Grafos y accidentes

Agosto 20, 2009

Una apuesta metodológica

Archivado en: antropología, investigación, técnica — Esteban S @ 10:07 pm

Los/as antropólogos/as casi nunca nos limitamos a analizar el funcionamiento de una sola institución. El holismo cultural, el supuesto de la comunidad analíticamente aislable, la exigencia de llegar al punto de vista del nativo, el hecho social total, y unos cuantos demonios más han querido que la construcción de nuestros objetos de investigación se centre más frecuentemente en unidades mayores, integradas por múltiples instituciones, cuyas relaciones son de por sí cambiantes. Los conceptos que usamos para referirnos a dichos vínculos son por lo tanto herramientas muy apreciadas, y las innovaciones en este campo serán bienvenidas por todos salvo quizás los más complacientes de nuestros colegas.

A partir de algunos ejercicios teóricos fui elaborando la idea de una contribución en esa dirección; en particular, la de plantear la posibilidad de tomar como unidad de análisis a situaciones de concurrencia de procesos sociales, entendiendo como tal la ejecución simultánea de procesos interactivos entre sí.

No quiero fastidiar con reseñas históricas, pero dado que el concepto al que me refiero proviene de un campo al que las ciencias sociales no suelen apelar vale la pena dedicarle unas líneas a su origen.

Una gran parte del trabajo de un programador consiste en encontrar y eliminar bugs corrigiendo el código fuente. La presencia de estos errores en un navegador de Internet para usuarios domésticos no representa un problema tan grande, pero en sistemas críticos pueden derrumbar un avión, provocar un derrame de refrigerante industrial, paralizar el tráfico de una ciudad durante horas o exponer a pacientes de tratamiento médico a dosis letales de radiación, así que la gente de ciencias de la computación se ha dedicado a crear técnicas para detectarlos. Los bugs por concurrencia se encuentran entre los más difíciles de corregir, y su erradicación motivó el desarrollo de técnicas bastante sofisticadas, que no se aplican directamente sobre el código fuente sino sobre un modelo matemáticamente riguroso que permita su verificación. La especificación de estos modelos se hace desde marcos bastante heterogéneos: cálculo de procesos, lógicas temporales, redes de Petri y sistemas de transiciones, etc. Pero más allá de los detalles de las notaciones empleadas, los problemas planteados por la concurrencia se hacen sentir en campos ajenos a los de computer scientists e ingenieros.

Desde las aproximaciones basadas en sistemas de transiciones la concurrencia aparece representada por tres operadores: 1. paralelismo; es sumamente inespecífico, en tanto puede ser utilizado para denotar procesos completamente aislados entre sí como casos en los que se da alguna clase de comunicación entre ellos; 2. el entrelazado (interleaving) se refiere a situaciones que se resuelven a través de una elección no determinista entre actividades de procesos ejecutados simultáneamente; surge de los condicionamientos impuestos por el hardware en computadoras con un solo procesador, pero creo que puede ser de mucha utilidad – por ejemplo, puede ser utilizado para representar el uso de una misma variable por parte de dos procesos distintos; y 3. handshaking (que traduciré apelando a la antonomasia como concurrencia a secas) designa una interacción sincronizada entre procesos concurrentes. En otras palabras, los procesos interactúan de esta manera cuando ambos participan en la interacción al mismo tiempo – como si se dieran la mano. Se define así un conjunto C de acciones concurrentes que contiene todos los elementos que cumplen la siguiente regla:

pedrolino_handshaking

Dado que el tercer operador de concurrencia exige que los conjuntos de acciones correspondientes a cada proceso hayan sido definidos previamente, cualquier implementación de este concepto requiere cierto grado de especificación formal. Una exigencia muy saludable.

Creo que hay muchísimos problemas de las ciencias sociales que pueden ser formulados – y resueltos – a partir de estos conceptos. En antropología y sociología rural, por ejemplo, seguimos empleando tipologías para definir campesinado y agricultura familiar. Si bien fueron muy útiles en cierto momento de estas disciplinas, sus limitaciones se hicieron sentir hace rato, y la posibilidad de pensar a ambos conceptos como referidos a situaciones de concurrencia entre distintas instituciones (grupo doméstico, explotación, familia, mercados de insumos, mercados de tierras, etc.) permitiría generar nuevas preguntas y nuevas respuestas.

