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La pregunta por la ontología (I) / Modelado por antiobjetos

Publicado en filosofía, técnica el Noviembre 27, 2009 por Esteban S

Cierto artículo que leí hace poco me dio ganas de seguir con el problema de la ontología de lo social que mencioné hace unas semanas.

En él, Alexander Repenning, quien se dedica a la psicología y la pedagogía de la programación, presenta su idea de los antiobjetos junto a una aplicación llamada difusión colaborativa. Esta última es implementada en la inteligencia artificial de juegos sencillos; entre ellos, uno de fútbol. Frente al desafío de crear un juego sobre este deporte, los chicos con los que trabaja Repenning intuitivamente se enfocan en los jugadores, planteándose el problema de darles una inteligencia artificial convincente. La pregunta que inaugura a los antiobjetos es la siguiente: ¿y si ese resultado pudiera conseguirse de manera más eficiente apelando a factores externos a los jugadores, y sin correlatos observables, casi enteramente ficticios?

Que la pelota o el campo sean los depositarios de las principales actividades que guían al juego es absurdo. Y sin embargo, Repenning logró armar desde esas premisas una representación verosímil de un partido de fútbol: los jugadores se la pasan a quien está menos cubierto, tiran directo al arco cuando todos los de su equipo están marcados, etc.

Esta inversión contraintuitiva entre lo que está en primer y segundo plano es lo que Repenning llama un antiobjeto.

La idea abre algunas cuestiones filosóficas y metodológicas interesantes, que el autor intenta cerrar afirmando que cualquier extrapolación a fenómenos empíricos es improcedente:

“(u)na limitación intrínseca de este marco es que se aplica solamente al mundo de lo artificial, donde la computación es empleada a discreción del desarrollador y puede ser puesta en cualquier lado. No hay equivalente en el mundo real. Los campos de fútbol y el aire que rodea a los pájaros no participan en ningún tipo de computación que nos sea accesible”. (Traducción mía).

¿Qué tan válida es esta objeción?

Grafos y accidentes

Publicado en antropología, estudios, filosofía, investigación, nemética, riesgo e incertidumbre el Junio 11, 2009 por Esteban S

Era una fría mañana de junio; el sol no terminaba de salir y el aire estaba cerrado por la neblina matinal. Sobre el tramo de la 33 que va de Casilda a Firmat alguien había prendido fuego a unos pastos naturales, empeorando todavía más la visibilidad. Darío, ingeniero, se dirigía a Chabás en su auto. La camioneta frente a él se le apareció de golpe; detenida sobre la ruta, sin luces traseras siquiera. No alcanzó a ver nada más.

Aunque ambos pertenecen al pensamiento forense, hay un punto fundamental en el que se distinguen la investigación de accidentes del peritaje penal. Mientras el segundo se remonta hasta una responsabilidad individual para finalizar en ese punto la indagación, la primera sitúa al evento en un espacio de posibilidades más amplio con el objetivo de introducir un cambio que vuelva imposible o más improbable su repetición. Aunque las instituciones intervinientes son distintas, ambos tienen que lidiar de una manera u otra con la dinámica retributiva de la violencia.

Frente a un evento de grandes dimensiones, de cobertura mediática mundial, y de consecuencias gravísimas para tantos, una hipótesis que refiera a factores humanos parece un intento apresurado de resolución moral y económica que evite los altos costos de una búsqueda de las root causes bajo el ojo público. Desgraciadamente lo mismo se aplica a menor escala pero con una frecuencia muchísimo más alta en el ámbito del transporte automotor.

¿Quien fue el culpable de que Darío muriera? ¿El dueño de la camioneta sin luces de posición? ¿El que tuvo la idea de hacer una quema de pastizales a la madrugada? ¿El mismo, por no haber reducido lo suficiente la velocidad? Estas son preguntas morales. Toman lo sucedido y descartan todo lo demás. Dejan de lado todo lo que era posible en el momento del accidente, identificando lo existente con lo real. Con ellas no se puede introducir un cambio para salvar vidas.

