteras, en las periferias, en los rincones – por eso, y por la excelente formación de los antropólogos misioneros es que siempre me resulta de mucha utilidad contrastar mi propio trabajo en la región pampeana con lo que pasa allá. No es casualidad que el CAAS en Posadas haya sido el evento del año. Hubo una gran concurrencia, paneles interesantes y una mesa de antropología rural bastante concurrida y activa; por no decir que estuvo organizado a la perfección. Sobre las jornadas de investigación porteñas no me puedo explayar tanto, porque solo estuve en dos de las tres sesiones de la mesa de rural y me perdí todo el resto.

Este año también se publicó un grueso volumen titulado Pasado y presente en el agro argentino [4], que tiene el mérito de dar un panorama sintético de los programas de investigación vigentes. Entre los más de treinta autores reunidos se encuentran varios antropólogos: Renold y Lattuada, dos maestros del gremio bien conocidos en lo relativo a cooperativismo, Guido Galafassi – el director de la revista Theomai - escribe sobre los movimientos centrales extrapampeanos, y Makler, un oficial que ofrece una guía a los discursos de las corporaciones rurales sobre los derechos de exportación.
En otras disciplinas hubo unos cuantos a los que el conflicto no los agarró dormidos. Además de publicar La rebelión del campo, Barsky participó en la publicación de los resultados de un proyecto de desarrollo rural colosal junto a Schejtman [5]. Por lo que pude ver los investigadores que intervinieron han hecho esfuerzos para superar los problemas planteados por el desarrollo rural. Desgraciadamente los resultados del proyecto se remiten a la SAGPyA, lo que no permite suponer que vayan a ser instrumentados en ninguna política económica para el sector rural.

Mientras tanto siguen cobrando fuerza los planteos que hablan de una desaparición de la agricultura familiar y del mundo chacarero en la pampa húmeda. Mi opinión respecto a esos planteos es un poco compleja, desgraciadamente. Para resumirla en pocas palabras diría que desde ciertos criterios indexicales la agricultura familiar está desapareciendo; desde un criterio estructural no. En cambio la desaparición del modo de vida chacarero – entendida como la residencia rural, la producción de bienes para el autoconsumo y todos los correlatos culturales de dichas condiciones – es indiscutible, y en eso poco se puede añadir a lo que viene haciendo Javier Balsa.

Escuchando en las jornadas porteñas la ponencia de dos aprendices sobre como se vivió el conflicto agrario en un municipio bonaerense, me dio la impresión de que los tiempos de los programas de investigación son muy lentos. Encima, los oficiales y maestros que tienen una vida muy activa dentro del gremio generalmente son renuentes a dispersarse en las fuerzas vivas de la historia. Quizás eso explique porque las voces de los historiadores, sociólogos y antropólogos rurales hayan confluido en un murmullo, silenciado por los diletantes que encontraron lugar en los medios de comunicación. Esta actitud es razonable si nos permitiera un mayor maduramiento metodológico. Pero no estoy seguro de que ese haya sido el caso. Tomemos a los economistas. Sin duda han tenido una participación más clara en estos temas que los practicantes de otras disciplinas, cosa que puede constatarse mirando no solo a los medios tradicionales, sino también a los blogs. Finanzas públicas, La ciencia maldita, El abuelo económico, Homoeconomicus y Elemaco y Genérico cubrieron el conflicto aportando datos, arriesgando interpretaciones y debatiendo activamente. Frente a esto, los antropólogos, sociólogos e historiadores agrarios, ¿podemos justificar nuestra escasa presencia con algún refinamiento de los métodos y los resultados?

Más allá de que me gustaría ver cierta agilidad periodística entre los académicos, lo cierto es que también necesitamos adoptar nuevas herramientas intelectuales. El 2009 pinta mal para todo el mundo, y mejor que no nos agarre con las manos y las cabezas vacías.

[1] Reynoso, C. 2008. Corrientes teóricas en antropología. SB.
[2] Renold, J.M. 2008. Antropología social. Relecturas y ensayos. Biblos.
[3] Bartolomé, L. y G. Schiavoni. 2008. Desarrollo y estudios rurales en Misiones. Ciccus; Schiavoni, G. 2008. Campesinos y agricultores familiares. Ciccus.
[4] Balsa, J., G. Mateo y Ma.S. Ospital. 2008. Pasado y presente en el agro argentino. Lumiere.
[5] Schejtman, A. y O. Barsky. El desarrollo rural en la Argentina. Siglo XXI

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