¿Que tan viable será metodológicamente todo esto? No sé, pero puedo prever algunos problemas que habría que solucionar durante su aplicación:

  1. El problema de determinar las condiciones de frontera. Una manera de solucionarlo es tomar un proceso de referencia y a partir de él tomar solamente a los que estén en concurrencia directa, o a un número determinado de grados de distancia. La vecindad de un proceso puede ser muy amplia – como suele suceder con la institución persona, así que usar una distancia superior a uno puede ser metodológicamente arriesgado – al menos hasta que no desarrolle las herramientas adecuadas.
  2. El problema de la validez local de los modelos subyacentes a cada proceso. El carácter modular que podrían cobrar las investigaciones basadas en situaciones de concurrencia podría alentar a la búsqueda de definiciones de validez universal que permitan crear algo semejante a las bibliotecas de los programadores. Sería necesario, sin embargo, lidiar con algunos problemas muy serios sobre la misma posibilidad de dar definiciones universales de instituciones.
  3. El problema del no-determinismo emergente de sistemas concurrentes. No me desvela, a decir verdad. Lo que me lleva a buscar estas herramientas no es la predicción sino la posibilidad de llegar a explicaciones causales y a descripciones un poco más precisas.
  4. El problema de las dificultades metodológicas intrínsecas a un redefinición del objeto. Esto no tiene arreglo. Implementar una técnica nueva en un campo disciplinar siempre conlleva un riesgo. No solo su uso puede plantear dificultades imprevistas, sino que además la comunidad científica puede decidir no reconocer sus resultados – especialmente si se aleja demasiado de cierto consenso disciplinar.

Vistas así las cosas, es una apuesta.

A jugarla.

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Notas: En la regla de handshaking e1 y e2 son estados, →1 y →2 son acciones, ^ es el operador lógico conjuntivo y la barra denota una relación de premisa (arriba) y conclusión (abajo). Las referencias consultadas son Principles of model checking de Bauer y Katoen (2008), y Concurrency theory, de Bowman y Gómez (2005).

Junio 11, 2009

Grafos y accidentes

Era una fría mañana de junio; el sol no terminaba de salir y el aire estaba cerrado por la neblina matinal. Sobre el tramo de la 33 que va de Casilda a Firmat alguien había prendido fuego a unos pastos naturales, empeorando todavía más la visibilidad. Darío, ingeniero, se dirigía a Chabás en su auto. La camioneta frente a él se le apareció de golpe; detenida sobre la ruta, sin luces traseras siquiera. No alcanzó a ver nada más.

Aunque ambos pertenecen al pensamiento forense, hay un punto fundamental en el que se distinguen la investigación de accidentes del peritaje penal. Mientras el segundo se remonta hasta una responsabilidad individual para finalizar en ese punto la indagación, la primera sitúa al evento en un espacio de posibilidades más amplio con el objetivo de introducir un cambio que vuelva imposible o más improbable su repetición. Aunque las instituciones intervinientes son distintas, ambos tienen que lidiar de una manera u otra con la dinámica retributiva de la violencia.

Frente a un evento de grandes dimensiones, de cobertura mediática mundial, y de consecuencias gravísimas para tantos, una hipótesis que refiera a factores humanos parece un intento apresurado de resolución moral y económica que evite los altos costos de una búsqueda de las root causes bajo el ojo público. Desgraciadamente lo mismo se aplica a menor escala pero con una frecuencia muchísimo más alta en el ámbito del transporte automotor.

¿Quien fue el culpable de que Darío muriera? ¿El dueño de la camioneta sin luces de posición? ¿El que tuvo la idea de hacer una quema de pastizales a la madrugada? ¿El mismo, por no haber reducido lo suficiente la velocidad? Estas son preguntas morales. Toman lo sucedido y descartan todo lo demás. Dejan de lado todo lo que era posible en el momento del accidente, identificando lo existente con lo real. Con ellas no se puede introducir un cambio para salvar vidas.