Pongámonos analíticos. Tomemos solamente los factores presentes en la narración del accidente de Darío sin examinar demasiado los supuestos. Las condiciones de frontera de la situación son: 1. una ruta, 2. un número indeterminado (aunque mayor a dos) automotores, 3. una condición ambiental antropogénica, producida por un productor ganadero, y 4. una condición ambiental no antropogénica; la niebla. Estos elementos definen un espacio de posibilidades en el que se encuentra al menos un desenlace que cabe llamar accidente.

accidente

El esquema resultante aísla factores que pueden ser objeto de intervenciones puntuales y que estarían ausentes en una consideración exclusivamente jurídica o moral. A esto, sin embargo, hay que añadirle de inmediato dos cosas: las instituciones encargadas de intervenir sobre estos factores (municipios, comunas, policía y agencias provinciales de seguridad vial, principalmente) obviamente no han estado haciendo su trabajo, lo que amerita sin duda una intervención por parte de la sociedad. Pero también hay que hacer una consideración de otro orden. Incluso si todos estuvieran haciendo su trabajo correctamente existiría no solo la posibilidad sino también una probabilidad bastante elevada de accidentes debido a factores no manipulables, como la niebla, y a los condicionantes técnicos intrínsecos al transporte automotor. Se trata de la contingencia supraordinada del esquema del accidente, y está constituida por supuestos que, debido a su precedencia causal y lógica, son excluidos de la formulación de un problema.

Claro, se nos ha convencido de que restaurar el ferrocarril es un anacronismo, por lo que dejamos de pensar el problema de los accidentes de transito a esta escala. Se prefiere, en cambio, hablar de la psicología del conductor, porque entonces los costos de una intervención pueden reducirse convenientemente a campañas de concientización, un poco inferiores a los de efectuar obras de infraestructura a lo largo de todo el país.

Esta es una de mis convicciones más profundas: que no planteará correctamente problemas quien no reconozca la autoridad local de la necesidad y el imperio universal de la contingencia.

La contingencia es la madre de todas las cosas

Publicado en estudios, filosofía, riesgo e incertidumbre, técnica el Abril 14, 2009 por Esteban S

Mi interés por los sistemas de transiciones y otras herramientas de modelado vino a partir del uso casi accidental de combinatoria elemental y grafos en mis primeros trabajos, pero también de una curiosidad más filosófica por las implicancias de las categorías de necesidad y contingencia para la práctica científica y para el conocimiento en general. Así fui aprendiendo que algunos objetos matemáticos sencillos pueden ser muy útiles para explorar los estados posibles de un sistema. Un ejemplo de esto es lo que llamo un diagrama posibilístico: la representación gráfica de un grafo dirigido en el que cada nodo representa una determinada combinación de valores, y cada arista una transición de estado. Me voy a permitir ensayar un ejemplo de aplicación sobre uno de los casos presentados por Kletz en su libro Learning from accidents, que me gustó un montón. Desde ya, cualquier corrección u observación técnica será muy bienvenida.

Imaginemos un sistema técnico sencillo. Estamos en una refinería, en el sector en el que se almacenan provisoriamente en grandes tanques algunos hidrocarburos antes de ser reprocesados. Los fluidos son volátiles, con un punto de inflamabilidad (o flash point) a una temperatura cercana a la ambiental.

Esa descripción hace a las constantes del sistema técnico si asumimos (arbitrariamente, claro) que no pueden ser cambiadas. Podemos llegar a pensar que es inconcebible que la refinería no tenga un buffer de semejantes dimensiones, o que no haya una refinería ahí en primer lugar En fin, asumimos que todo eso es invariante y lo colocamos en el ámbito de la necesidad estructural de un modelo. En ese mismo nivel encontramos también las variables pertinentes al sistema, cuyos valores son contingentes. Para los fines de un modelo de juguete que permita ilustrar la técnica, hagamos de cuenta que hay solo cinco variables con dos valores posibles para cada una:

Ta : Temperatura ambiental (por debajo / por encima del umbral)
Tp : Temperatura de los fluidos (por debajo / por encima del umbral)
C : Presencia de una capa estabilizadora de nitrogeno en los tanques (ausente / presente)
M : Modo de suministro (volcado / a presión)
I : Presencia de una fuente de ignición fuera de los tanques (ausente / presente)

espacio_estados2

El diagrama fue fruto de un rapto de inspiración. Para serle fiel a las musas decidí no ahogarlo con algún descuidado hábito de exhaustividad.

