Grafos y accidentes

Noviembre 8, 2009

Lévi-Strauss: de obituarios y ontologías

Archivado en: antropología, ciencia, estudios, gente — Esteban S @ 5:10 pm

La muerte de Lévi-Strauss dejó un reguero de obituarios de muy distinta calidad. No es ninguna sorpresa que cada una ponga en evidencia al autor tanto en su familiaridad con la obra del homenajeado como en sus intereses particulares. Así es como cierta sociología vernácula se limitó a mencionar a un libro bello pero periférico a su bibliografía. En contraste, los representantes de algunas de las corrientes científicas más vitales han reivindicado aspectos más sustantivos de su obra.

El obituario que le dedicó Maurice Bloch es un buen ejemplo de esto. A tono con el arrollador avance de las ciencias cognitivas, el autor marca algunas afinidades entre el programa de Lévi-Strauss y aquel de las aproximaciones naturalistas al conocimiento humano. Pero, aunque efectivamente existen puntos de contacto entre estos, hay también diferencias nada menores. El cuadro puede complicarse más aún si contemplamos otro frente con el que también tuvo afinidades electivas la obra de Lévi Strauss: el psicoanálisis.

Pero vayamos por partes.

Saludando a su antiguo maestro en su centésimo aniversario, Sperber llamó a Lévi-Strauss pionero de una verdadera “antropología cognitiva” [x] y del naturalismo en la disciplina. En su necrológica, Bloch va aún más lejos:

“La base de la antropología estructural de Lévi-Strauss es la idea de que el cerebro humano procesa sistemáticamente unidades de información organizadas, es decir estructuradas, que se combinan y recombinan para crear modelos que a veces explican el mundo en el que vivimos, a veces sugieren alternativas imaginarias, y a veces dan herramientas sobre como operar sobre él”.

Todo esto suena muy bien para los que tenemos curiosidad por el prospecto de una antropología naturalista, ¿pero que tan legítimo es enrolar a Lévi-Strauss para esta campaña?

Una de las influencias teóricas decisivas del estructuralismo fue la teoría social de Durkheim, cuyos planteos ontológicos siguen siendo los de una gran parte de las ciencias sociales. Su punto de partida es que las representaciones colectivas surgen de las individuales, y adquieren a partir de su emergencia cierta autonomía causal. Esto es exactamente lo que Sperber llama a abandonar con su epidemiología de las representaciones -, y algo que está también bastante alejado a lo que Bloch tiene en mente.

Por otro lado, Gregory Downey ofrece en Neuroanthropology un interesante contraste entre los supuestos del estructuralismo y los resultados de las neurociencias contemporáneas:

“el análisis estructuralista asume que, debajo de la complejidad superficial en mito, ritual, e incluso en el pensamiento consciente, debe haber una matriz generativa más simple. Cada vez más, las neurociencias nos llevan a la conclusión opuesta, que el pensamiento consciente y la expresión patente son la delgada superficie de procesos mucho más complejos”.

La discrepancia entre los neuroantropólogos y los estructuralistas, entonces, es de carácter ontológico. Los primeros definen su ontología apelando a procesos cerebrales; los segundos refiriéndose a lo social como un órden de organización emergente. Pero desde dicho órden ¿cual es el agente?

Uno de los planteos estructuralistas más citados por los filósofos (y críticos literarios y demás) es el desplazamiento del sujeto. Lo que pasó a ocupar su lugar en la obra de Lévi-Strauss fue el inconsciente, definido como órgano de la función simbólica, por la cual los elementos culturales son constantemente recombinados. Creo que no deberíamos dejarnos engañar por la aparente filiación psicoanalítica de este inconsciente. Lévi-Strauss no se lo atribuye a un individuo en el que coexistan un ello, un yo y un superyo, sino que lo plantea como algo inmanente, sin intermediarios individuales o colectivos, a la especie humana.