Pongámonos analíticos. Tomemos solamente los factores presentes en la narración del accidente de Darío sin examinar demasiado los supuestos. Las condiciones de frontera de la situación son: 1. una ruta, 2. un número indeterminado (aunque mayor a dos) automotores, 3. una condición ambiental antropogénica, producida por un productor ganadero, y 4. una condición ambiental no antropogénica; la niebla. Estos elementos definen un espacio de posibilidades en el que se encuentra al menos un desenlace que cabe llamar accidente.

accidente

El esquema resultante aísla factores que pueden ser objeto de intervenciones puntuales y que estarían ausentes en una consideración exclusivamente jurídica o moral. A esto, sin embargo, hay que añadirle de inmediato dos cosas: las instituciones encargadas de intervenir sobre estos factores (municipios, comunas, policía y agencias provinciales de seguridad vial, principalmente) obviamente no han estado haciendo su trabajo, lo que amerita sin duda una intervención por parte de la sociedad. Pero también hay que hacer una consideración de otro orden. Incluso si todos estuvieran haciendo su trabajo correctamente existiría no solo la posibilidad sino también una probabilidad bastante elevada de accidentes debido a factores no manipulables, como la niebla, y a los condicionantes técnicos intrínsecos al transporte automotor. Se trata de la contingencia supraordinada del esquema del accidente, y está constituida por supuestos que, debido a su precedencia causal y lógica, son excluidos de la formulación de un problema.

Claro, se nos ha convencido de que restaurar el ferrocarril es un anacronismo, por lo que dejamos de pensar el problema de los accidentes de transito a esta escala. Se prefiere, en cambio, hablar de la psicología del conductor, porque entonces los costos de una intervención pueden reducirse convenientemente a campañas de concientización, un poco inferiores a los de efectuar obras de infraestructura a lo largo de todo el país.

Esta es una de mis convicciones más profundas: que no planteará correctamente problemas quien no reconozca la autoridad local de la necesidad y el imperio universal de la contingencia.

Mayo 19, 2009

Muerte, venganza, y ética etnográfica (III)

Archivado en: antropología, investigación — Esteban S @ 6:21 pm

El 20 de abril Diamond fue demandado por calumnias contra Daniel Wemp e Isum Mandingo por diez millones de dolares. La acción legal está fundamentada por una investigación realizada por Rhonda Roland Shearer y publicada en el sitio stinkyjournalism.org (parte del programa de ética periodística de una organización sin fines de lucro llamada Art Science Research Laboratory), donde llegan a las siguientes conclusiones:

  • Los únicos datos correctos en toda la narración de Diamond son los nombres de Daniel Wemp, de Isum, de los demás participantes de la venganza, y de los clanes a los que pertenecen ambos. Las confusiones habría llegado al punto de confundir victimas de victimarios cuando Diamond afirmaba que los Handa y Ombal mataron y violaron mujeres Huli.
  • Wemp le comunicó al equipo de Rhonda Shearer que Diamond conservó en su artículo la estructura del relato que él le había hecho, pero que había confundido los roles que las distintas personas cumplieron en ella. Al hacer aseveraciones falsas de crímenes sobre personas reales – todas vinculadas a Wemp – Diamond habría puesto a Daniel en peligro.
  • Diamond no cumplió con ninguno de los procedimientos periodísticos para validar sus afirmaciones. Además, las citas atribuídas a Daniel Wemp habrían sido falsas.

El informe también cuenta con el testimonio de varios antropólogos con mucha experiencia de campo en Papúa Nueva Guinea, quienes hicieron muy variadas observaciones sobre el artículo; cuestiones gremiales (crítica al volante que decía Anales de antropología), prácticas (publicar el nombre verdadero de un informante que acaba de narrar un ciclo de matanzas), metodológicas (falta de criterios de validación) y fácticas (unos cuantos errores de hecho – el conflicto mencionado, por ejemplo, no se originó por el episodio del chancho sino por una disputa entre dos jugadores).

¿Que se puede sacar en limpio de todo esto? Creo que varias cosas.

Por incompleta que sea la formación antropológica en muchos aspectos, cumple en proporcionar procedimientos de validación que previenen los errores en los que incurrió Diamond, y que tienen algunos parecidos (aunque no se corresponden exactamente) con los del trabajo periodístico. Diamond desestimó las críticas de los antropólogos al considerar que su artículo era de carácter periodístico. En todo caso su narración falló desde ambos criterios al no haber contrastado fuentes y por haber expuesto a su informante.