Así tendríamos que 25= 32. El espacio de estados es un conjunto con 32 elementos. También dentro de la NE encontramos a las acciones, o transiciones. En este caso abarcan factores de carácter heterogeneo; entre ellos, el olvido de usar una capa de nitrógeno para estabilizar los hidrocarburos (un método actualmente considerado primitivo, pero efectivo), o la decisión de llenar los tanques por volcado a cielo abierto, etc.

Con esto ya podemos dibujar un grafo con los nodos representado estados y las aristas haciendo de transiciones.

Para que todo reviente hace falta que se conjuguen los siguientes factores: la temperatura del tanque tiene que estar por encima del umbral, el suministro se hace por volcado, y existe una fuente de ignición en las inmediaciones del tanque. Así que los estados peligrosos son E18 y E19, pero también E22 y E23, porque el nitrógeno del tanque no detiene la ignición. Lo que hace es prevenir las transiciones 5→7, 13→15, 21→23 y 29→31; o sea, evita que la temperatura ambiental haga subir la temperatura de los tanques por encima del umbral.

Diagramarlo de esa manera permite examinar visualmente el espacio de posibilidades – uno de los correlatos de la contingencia subordinada de un modelo o de un sistema. Cuando las variables tienen un rango apenas un poco más amplio ya se vuelve inmanejable sin herramientas de visualización computacionales, pero eso no es lo más importante. Lo más importante es que el planteo del problema, que se presenta como necesario para el examen de todos los eventos posibles desde una definición, es en sí misma contingente. La explosión de los tanques podría haber sido causada por otro factor, y todos nuestros esfuerzos analíticos habrán sido en vano si no podemos sospechar la importancia del entorno no modelizado.

Incluso en un pedestre caso de ingeniería forense que cualquier filósofo desdeñaría se asoma la perturbadora intuición de la primacía de la contingencia.

¿Sos construccionista?

Publicado en filosofía el Febrero 28, 2009 por Esteban S

En un comentario a mi post anterior, el irrefrenable Charlie Boyle nos confesó su conversión al construccionismo radical. Creo que hablo por todos nuestros lectores cuando deseo que se trate de un desafortunado exabrupto, porque de lo contrario – y teniendo en cuenta que su profesión es la ingeniería – probablemente haya vidas en peligro.

Así que Grafos y Accidentes se propone prestar un servicio público presentando un test para determinar cuan construccionistas somos en el fondo. Como la epistemología no es lo mío, le prestaré oídos a Ian Hacking a los fines de organizar la evaluación.

Resulta que una postura construccionista pasaría según Hacking por tres puntos conflictivos: por la aceptación de una tesis de la contingencia de los desarrollos científicos, por un nominalismo epistemológico, y por adoptar un punto de vista externo respecto a la estabilidad de los paradigmas. ¿Bastante denso, no? Voy a detallar.

En este contexto por contingencia se entiende que los resultados de la empresa científica no están predeterminados por una realidad externa al investigador, su programa de investigación y la institución científica, sino que dependen de un “ajuste robusto” entre los aparatos de medición, los presuposiciones, teorías y técnicas de análisis de datos; todos elementos ciertamente contingentes históricamente.

Resumiendo (y espero que no mutilando) muchísimo las cosas, el nominalismo es una postura filosófica según la cual existe una diferencia ontológica fundamental entre las entidades particulares y los universales – para un nominalista las primeras existen, mientras que los segundos no son sino débiles intentos de representar el mundo. Hacking le atribuye al construccionismo una metafísica nominalista por la importancia que cobra la experiencia y la interacción con las entidades desde esa posición.