El hecho de que el estructuralismo haya propuesto como único agente del cambio cultural a algo tan abstracto fue uno de los motivos por los que tuve y tengo reparos a asumirlo como marco metodológico para una investigación. También es un punto de conflicto bastante claro con respecto al naturalismo que actualmente está ganando terreno en las ciencias sociales.

No escribo esto como ejercicio de estilo ni para hacer propaganda de algún programa en particular. Es ante todo un esfuerzo por comunicar en medio de que tensiones se encuentra actualmente la obra de Lévi-Strauss, y, por qué no, de intentar resolverlas. El conflicto de fondo, como se verá, no es tanto teórico como filosófico: es la pregunta por la ontología – que todos pensabamos enterrada por su hermanita menor y más linda, la epistemología.

A ver como la contestamos.

Noviembre 3, 2009

Adiós Claude

Archivado en: antropología, el gremio, gente — Esteban S @ 5:23 pm

Junto al resto del mundo, acabo de enterarme que durante la madrugada del domingo primero de noviembre falleció a los cien años de edad Claude Lévi-Strauss.

Su obra no se presta sumisamente a ser calibrada para los innumerables obituarios que se publicarán hoy. Esta ha sido vastísima, incluyendo desde la etnografía hasta los sesudos ensayos teóricos, pasando por la literatura de viajes que decía aborrecer. Y ha presentado una complejidad que dio lugar a miles de críticas y adhesiones.

Siguiendo preocupaciones estrictamente antropológicas, Lévi-Strauss ejerció una influencia que excedió los límites de su disciplina. La difusión de su trabajo hizo que su nombre se convirtiera en sinónimo de estructuralismo, rótulo bajo el cual fue homologado a autores con quienes guardaba pocas semejanzas, como Foucault, Barthes y Lacan.

Si Lévi=Strauss merece un lugar privilegiado entre ellos – y en el panorama filosófico del siglo XX – no se debe solo a haber prefigurado las premisas fundamentales del estructuralismo como proyecto filosófico (disolución del sujeto, la diversidad de las obras humanas como expresión de una combinatoria de elementos, etc.), sino también por haberlas aplicado a problemas fundamentales, como son las estructuras del parentesco, el análisis de los mitos, y la teoría social.

Su proyecto intelectual contó con un aspecto de crítica de la razón que le confería un corte netamente moderno. En consecuencia, fue estimado vetusto por un post-estructuralismo que prefirió abandonar cualquier trabajo sustantivo por la crítica de la crítica. Sumándose a las reverberaciones del postmodernismo, la popularidad de las corrientes interpretativistas han vuelto una tarea bastante árdua determinar cuales son los límites del legado de Lévi-Strauss tanto dentro [1] como fuera de su propia disciplina. Me arriesgo a resumirlo en estos términos: la ambición de llegar a universales, y algunas herramientas con las cuales perseguirla. Sobre lo legítimo de la primera, y lo adecuado de las segundas hubo, hay y habrán fuertes discrepancias.

Se dice que la antropología es inclemente con sus heroes. Si esto es verdad, el caso de Lévi-Strauss sería sin duda uno de los mejores ejemplos. Las críticas fueron ubicuas, y de muy variada calidad.

Pero más allá de sus éxitos y sus fracasos, nos queda un hombre que intentó encontrar lo que subyacía a la enorme riqueza de las manifestaciones humanas. Una riqueza que estimaba, no sin razones ni tristeza, menguante.

Como tal, merece homenaje.

Adiós Claude.

[1] Postdata 5/11/09: Poco después de su centésimo cumpleaños escribí un punteo sobre lo que considero su legado en la antropología contemporánea; ver acá. Aprovecho para recomendarles el breve comentario de Cresto respecto a algunas de las necrológicas que se publicaron últimamente.

Septiembre 11, 2009

Lucrecia

Archivado en: el gremio, gente — Esteban S @ 6:15 pm

Ah, Lucrecia. A pesar de su tan hermoseado nombre debe haber sido la persona más deliberadamente vulgar y chabacana que conocí.