Porque sucede que en este caso lo más importante coincide con lo más obvio: los recaudos éticos y metodológicos. Fallar en cualquiera estos aspectos puede acarrear consecuencias muy severas. Confieso que cuando leí el texto de Jared Diamond ignoraba todavía el alcance de sus errores. Pensé que se limitaba a haber cometido la imprudencia de publicar el nombre verdadero de las personas involucradas – cosa que nos enseñan desde el primer año de grado a no hacer, y muy sabiamente, porque de haber cumplido con ese recaudo elemental todo el artículo de Diamond no habría sido otra cosa que una ficción verosímil, algo más inocente de lo que resultó, pero aún muy distante de un trabajo antropológico.

Documentos:

Copia del artículo original. The New Yorker, abril del 2008.

Jared Diamond´s factual collapse. Preliminar del informe completo de la investigación de Rhonda Shearer, publicado el 21 de abril del 2009.

Carta de Mako Kuwimb, abogado de Daniel Wemb, a The New Yorker.

Perspectivas:

Jared Diamond según un antropólogo con experiencia de campo en Nueva Guinea.

Mayo 3, 2009

Del estudio de caso y otros demonios

Archivado en: antropología, ciencia, investigación — Esteban S @ 3:48 pm

El estudio de caso da lugar a muchas distorsiones, al punto que en algunos círculos se ha convertido en sinónimo de laxitud metodológica. Es cierto que bajo ese término se parapetan trabajos carentes de cualquier valor científico, pero hay buenas razones para no extender ese juicio a todos los trabajos de este tipo, así me voy a tomar la molestia de rebatir algunos de los prejuicios que lo rodean.

Aunque pueden encontrarse algunos argumentos a favor de la dicotomía cualitativo / cuantitativo, también es cierto que tomársela demasiado en serio lleva directamente a muchos pseudoproblemas. Una vez puesta entre paréntesis esa precaución, paso al primer punto: el estudio de caso no implica la adopción exclusiva de técnicas cualitativas. Existen de hecho muchos trabajos de este tipo que emplean encuestas y cuestionarios para relevamiento, y que toman datos construidos a partir de variables de escala intervalar o racional. La bibliografía sobre empresas familiares es muy rica en ejemplos de este tipo.

Otro punto (conectado muy estrechamente con el anterior) es que una aproximación de este tipo no implica la adopción de un paradigma discursivo. Describir una cualidad es reconocer (implícitamente) un valor determinado de una variable que queda sin especificar, y que por lo general está estructurada de acuerdo a una escala nominal u ordinal. Variables de este tipo también tienen su uso en modelos formales. Muchos modelos microeconómicos, por ejemplo, definen la utilidad de manera ordinal.

Más allá de los dos puntos anteriores, muchos investigadores reconocen que los estudios de caso son valiosos en algunos contextos, pero creo que a veces se hace una evaluación errónea de cuales son las circunstancias que lo vuelven valioso. Se ha dicho, por ejemplo, que es conveniente ahí donde faltan datos estadísticos. No estoy de acuerdo. La falta de información previa a la investigación no determina la conveniencia de un diseño de investigación basado en el estudio de caso. El desconocimiento de los indicadores necesarios para dar una explicación causal sí. Creo que debería pensarse al estudio de caso como un paso inicial dentro de un diseño de investigación más amplio. La etnografía (una instancia de investigación mucho mejor adaptada al estudio de caso que al estudio con una muestra estadísticamente significativa), por ejemplo, puede ser muy útil para construir indicadores que un estudio de base estadística o un modelo causal puedan emplear productivamente.

¿Porqué tantos prejuicios y malentendidos? Unos cuantos le echan la culpa al cientificismo, el positivismo o a algún otro cuco. A mi me parece que la responsabilidad del ovillo que rodea al estudio de caso la tienen muchos metodólogos de nuestras ciencias sociales. Si les resulta una impresión arbitraria, los invito a pasar por el artículo de Wikipedia sobre estudio de caso – como verán bastante apuntalado por referencias, al menos para uno de los artículos de la versión en castellano – que sirven para decir cosas como que un estudio de caso puede servir para “confirmar teorías que ya se sabían”. Y bueno.