Uno de los factores que condujeron a las llamadas science wars de los noventas fue la malinterpretación de las explicaciones externas de la estabilidad de las prácticas y los resultados científicos. Me explico: los infaltables en cualquier curso básico de epistemología (Kuhn, Popper) son autores que estaban dedicados a explicar el cambio en la ciencia. ¿Pero que pasa con la estabilidad? Las ciencias son más brutales con su pasado que las humanidades – ese es uno de sus mayores méritos – pero vemos ahí que la segunda ley de termodinámica sigue siendo tan válida como desde el momento en que fue formulada, y que el experimento sigue siendo regla ahí donde es posible. La perspectiva de autores como Latour y Pickering sobre esta estabilidad se fijó desde fuera de la doxa científica, y eso les valió muchas desafortunadas malinterpretaciones – entre científicos, pero también entre los oscurantistas académicos.

Ahora que tenemos una idea de cuales son los puntos conflictivos (y característicos) del construccionismo, podemos participar en el desafío Hacking; en sus palabras:

“Los tres puntos conflictivos constituyen una lista de control. ¿Dónde se sitúan ustedes en la cuestión de la construcción social? Puntúense de 1 a 5, donde 5 quiere decir que se adhieren con fuerza al bando construccionista y 1 lo contrario. Por ejemplo, según mi lectura de Kuhn, su puntuación es 5, 5, 5. A continuación sigue mi propia puntuación, tan desalentadoramente ambigua como era de esperar. Hagan ustedes la suya.

#1 Contingencia: 2.
#2 Nominalismo: 4.
#3 Explicaciones externas de la estabilidad: 3.” [1]

[1] Hacking, I. 2001 ¿La construcción social de qué? Paidós. Barcelona.

Describir ≠ Explicar ≠ Predecir

Publicado en antropología, filosofía, investigación, libros el Febrero 23, 2009 por Esteban S

Durante los últimos libros estuve ojeando un ensayo metodológico con el sugestivo título de Making social sciences more scientific – The need for predictive models [1] escrito por Rein Taagepera, un físico de formación devenido politólogo.

El desafío es claro. Desde su perspectiva las ciencias sociales actuales son en el mejor de los casos solo parcialmente científicas debido a la ausencia de una búsqueda de estructuras matemáticas para articular los datos. Esto debería hacerse mediante la elaboración de modelos, cuyos objetivos – y en esto radica el núcleo de la propuesta – serán esencialmente predictivos.

Plantear el problema de la cientificidad de las ciencias sociales en esos términos tiene sus méritos en el ambiente estadounidense, donde se siguen contraponiendo abordajes cualitativos y cuantitativos sin apartarse ninguno de los dos términos de un programa exclusivamente descriptivo.

Espero no estar malinterpretando los planteos de Taagepera, pero me parece que el problema fundamental en su postura es que no contempla la posibilidad de un programa que se proponga explicar sin predecir.

A lo mejor soy solo yo, no sé. Pasa que el 2008 me dejó una desconfianza (que considero muy saludable) respecto al potencial predictivo de los modelos en las ciencias sociales. No creo por eso estar participando en una secesión epistemológica, de esas que entusiasman tanto a los oscurantistas académicos. Me refiero a la necesidad de distinguir entre la adecuada explicación de un fenómeno y un modelo aplicado a la predicción del comportamiento de un sistema.

Los modelos metereológicos, por ejemplo, pueden explicar muy bien como se forma una tormenta, pero no dan muchos detalles sobre cuando se va a dar una de acá a una semana; y ni hablar de predecir infaliblemente el curso de un huracán. La teoría de la evolución nos muestra cuales son los mecanismos por los cuales se da la especiación, pero no puede predecir donde y cuando aparecerá un nuevo patógeno. ¿Esas dificultades hacen de la meteorología y la biología evolutiva ciencias blandas? Me parece que no.