Aunque era bastante feúcha, tenía un ingenio y una agilidad dialéctica que le robaban protagonismo a chicas menos espabiladas. Esos mismos encantos también le daban facilidad para la crueldad y la deshonestidad, pero la mayor parte del tiempo se limitaba a ejercitar la burla. Y que bien le salía. Casi todas nuestras conversaciones terminaban cayendo en una animada esgrima de sarcasmos, doble sentidos e ironías. Otras veces era más básica. Como cuando murmuró “gringo puto” por haberme negado a una invitación de tomar helado. Invitación que se suponía que tenía que hacer yo, claro.

Parece que aquella palabra estaba bastante cargada de sentido para ella, porque unos meses después, relatando un por entonces reciente viaje a Bolivia, nos contó la sorpresa que le provocó que la llamaran gringa allá. Por alguna razón le resultaba difícil digerir que para un aymará sus colores y rasgos mediterráneos la pusieran a la par de una turista estadounidense o de un sojero salteño.

Haciendo memoria, creo que una de las primeras cosas que me llamó la atención de ella – aparte de los ojazos escondidos bajo anteojos y un flequillo crecido – fue su ropa. Era muy fea. Contra un decorado de estudiantes que dedicaban mucho tiempo (y sumas de dinero) para pegar un look bohemio, Lucrecia resaltaba por ser genuinamente pobre. No era lo único que la distinguía del resto. Ese trato con los proletarios y los desarrapados del mundo que los/as estudiantes de humanidades tanto y tan infructuosamente persiguen le era natural a ella.

Poco después de su viaje Lucrecia dejó antropología para inscribirse a la tecnicatura de construcción y llegar a ser maestra mayor de obra. La noticia me dejó sensaciones contradictorias. Por un lado, algo parecido a la admiración por decidirlo tan resueltamente. Por otro, la sensación de haber sido rechazado como parte de algo mayor en lo que participaba – o trataba de hacerlo.

Después – después – empecé a hacerme algunas de las preguntas que abría la situación. Preguntas acerca de como la formación en antropología se había vuelto contemplativa al punto de que nadie con temperamento pragmático o con alguna urgencia por trabajar la practicaría. Acerca de que podría hacerse cambiarse esa situación. Y acerca de cuanto la iba a extrañar habiéndola conocido tan poco.

Marzo 12, 2009

Maestro de una incierta lección

Archivado en: gente, política — Esteban S @ 1:28 pm

Un día como hoy hace 146 años nacía en Pescara, Abruzzo, Gabriele D´Annunzio, un hombre al que desde entonces han intentado definir enumerando sus muy diversos talentos. Novelista, poeta, dramaturgo, político, héroe de guerra, actor, columnista, consumado mujeriego; él fue todas estas cosas, y de alguna manera se las arregló para ser más que una lista de roles.

Una generación entera se dedicó con esmero a sepultar su recuerdo – y por cierto que el tiempo no ha sido benévolo con su obra. No pocas veces sus textos se encuentran abarrotados hasta la asfixia, aunque por momentos lograba una exaltación animal y una musicalidad que muchos escritores contemporáneos harían bien en envidiar. En todo caso, nadie debería avergonzarse por reconocer que su obra más perdurable ha terminado siendo él mismo.

Su participación en la política italiana ha sido y sigue siendo el punto más controvertido de su figura, y probablemente solo pueda ser entendida dentro de la búsqueda de una seducción mayor, una ampliación al ámbito público de las artes escénicas que tanto le fascinaban. Mediante la introducción al espacio público del saludo romano, de una liturgia cívica y de la parafernalia militar, se convirtió en el más influyente precursor de la estetización de la política que serían características del fascismo italiano y del nazismo alemán. Como bien dijo cierto periodista español, D´Annunzio nunca fue fascista. De hecho, ocurrió exactamente lo contrario: el fascismo se hizo d´annunziano.