Abril 22, 2009

Instrumentación

En antropología rural y económica se habla de toda clase de estrategias – domésticas, de consumo, matrimoniales, productivas, etc. – pero los intentos de hacer una instrumentación formal de este concepto se siguen haciendo esperar. Su sentido juego-teórico, por ejemplo, es prácticamente desconocido por la mayoría, con la sola excepción de unos pocos que intentan introducirlo en el campo de estudios.

Siendo parte de esa minoría, me encuentro con la doble tarea de instrumentar y de exponer ese instrumento. No es fácil, pero tengo la esperanza de poder hacer las dos cosas mediante una notación que vuelva la exposición y el trabajo de base más visuales. En términos teóricos, estoy tratando de dar con una forma de resolver las transiciones de maquinas de estado finito (con las que modelo explotaciones, familias y personas) a partir de instancias juego-teoréticas – o sea, por medio de interacciones estratégicas entre agentes.

Como todo esto suena odiosamente abstracto, pensemos desde un caso particular. Digamos que desde el fallecimiento de su primo, Pancho Steltzer viene trabajando solo con sus tres empleados. Sus dos hijos varones, Alfredo de 17 y Mariano, de 18, tienen que decidir que van a hacer de sus vidas. Por esas cosas de la cultura, Alfredito y Mariano reducen el horizonte de posibilidades a dos opciones: mudarse a otro pueblo a estudiar agronomía o ponerse a trabajar en la explotación familiar. La decisión que tomen va a afectar sus vidas, sus personas, y – claro – el estado de la explotación.

Ahora, más allá de las consecuencias para Pancho y su explotación, al momento de tomar esta decisión a sus hijos no les da lo mismo lo que haga su hermano; atribuyamosle entonces una ordenación de las preferencias según la cual ambos preferirían ir a estudiar juntos, estudiar solo, trabajar solo en la explotación y trabajar juntos en la explotación – en ese orden.
El diagrama que sigue debería funcionar como referencia para una notación:

notacion1

Una vez definidas las variables, tenemos un conjunto de estados posibles. La transición de uno de esos elementos a otro está determinada por las decisiones que tomen dos o más agentes en cada instancia de juego. En el caso de Alfredo y Mariano se trata de un juego intrageneracional que determina transiciones relativas a la cantidad de trabajo familiar que se volcarán al ciclo productivo. Cada celda en la matriz de resultados de los juegos incluye el resultado para cada uno de los agentes, pero también una transición para el estado del sistema en cuestión.

Si nos pusieramos ambiciosos tomaríamos en cuenta que a lo mejor Alfredito y Mariano no son iguales a ojos de Pancho. Por ahí Alfredito es bastante dado a la escandalosa disipación mundana y conviene mantenerlo con correa corta. Todo esto se podría contemplar en un modelo formal, claro. Siendo los roles (productor, hijo de productor, esposa, etc.) secuencias ordenadas jerárquicamente de atributos, habría que incluir también en las matrices de resultados la adquisición de atributos que permitan la eventual investidura de distintos roles. Pero tanto detalle complicaría la exposición de la técnica. Además, el propósito de estas modelizaciones no es formalizar en su detalle más exquisito una situación particular, sino asegurar un rendimiento que permita hacer explicaciones sobre el objeto referido.

Además de ser un buen ejemplo para el uso de esta posible notación, el caso también permite demostrar la inadecuación de definir a la explotación familiar en términos de la proporción existente entre trabajo familiar y trabajo asalariado. En no pocas explotaciones agrícolas los familiares aportan más trabajo que los empleados, pero hagamos abstracción de eso y supongamos que todos aportan la misma cantidad de trabajo al ciclo productivo. Si tomamos el criterio indexical (Exp. familiar ↔ Trab. familiar / Trabajo total ≥ 0,5) la explotación de Pancho (recordemos que trabaja solo junto a sus tres empleados) no es familiar y solo llegaría a serlo si sus dos hijos se ponen a trabajar con él. Por eso propongo un criterio estructural; según este una explotación es familiar si está estructurada por roles en los que las relaciones de parentesco, afinidad y/o corresidencia son pertinentes.