Ahora, no me engaño. Las ciencias sociales realmente necesitan replantearse muchos problemas, desde algunos elementales (como, digamos, responder sin dar vergüenza ajena que es lo que hacen los científicos) hasta otros no tan elementales (¿Cuáles son los criterios formales y empíricos que debe cumplir un modelo para aspirar a la predicción de un fenómeno social?). Pero creo que para ir contestándolas hace falta tener claro que confundir explicación y predicción hace más mal que bien.

Por lo demás, en el ámbito de las ciencias sociales argentinas esta clase de argumentos son muy susceptibles de ser utilizados oportunistamente para denostar la inclusión de la estadística en la formación de grado, o para justificar un rechazo a las aproximaciones cuantitativas. Una traducción del libro de Taagepera necesitaría un prologuista atento a las particularidades de la academia argentina; algo similar al comentario de Gino Germani a La imaginación sociológica de Wright Mills. ¿Habrá alguien que esté a la altura?

[1] Taagepera, R. 2008. Making social sciences more scientific. The need for predictive models. Oxford University Press.

Lo falso y lo indecidible

Publicado en antropología, filosofía, política el Febrero 11, 2009 por Esteban S

Como parece inevitable honrar la vieja tradición latinoamericana de importar acríticamente debates e ideas que solo tienen sentido en un contexto muy determinado y muy ajeno, en las últimas semanas empezó a aparecer en los blogs, en el mercado editorial y en las conversaciones de todos los días un nuevo tema: creacionismo vs. teoría de la evolución.

Les voy a contar algo. En realidad no es un tema tan nuevo. Algunos científicos estadounidenses han tenido que perder mucho de su valioso tiempo luchando contra un fanatismo religioso que emplea su pobreza teológica para provocar. Así se ha producido una reacción cientificista que es perjudicial a la ciencia misma. Me refiero a una ideología científica, que es algo muy distinto a la ciencia. Me refiero a ensayistas mediocres como Hitchens y a científicos devenidos profetas como Dawkins, que saltaron de la cuestión del creacionismo a la cuestión de la existencia de Dios.

Resulta que hay una diferencia muy importante entre plantear la existencia de Dios y plantear que la complejidad biológica requiere una super-persona que la haya diseñado. La primera es indemostrable, mientras que la segunda es simplemente falsa. No hace falta que alguien diseñe algo para que sea complejo. En distintas ramas de las ciencias y la ingeniería, por ejemplo, se están empleando los algoritmos evolutivos, que son heurísticas de optimización inspiradas en la evolución biológica. Es bastante extraño que precisamente en un momento en el que los diseñadores dependen cada vez más de la evolución para solucionar problemas complejos nos vengan con que es imposible que la complejidad no haya tenido un gran diseñador. No está de más advertir también que desde un punto de vista filosófico el creacionismo y su variante pseudocientífica, el diseño inteligente, evidencian una incapacidad de pensar en términos de procesos causales sin referirse a agentes con volición propia.

En fin, todavía estamos a tiempo para demostrarnos a nosotros mismos que no somos unos imbéciles que adoptan modas viejas de los países centrales que no vienen a solucionar (sino a crear nuevos) problemas. Del creacionismo deberíamos reírnos como lo hacemos de esos productos estadounidenses tan locales y ridículos que no pueden exportarnos; como los monster trucks, el Nashville sound, o las competiciones de strongmen.

¿Y la existencia de Dios? Cualquier científico sabe que no se puede probar la no existencia de algo. Y desde la ciencia sigue siendo, claro, una hipótesis de la que podemos prescindir. ¿Hace falta decir algo más al respecto?

Mis agradecimientos al postino, cuyo comentario en el blog de Coki me motivó a escribir este post.