Su comportamiento político fue tan indisociable de las tumultuosas coyunturas de su tiempo que la pregunta por su verdadero credo se revela inadecuada. Aunque siempre se caracterizó por una intensa vida cívica, la primera guerra mundial abrió nuevos horizontes para él. La exaltación nacionalista con la que entretuvo sus vísperas parecía un gesto vacío para una audiencia acostumbrada a sus excentricidades. Por eso mismo todos se sorprendieron cuando la guerra estalló y D´Annunzio, sin entrenamiento ni experiencia militar – pero con muchos contactos en todas las armas – se entregó gozosamente a la Gran Guerra. Probó su valía a los ojos de muchos de esa manera. Estuvo en varios frentes y recibió heridas; atributos requeridos por el personaje que terminó encarnando: el del guerrero poeta. Sería esa figura un capital simbólico que le permitiría aventuras aún mayores. Una de ellas fue la ocupación de Fiume.

1919. En el contexto de tensas negociaciones internacionales sobre la soberanía de Dalmacia, D´Annunzio ejecutaría uno de sus más ambiciosos proyectos estéticos. Se reunió con un grupo de oficiales que le proporcionaron el mando sobre más de mil hombres, “expropió” barcos para transportar – y eventualmente conseguir piratería mediante – suministros, y partió hacia Fiume (la actual Rijeka). Al llegar se nombra comandante de la ciudad, rigiendola mientras en Italia debatían como afrontar la crisis política desencadenada por D´Annunzio. La orgía de desfiles, saqueos (las farmacias fueron los primeros blancos) y declamaciones poéticas imperante en Fiume acercó a ciertos elementos de la extrema izquierda (Malatesta incluído) a D´Annunzio. El aventurero llegó a redactarle a la ciudad, junto al anarcosindicalista Alceste De Ambris, la Carta del Carnaro, una constitución con fuertes elementos corporativistas. En el punto cúlmine de su delirante aventura, D´Annunzio le declaró la guerra a su propio país por haber rechazado la ciudad que supuestamente conquistó para él.

Para sus ocupantes, “una extraña mezcla de idealistas, de desocupados y de bribones, embriagados unos por su pasión patriótica y empujados, los otros, por el afán de la aventura o por la necesidad del goce” [1], Fiume era una fiesta. Una que duró meses, hasta el 20 de diciembre de 1920, cuando Italia envió una fuerza expedicionaria que erradicó a los “legionarios” de D´Annunzio y permitió la constitución de un gobierno independiente para el llamado Stato Libero di Fiume.

D´Annunzio regresó impune a Italia, pero perdió la posibilidad de constituir una alternativa a la creciente influencia de Mussolini, quien adoptaría muchos elementos de la aventura Fiumiana para el fascismo. Continuó escribiendo hasta el fin de sus días, el primero de marzo de 1938.

Sin duda que D´Annunzio le enseñó una lección al mundo. ¿Pero cual? En su opulencia biográfica todos encuentran lo que buscan. Algunos hallan moralina envenenada, otros un ejemplo o un ídolo al cual ofrecerle sacrificios; también estamos quienes sentimos que D´Annunzio nos demostró la exhuberancia de la que es capaz la vida. Y eso es mucho más que suficiente.

[1] Tasca, A. 1967. El nacimiento del fascismo. Crítica.

Febrero 20, 2009

Lo siniestro y sus usos

Archivado en: antropología, gente, juegos, política — Esteban S @ 4:39 pm

El robotista japonés Masahiro Mori formuló en 1970 una hipótesis con ecos freudianos a la cual llamó el valle inquietante (uncanny valley). Según Mori, a medida que un objeto presenta una mayor semejanza a la figura humana, la respuesta emotiva de los humanos hacia él será mayor; pero solo hasta un punto determinado a partir del cual nos resulta repulsivo. En otras palabras, aquello que es casi igual a un humano, pero no alcanza a engañarnos por completo de serlo nos suscita una respuesta fuertemente negativa. Ese intervalo, el llamado valle inquietante, es uno de los territorios de lo siniestro.