Para no dejar el post demasiado largo voy dejar para otra ocasión algunas de las dificultades que hay que superar para plantear los problemas de esta manera. Abrazos.

Edit: Recién ahora me doy cuenta de que en el cuadro inferior derecho de la matriz tendría que haber puesto inF. Y bue´.

Edit (2): …y que la homeostasis debería graficarse como una transición a otro estado con la misma denominación; con el bucle da la impresión de que el juego se repite, y no es así.

Marzo 16, 2009

Agentes y teoría social

Archivado en: antropología, estudios, investigación — Esteban S @ 2:31 pm

Con pocos días de diferencia publicaron dos posts bastante interesantes sobre los problemas del concepto de agencia. La semana pasada Tamanen se planteaba a la agencia como origen de las particularidades culturales, y poco antes se preguntaban en orgtheory por la existencia de una causación macro-macro. El razonamiento es el siguiente: los hechos sociales sientan las condiciones para la acción individual, la cual tiene incidencia directa sobre las consecuencias a nivel macrosocial. Lo que les resulta problemático es una relación entre causas sociales y consecuencias sociales que no se encuentre mediadas por los individuos – la arista 4 del grafo de la imagen.

Aunque probablemente Brayden hubiera podido presentarlo de una manera más precisa, el problema es muy interesante. Pensémoslo en términos de agentes. Partiendo desde la definición precaria pero operativa de que un agente es una entidad capaz de elección y acción autónoma, la primera pregunta que surge es,quienes o cuales son los agentes. ¿Personas? ¿sujetos? ¿algún constructo abstracto como el inconsciente levistraussiano? ¿cualquier tipo de institución como familias, empresas o linajes?

Se me dirá que los modelos basados en agentes cumplieron la promesa sistémica y encontraron un tercer camino alternativo al individualismo metodológico y al holismo. Quizás sea cierto, pero no es eso a lo que voy.

agencia1

Se trata de la búsqueda de un criterio para definir que es lo que podemos tratar legítimamente como un agente dentro de la explicación de un fenómeno social. ¿La pregunta por los agentes legítimos del modelo de un fenómeno social puede ser respondida sin apelar a los axiomas de una teoría social? ¿puede ser respondida sin apelar a algo que opere a un nivel de abstracción superior al de las observaciones fenoménicas e inferior al de las teorías formales (grafos, autómatas, conjuntos, lógica) en las que encontramos nuestras herramientas? Sospecho que no.

El trabajo sobre la dinámica interregional del contratismo agrícola que estoy proyectando abarcaría varios niveles de análisis – las personas, las familias, los grupos domésticos, la organización espacial de la producción y las explotaciones agropecuarias. Por el momento no los estoy entendiendo como agentes, sino como procesos concurrentes. Si lo hiciera – lo estoy pensando – tendría que fundamentar porque emparejar a familias, personas y empresas bajo el mismo rótulo de agente. No es tan rebuscado como parece; después de todo cualquier antropólogo o sociólogo sabe que la persona es una institución históricamente contingente, no tan diferente a otras como la fratría griega, el clan escocés o el gremio medieval.

Mi impresión es que la teoría debería hacer su aparición cuando uno intenta determinar cuales son los agentes pertinentes y cuando necesita caracterizar, siquiera a grandes rasgos, las relaciones entre ellos. Enfatizo debería porque es posible hacer esas operaciones previas a una investigación sin una teoría social. Actualmente se estila decir que es imposible no tener teoría, aduciendo de hecho que cualquier nebuloso conjunto de creencias, prejuicios y supuestos merece ser nombrado como tal.

No siento una gran lástima porque las teorías paquidérmicas a lo Parsons hayan dejado de existir, pero emplear un rejunte de conceptos de usos puramente descriptivos para organizar una investigación es el síntoma de que algo anda mal. Así las cosas, queda abierta la cuestión de que clase de teorías necesitamos para las ciencias sociales.