El pensamiento conjuntivo

Publicado en antropología, filosofía el Enero 29, 2009 por Esteban S

Una de las razones por las que se me ocurrieron las categorías de la contingencia ordinal ha sido la ubicuidad de ese vicio intelectual que consiste en rechazar el ceteribus paribus (y con él la investigación experimental, claro), el análisis y la modelización aduciendo que “dejan demasiadas cosas afuera”. Aunque a esta objeción la usan muy seguido los oscurantistas, no quiero distraerme con eso; lo que me interesa es ver cuales son los alcances y las limitaciones de la forma de pensar alternativa a la que me gusta denominar el pensamiento conjuntivo.

Elegí esa forma de llamarla porque la operación empleada para articular los distintos elementos de un modelo, sistema, etc. es precisamente la conjunción. Es un pensamiento que aborrece quedar confinado en los límites de un modelo, y que intenta solucionar eso introduciendo al ámbito de la necesidad estructurada nuevos elementos, que anteriormente pertenecían a la contingencia supraordinada.

Hay un par de ejemplos de pensamiento conjuntivo que me parecen ilustrativos:

La descripción densa, ese palito que tantos antropólogos/as pisaron (y siguen pisando en la periferia, donde todavía creen que Geertz es copado y actual), es pensamiento conjuntivo de cuarta, porque los elementos que conjuga son “significados” que el observador atribuye a los demás arbitrariamente, sin ningún procedimiento de validación. En “Deep play: notes on the balinese cockfight” (la famosa riña de gallos) Geertz acumula, yuxtapone, enumera sin preocuparse jamás de organizar el amasijo de generalizaciones torpes [1], analogías culturosas y traídas de los pelos [2] y listas espurias de todas las cosas a las que supuestamente refiere la riña de gallos.

Un caso que habla mucho mejor del pensamiento conjuntivo es el de Eric Wolf en su Europa y la gente sin historia (al menos así es como algunos palurdos tradujeron el título original de Europe and the peoples without history). Ahí tenemos a un antropólogo que se lanza a la titánica tarea de describir las conexiones existentes a escala global a partir de 1400 que culminan en la generalización del modo de producción capitalista en el mundo. Subrayo conexiones – y a n0 confundir con relaciones; frente a la magnitud de la empresa Wolf reconoce que no puede precisar la naturaleza de las relaciones que actuaron en ese proceso, y por eso elige un operador mucho más inespecífico.

También son conjuntivas las exaltaciones del contexto (ubicuas en las ciencias sociales), las chapuzas conceptuales de Morin (“meta-sistema”, “principio de auto-eco-organización”, etc.) y el uso de articulación como operador en historia, estudios culturales y ciencias sociales.

Una definición formal del pensamiento conjuntivo sería la siguiente:

conjuntivo02

Pero, ¿que valor tiene n? Sea que estés estudiando un juego de cartas o un sistema solar binario, el número de elementos que conforman la contingencia supraordinada de un objeto, modelo, sistema o estructura es indecidible, así que el punto en el que el pensador conjuntivo se detiene es necesariamente arbitrario. En otras palabras, si todo te parece importante ¿cuando parás? ¿cuanto tiempo necesitás para llegar a una conclusión o tomar una decisión? Además podría hablar de una arbitrariedad en el orden de los elementos que son considerados relevantes para el universo pensado conjuntivamente.

Más allá de estos problemas creo que es provechoso e inevitable pensar de esta manera de vez en cuando. Es un momento antes de una organización de los elementos conjugados. Así actua, por ejemplo, en la obra de los historiadores, quienes forzosamente tienen que depender del pensamiento conjuntivo en una buena parte de su trabajo.

[1] “The Balinese never do anything in a simple way that they can contrive to do in a complicated one”.

[2] “”Poetry makes nothing happen,” Auden says in his elegy of Yeats, “it survives in the valley of its saying (…) a way of happening, a mouth.” The cockfight too, in this colloquial sense, makes nothing happen.