Lo siniestro es lo que tienen en común la mirada perturbadoramente adulta de aquel niño, el aullido de un perro a las cuatro de la tarde, aquella mujer que parece joven o vieja dependiendo de su gesto y de cómo le de la luz, ese momento en que te das cuenta de repente de que el hombre que te está hablando desde un mostrador tiene una pierna amputada. Se trata una irrupción de la incertidumbre que se da sutilmente, por medio de subterfugios, de manera mucho más indirecta que la invasión de espanto que supone el horror, hermano mayor de lo siniestro.

Quizás sirva la comparación, pero lo cierto es que respecto al horror no hay mucho que decir. Es fácil de concebir, pero difícil de ejecutar con impunidad. En nuestros tiempos ha llegado a convertirse en prerrogativa de marginales y de creadores de ficciones morbosas. Que haya pasado de ser derecho de tantos a privilegio de tan pocos, por lo demás, no es una gran perdida; porque el horror es una herramienta burda e imprecisa, cuyos efectos no pueden ser calculados adecuadamente de antemano. El terror, en cambio, es un efecto más fácil de sintetizar y de emplear estratégicamente en la vida cotidiana, y puede ser extraordinariamente útil.

Pero hay una hora de la espada y una hora del bisturí. El efecto de lo siniestro exige mayor conocimiento y confianza, y puede utilizarse (por lo general) impunemente en la vida cotidiana. Su éxito depende de dos factores: 1) de una transfiguración perturbadora de lo cotidiano, y 2) de una violación de las expectativas. De ahí que en ocasiones sea una excelente herramienta para redefinir los roles que la sociedad nos impone. Hay muchos otros usos, por supuesto; ahuyentar, fascinar, intimidar, insinuar… Como habrán adivinado la clave es conocer el blanco al que se dirigirá esta técnica.

Son pocos los verdaderamente incapaces de hacer vibrar la inquietud en los demás mediante una muestra selectiva de sus rasgos personales o mediante un astuto montaje. Examínense. Piensen cuales son los roles que cumplen y a que distancia se encuentran de los rasgos de la personalidad que ocultan con cuidado de la mirada ajena. Cuanto mejor se conozcan, menos vulnerables serán a la manipulación, y mayor habilidad tendrán en el empleo de esta fina pero efectiva táctica.

Febrero 3, 2009

Como hacer juguetes con gente

Archivado en: gente, juegos — Esteban S @ 3:49 pm

Hoy les voy a contar como pueden divertirse con una copia de The Sims 2.

Por supuesto que no me refiero a jugarlo. No. Eso solo los sumirá a un desagradable trance narcótico que se extiende por horas y demanda reiteración. No, no.

Permítanme unas notas antes de contarles como lograr esa hazaña. Se ha dicho mil veces que The Sims, como otros productos de la famosa línea Sim (…city, ant, earth, etc.) no son juegos sino juguetes. Para los que apreciamos la utilidad y belleza de las buenas definiciones no se trata de una distinción ociosa. Un juego, recordemos, es un sistema formal que coloca a distintos jugadores en un conflicto estructurado que se resuelve en resultados desiguales. Todo eso presupone un objetivo común para los jugadores, de los que carece un juguete. Es también distinto a un puzzle, acertijo o rompecabezas, que tiene un objetivo claro pero donde hay el/los jugador/es no actúan estratégicamente, sino que intentan resolver un problema planteado por un objeto.

Lo que define a un juguete, y lo diferencia de otras actividades lúdicas, entonces, es que hay una interacción con un objeto, pero no hay un objetivo definido, y las interacciones no son estratégicas.

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Bueno, mi propuesta para divertirse con The Sims 2 no traiciona su carácter de juguete. Solo lo forma parte de un juguete más grande, donde también se incluyen la gente que ustedes quieran manipular vilmente.