Febrero 23, 2009

Describir ≠ Explicar ≠ Predecir

Archivado en: antropología, filosofía, investigación, libros — Esteban S @ 3:44 pm

Durante los últimos libros estuve ojeando un ensayo metodológico con el sugestivo título de Making social sciences more scientific – The need for predictive models [1] escrito por Rein Taagepera, un físico de formación devenido politólogo.

El desafío es claro. Desde su perspectiva las ciencias sociales actuales son en el mejor de los casos solo parcialmente científicas debido a la ausencia de una búsqueda de estructuras matemáticas para articular los datos. Esto debería hacerse mediante la elaboración de modelos, cuyos objetivos – y en esto radica el núcleo de la propuesta – serán esencialmente predictivos.

Plantear el problema de la cientificidad de las ciencias sociales en esos términos tiene sus méritos en el ambiente estadounidense, donde se siguen contraponiendo abordajes cualitativos y cuantitativos sin apartarse ninguno de los dos términos de un programa exclusivamente descriptivo.

Espero no estar malinterpretando los planteos de Taagepera, pero me parece que el problema fundamental en su postura es que no contempla la posibilidad de un programa que se proponga explicar sin predecir.

A lo mejor soy solo yo, no sé. Pasa que el 2008 me dejó una desconfianza (que considero muy saludable) respecto al potencial predictivo de los modelos en las ciencias sociales. No creo por eso estar participando en una secesión epistemológica, de esas que entusiasman tanto a los oscurantistas académicos. Me refiero a la necesidad de distinguir entre la adecuada explicación de un fenómeno y un modelo aplicado a la predicción del comportamiento de un sistema.

Los modelos metereológicos, por ejemplo, pueden explicar muy bien como se forma una tormenta, pero no dan muchos detalles sobre cuando se va a dar una de acá a una semana; y ni hablar de predecir infaliblemente el curso de un huracán. La teoría de la evolución nos muestra cuales son los mecanismos por los cuales se da la especiación, pero no puede predecir donde y cuando aparecerá un nuevo patógeno. ¿Esas dificultades hacen de la meteorología y la biología evolutiva ciencias blandas? Me parece que no.

Ahora, no me engaño. Las ciencias sociales realmente necesitan replantearse muchos problemas, desde algunos elementales (como, digamos, responder sin dar vergüenza ajena que es lo que hacen los científicos) hasta otros no tan elementales (¿Cuáles son los criterios formales y empíricos que debe cumplir un modelo para aspirar a la predicción de un fenómeno social?). Pero creo que para ir contestándolas hace falta tener claro que confundir explicación y predicción hace más mal que bien.

Por lo demás, en el ámbito de las ciencias sociales argentinas esta clase de argumentos son muy susceptibles de ser utilizados oportunistamente para denostar la inclusión de la estadística en la formación de grado, o para justificar un rechazo a las aproximaciones cuantitativas. Una traducción del libro de Taagepera necesitaría un prologuista atento a las particularidades de la academia argentina; algo similar al comentario de Gino Germani a La imaginación sociológica de Wright Mills. ¿Habrá alguien que esté a la altura?

[1] Taagepera, R. 2008. Making social sciences more scientific. The need for predictive models. Oxford University Press.

Diciembre 1, 2008

El ciclo doméstico y la comunicación científica

Archivado en: antropología, investigación — Esteban S @ 2:57 pm

No salí muy conforme conmigo mismo de la ponencia que expuse en las V jornadas la otra semana. Creo que me faltó la voluntad comunicativa que tuve otra veces. También está la cuestión, inevitable esta, de que estuve usando herramientas que son buenas para pensar pero bastante malas para comunicar.

Lo que expuse fueron las piezas básicas de un modelo alternativo sobre el ciclo doméstico en explotaciones agropecuarias familiares. En términos más técnicos, fue una descripción del espacio de estados de un sistema posibilistico para el cual entonces no había alcanzado a plantear una regla de transición. Resulta que en antropología rural y económica suelen utilizarse distintas variedades de un modelo de ciclo doméstico inaugurado por un agrónomo ruso llamado Chayanov. Generalmente son muy útiles, pero tienen ciertos problemas [1] ; entre ellos, que se basan del supuesto de que la economía de las explotaciones agrícolas está basada en grupos domésticos autónomos, cosa que se lleva a las piñas con la realidad de varias regiones – como la pampeana, sin ir más lejos – donde existen explotaciones que agrupan varias familias y grupos domésticos. Mi intención es reformular el modelo de ciclo doméstico vigente de una manera un poco más abstracta que permita una aplicación más aceitada, y que permita explicar de manera más precisa la relación entre familia, grupo doméstico, explotación, persona y mercado.

modelo_ampliado

El espacio de estado de una explotación. Cada círculo corresponde a un estado; los cuadritos son los distintos valores de las variables pertinentes, y las flechas son las acciones que median entre estado y estado.