Contingencia ordinal

Publicado en antropología, estudios, filosofía el Enero 6, 2009 por Esteban S

Cuando escribí por primera vez sobre las categorías de la contingencia ordinal en mi tesis de licenciatura estaba un poco inseguro acerca de si un año después seguiría encontrándolas útiles. La impresión inicial cuando la expuse fue un poco condescendiente; probablemente sospechaban que se trataba de una invención ad-hoc hechas a la medida de una investigación empírica. No los culpo; no es nada raro. Pero el tiempo pasa y cada vez me resultan más prácticas para hacer mejores preguntas y aprender (un poco) más rápidamente ciertas herramientas intelectuales.

Se trata de tres categorías: la contingencia supraordinada (CSp), la necesidad estructural (NE) y la contingencia subordinada (CSb).

La necesidad estructural (NE) abarca los límites de un modelo, de un sistema o de una estructura. Se trata de las condiciones de frontera del objeto que se esté examinando. Depende de cual sea su carácter ontológico y epistemológico, la semántica de la NE cambia, pero formalmente no. Cuando se trata de un fenómeno, por ejemplo, la NE define las condiciones necesarias para que el objeto pueda ser referido mediante un modelo determinado. La NE de un modelo, en cambio, es el conjunto de proposiciones, reglas y variables que lo constituye.

Ahora, las condiciones declaradas a nivel de la NE circunscriben un conjunto de posibilidades que conforman la CSb. Ahí se ubica todo lo que está contemplado por los límites de un modelo, un sistema o una estructura. Así como variable y sistema eran correlatos de la NE, los conceptos de valor y estado corresponden a la CSb.

Otro asunto completamente distinto es la CSp, que comprende a los eventos, sistemas, estructuras, etc. que son causal y lógicamente externos y anteriores a las establecidas por la NE. Ahí se encuentran los parámetros y el entorno no modelado de un sistema.

contingencia

Para no quedar en el reino de las ideas puede ser útil dar un buen ejemplo. El mejor que se me ocurre es el de un juego de cartas. La NE son las reglas del juego (cuantos jugadores, cuantas cartas de que baraja, la estructura de apuestas, acciones disponibles a los jugadores). La CSb merece un poco más de detalle; es el conjunto de todas las partidas posibles. Sea cual sea el juego de cartas que elijan, el número va a ser MUY grande. Si nos limitamos solamente a la manera en que se barajan las cartas, tenemos que existen 48! (se lee “cuarentiocho factorial”) combinaciones posibles: 48.47.46.45. … .2: un número bastante grande, se ve. Y si tenemos en cuenta todo lo que los jugadores pueden hacer sobre cada una de esas combinaciones se vuelve más grande todavía. ¿Y la CSp? Es todavía más complicado; es el conjunto de precondiciones que ni siquiera hace falta mencionar en las reglas del juego. En este caso, para que halla jugadores y juego tuvo que haber personas dispuestas a jugar, y cartas, y condiciones sociales y biológicas que permitiesen la instancia del juego.

Bueno, ¿para que sirve todo esto? Para tener una idea de todo lo que no sabés. Al menos esa es una de las razones por la que a mí estas categorías me resultan útiles. Me recuerdan permanentemente todo lo que se me está escapando, y me dan una idea aproximada de las dificultades (o completa imposibilidad) que plantearía modelizar un determinado fenómeno. También plantea un montón de problemas filosóficos y prácticos muy interesantes. Pero esas son historias para otro post.

Boludeces lindas (2)

Publicado en filosofía con etiquetas , el Noviembre 25, 2008 por Esteban S

Muchos todavía no saben de la popularidad que ha cobrado el consumo de mandrágora en los claustros académicos.

Hay varias formas de darle a la mandrágora. Las dos principales son fumarla en pipa y arrojarla al fuego en un recinto cerrado como, digamos, una torre de marfil. Los síntomas del abuso de esta sustancia incluyen vértigo, la invención de neologismos nauseabundos, la invocación frenética de Foucault, Deleuze y Hegel, y la ocasional articulación de boludeces lindas. Tomemos un caso ejemplar.