Es fácil: tomen una copia pirata del nefando simulador de vida cotidiana e instálenlo en la casa de alguien (llamémoslo/a la víctima) que no ofrezca gran resistencia a esta nefasta maniobra. El conjunto de la víctima (o víctimas), su casa, su pareja, su computadora y – sobre todo – las fantasías y deseos irresueltos que inexorablemente volcarán sobre ese programa son las piezas del juguete. ¿Qué van a hacer con él? ¿Lo van a usar como herramienta para manipular mejor a la víctima? ¿Cómo experimento para ver que tan adictivamente responde a ese repositorio de frustraciones? Depende de ustedes. Un juguete no determina su uso; no dicta un objetivo. Y quizás eso signifique que juego, juguete y puzzle no son definiciones de objetos, sino definiciones de comportamientos respecto a objetos. Y que esos objetos no necesariamente tienen que ser cosas (un DVD pirata, un cubilete con dados o un mazo de cartas); pueden ser situaciones enteras.

Solo una cosa más: el juguete solo dura hasta que las víctimas se den cuenta de que han sido tratadas como partes de uno. A partir de entonces se convierte en un juego. Y lo más probable es que estén enojadas.

Diciembre 5, 2008

Cien años y una semana

Archivado en: antropología, gente — Esteban S @ 6:02 pm

Ahora que ya a todos se les pasó la resaca, que barrieron el confeti y el cotillón, que las cien velitas reposan en una bolsa de consorcio, nos podemos preguntar ¿en que consiste, en definitiva, el legado de Lévi-Strauss? Durante la semana se me fueron ocurriendo los siguientes puntos:

  • El audaz contrabandeo de conceptos y nociones vigentes en la práctica científica general a la antropología. Aunque no es la única, la noción de modelo es quizás la más importante de las mercaderías conceptuales que L.S. logró pasar por las fronteras disciplinares. Aunque Fortes ya venía insistiendo sobre su relevancia, fue Claude quien la popularizó en el gremio. Una observación interesante sobre este aspecto es la que hacía en una obra temprana (196x) llamada El concepto de modelo Badiou; ahí advierte que la noción (nótese, no el concepto) de modelo de L.S. es tomada del trabajo seminal de von Neumann y Morgenstern sobre teoría de juegos. Pero lo que toma, en definitiva, es la epistemología subyacente (que Badiou califica “detestable” – y en esto me permito discrepar) y no sus usos científicos. Algo de razón tiene. Los modelos estructuralistas, después de todo, no tienen parámetros manipulables, ni proporcionan explicaciones causales.
  • Algunos conceptos originales, casi siempre tomados fuera de contexto. Uno de los casos más representativos es el de la eficacia simbólica, que dentro del marco teórico de L.S. venía a designar una forma de causación que opera a través de distintos niveles de organización caracterizados por estructuras isomorfas, y que algunos profesionales de antropología y salud intentar utilizar (con la seriedad que los caracteriza) para convencernos de que los curanderos son una excelente alternativa al sistema biomédico.
  • La idea (erronea) de que en la antropología se han empleado extensamente estrategias formales de investigación. Confirmar esto de manera incontrovertible requeriría un relevamiento bibliográfico gigantesco, pero me atrevo a suponer que L.S. sirvió de straw man para promover la laxitud metodológica que caracteriza a buena parte de la antropología académica. Ya sé, en los países anglosajones a no leyeron a L.S. con el mínimo de atención exigible, y sería demasiado decir que el interpretativismo es una novedad reaccionaria frente a la amenaza de estrategias formales, pero no me parece casual que el estructuralismo sea la corriente que todos los interpretativos y copados aman odiar. Por otra parte, el estructuralismo está muuuy lejos de proporcionar el marco necesario para elaborar modelos formales como sería de esperar. El uso de formalismos por parte de L.S. ha sido esporádico y nunca pesó mucho en sus argumentaciones.
  • Y, dejando de lado las numerosas críticas (tantas de ellas descaminadas), resta un impacto mucho menos advertido. Se observa en aquellos trabajos donde perdura una secreta influencia, que puede manifestarse en la nostalgia de la Gran Teoría Antropológica, en la adopción retórica de conceptos y nociones de otros campos científicos, en el kantismo sin sujeto trascendental o en la afición por el material mitológico.

Quizás la suma de todo lo que mencioné dé mucho menos que un marco metodológico operacional. Pero no deja de ser un legado considerable. Salud, Claude.

[1] Badiou. 2007. The concept of model. re-press.org

Noviembre 12, 2008

Preparandome para el cumple

Archivado en: antropología, gente — Esteban S @ 11:28 am

Este 28 de noviembre cumplirá cien años Lévi-Strauss, el venerable viejo que se convirtió en la figura más importante de la antropología latina. Su nombre ya no encandila a las masas como en sus mejores tiempos, pero logró convertirse en uno de los pocos referentes que son universalmente conocidos fuera de la disciplina. Quizás no esté de más decir que dentro de ella es una figura que, a pesar de versela obsoleta, no deja de ser controvertida..

Entre los libros de antropología que había curioseado (sin entender nada) antes de empezar la carrera estaba Las estructuras elementales del parentesco. Seguí sin tener una idea muy clara de la obra de Lévi-Strauss hasta el último trecho de la carrera, cuando me tocó estudiarlo bajo un ferviente estructuralista. En ese momento lo incorporé con entusiasmo como marco teórico para mi tesina de licenciatura; era lo más parecido a una teoría coherente con un correlato metodológico claro que conocía por entonces.

No faltará quien patalee, pero no soy el único que cree que el estructuralismo en antropología se ha convertido en algo parecido al psicoanálisis: una especie de esoterismo académico que ha permanecido sin cambios notables por décadas. Porque a pesar de haber inspirado a algunos/as antropólogos/as notables (Heritier, por ejemplo), nunca dejó de ser un show unipersonal. En las letras y las humanidades puede que exista una mayor tolerancia a esa identificación entre una corriente y un autor, pero en las ciencias esto es un grave problema. De hecho, tener celebridades a lo Lacan o Derrida es una de las peores cosas que le puede pasar a una disciplina científica.

Ya hubo varios críticos que fueron directo a los axiomas sobre los que Lévi-Strauss construyó todo su edificio (como Meillasoux negando el carácter universal del principio de reciprocidad, o Godelier subrayando la existencia de sistemas de parentesco donde los hombres son objeto de intercambio), pero más allá de cuan certeras sean esas observaciones, lo que me interesa es otra cosa. Me interesa que se aproveche la voluntad estructuralista de trabajar con modelos, de perderle el asco a las formalizaciones, pero sobre todo, de innovar a partir de los problemas que plantea cada investigación. Y es en este último punto donde creo que los estructuralistas no están mostrándose a la altura de las circunstancias.

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Si deciden estudiar las permutaciones de elementos dentro de la estructura de un sistema simbólico, ¿como se las arreglan para no usar matemática combinatoria? Si el inconsciente es el motor último de todas las posibles combinaciones que forman la cultura ¿cuando van a dar una explicación de como y en que circunstancias actúa? Si nos proponen examinar grupos de transformaciones al examinar mitos ¿porque no proporcionan reglas de transiciones que los articulen?

En otras palabras, no se trata de impugnar sus axiomas fundamentales; mucho menos de denunciarlos de cientificistas, obsoletos o pre-post-modernos. Se trata de advertirles que no están cumpliendo sus propias promesas.

Aprovecho para contarles que también detesto el fanatismo de los conversos. Cuando releo a Lévi-Strauss encuentro baches argumentativos, interpretaciones arbitrarias y analogías desafortunadas, pero incluso en sus peores momentos (como su análisis del “mito” de Edipo) sigue siendo mucho mejor que las parrafadas seudoliterarias de un charlatán como Geertz. Que seamos muchos criticando al viejo no quiere decir que estemos todos de acuerdo.

Y tampoco quiere decir que no vaya a festejar su cumple. Todo lo contrario. El viejo nos ha dado con su propia figura un referente común, una figura por quien pelearnos y conversar, identificarnos y diferenciarnos. Frente a las olas de acólitos mediocres de Foucault necesitamos bálizas como Lévi-Strauss. Así que si las chicas de Antropocacos cumplen con sus amenazas y arman la fiesta en Puán, vamos.

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