Alain Badiou no es un continental típico. Claro, tiene un montón de cosas muy propiamente francesas: el mencionado hábito de inventar neologismos aborrecibles (a él le corresponden esplacio, fuerlugar e inexistenzia [sic.]), una autoimágen de revolucionario, un uso esporádico de notación matemática y lógica sin otro propósito que el de hacer firuletes, desafortunadas citas a Hegel, Lacan y demás charlatanes, etc.

Pero hay algo que lo separa del resto. Teniendo en cuenta todos los vicios arriba mencionados, Badiou es relativamente claro. En sus mejores momentos plantea tesis claramente definidas, evade los saltos argumentativos a los que son tan propensos sus compañeros y hasta se las arregla para soltar boludeces lindas. Entre estas últimas me gustó, por ejemplo, su teoría del sujeto.

El sujeto de Badiou se define por la capacidad de producir verdades que se articulan con el presente (en sus propios términos, las consecuencias de un acontecimiento). La relación de un sujeto con un presente puede tomar cuatro formas distintas o “destinaciones”. La primera destinación es la producción. Hay sujetos (el “sujeto fiel”) que se realizan en la producción de las consecuencias de un acontecimiento fundante. Otros, en cambio (los “sujetos reactivos”) organizan una resistencia a esas consecuencias introduciendo novedades reaccionarias. Ahora, para quien el presente parece ya como demasiado amenazante e inaceptable como para solamente reaccionar ante él (y consecuentemente trata de abolirlo) es el “sujeto oscuro”. Este sujeto opera un ocultamiento del presente. Bajo esta categoría mete a los fascistas, al Islam político y a los patricios romanos; no a los maoístas, claro, que para Badiou son recopados y productivos. No se puede ser intelectual francés impunemente.

Pero las revoluciones, rebeliones, movimientos y promesas eventualmente se agotan – o son aplastadas. ¿Qué pasa entonces con las verdades que son producidas? Si seguimos a Badiou resulta que toda verdad es eterna, y susceptible de ser recuperada mediante un proceso que llama “resurrección”. Una de tantas afirmaciones suyas antropológicamente inviables que sucumben a la más mínima conciencia de la variabilidad cultural e histórica.

¿Pero por qué me llamó la atención todo esto como para escribir un post al respecto? Porque estoy rodeado de gente que solo puede definirse negativamente. “Estoy en contra de esto”, “No estoy de acuerdo con aquello”, “Pero estamos los que nos resistimos a equis”. No pueden decir quienes son sin apelar a un tercero. Es muy triste, y lo empeora el hecho de que compartir espacios con gente así resulta empobrecedor.
El énfasis en una relación productiva con el presente que hace Badiou me resulta una bocanada de aire fresco, que no suele encontrarse en la filosofía continental. Cuando lo leí por primera vez no estaba muy seguro, hasta que me crucé con este párrafo:

“Desde un punto de vista subjetivo, no es porque hay reacción que hay revolución, es porque hay revolución que hay reacción. Se elimina así del campo subjetivo viviente toda la tradición “de izquierda”, que cree que la política progresista “lucha contra la opresión”. Pero también, por ejemplo, cierta tradición modernista que cree que el arte tiene por criterio la “subversión” de las formas establecidas, por no decir nada de aquellos que piensan articular la verdad amorosa con el fantasma de la emancipación sexual (contra los tabúes, el patriarcado, etcétera). Digamos que las destinaciones proceden en cierto orden (de hecho: producción – negación – ocultación) por razones totalmente claras en el formalismo: la negación del presente supone su producción, y su ocultación supone una fórmula de negación” [1]

Brillante. Lástima que Badiou no parece ver la contradicción con su declarado maoísmo. Supongo que es demasiado pedirle a un francés despojarse de esa clase de vanidades intelectuales. En fin.

¿Mi veredicto? Bueno, es 100% filósofo continental, pero de a ratos se las arregla para que eso no sea algo malo.

[1] Badiou, A. 2008. Lógicas de los mundos. Manantial. Bs.As.