Para hacerlo estoy usando una herramienta bastante oscura: el modelado de sistemas de transiciones, una técnica generalmente utilizada para darle expresión matemática a procesos informáticos. Usarla implica definir formalmente al sistema en términos de estados, acciones, una regla de transición, proposiciones atómicas y una función de marbeteo (labelling function).

En este momento percibo unos cuantos baches en mi incorporación de esta herramienta; 1. omití dos de los mecanismos más importantes del ciclo doméstico: la reproducción biológica y el casamiento y cambio de residencia (uxorilocal y virilocal), 2. excluí el estado 0, que, ahora me doy cuenta, es el único verdadero estado terminal de este sistema. 3. lo que presenté no alcanza a ser el modelo de un sistema de transiciones porque todavía no expresé formalmente las proposiciones atómicas que conforman las condiciones de frontera del modelo, ni la función de marbeteo, ni la regla de transición.

Pero está rindiendo frutos. Hasta ahora me ha servido para interpretar el funcionamiento de las explotaciones agrícolas que he observado yo mismo y que aparecen en el registro de otros. Reconozco que puede parecer mucho trabajo para lograr un efecto que puede alcanzarse con la mera experiencia, pero soy de la opinión de que en definitiva solo conocemos mediante modelos, y que la verdadera opción está entre hacerlos explícitos o en dejarlos en las fronteras de la conciencia. Para casi todos los fines prácticos, la segunda opción es buenísima. Para hacer y comunicar ciencia, pienso, la primera tiene sus ventajas.

Por cierto que para que la comunicación no se obstaculice hace falta un código compartido – que actualmente no hay en la antropología, donde coexisten programas de investigación bastante heterogeneos -, y en ese contexto usar formalismos como los sistemas de transiciones es casi una provocación. Pero en todas las demás disciplinas aceptaron alguna clase de formalización y de notación propia. En antropología , el estudio de los sistemas de parentesco, con sus complicados grafos, era una expresión semejante. No es casual que en las últimas décadas, con la influencia disolvente del interpretativismo y del sentido común postmoderno, los estudios de parentesco hayan mermado a favor de temas más glamorosos, como el cuerpo, la performance o los movimientos sociales (¿se acuerdan cuando todos decían que iban a renovar el panorama político argentino? que risa). Muchos se resisten hasta para aprender una notación.

Será cosa de trabajar duro, ganar mentes y corazones, y ofrecer resultados. Nada fácil, se ve. Pero bueno. Peor es manejar un taxi.

Postdata. Dado el interés por la notación empleada en el gráfico manifestado en los comentarios se me ocurrió dar una breve explicación de los pedazos del modelo propuesto, y guías sobre como leer el grafo.

El modelo va a discriminar tres niveles donde operan procesos parcialmente autónomos: el de la explotación, el del/los grupos domésticos y el de las personas. Los estados de la explotación se definen por tres variables booleanas: ¿mano de obra provista por el productor? ¿mano de obra provista por hijos varones? ¿mano de obra provista por empleados? Hay por lo tanto ocho posibles estados contingentes, pero figuran siete porque cometí el error de omitir el cero (la ausencia de toda mano de obra) por considerarla empíricamente insostenible. A nivel de grupo doméstico son solo dos variables, también booleanas: ¿mano de obra aportada por la generación de referencia? ¿mano de obra aportada por generaciones posteriores a las de referencia? El nivel de las personas es el que más trabajo adicional necesita; hasta ahora discrimine tres variables: sexo, franja etaria (tres valores; con el criterio de la edad productiva de los varones y la edad socialmente sancionada para casarse en caso de las mujeres en la transición al segundo valor; el tercero está signado por el retiro de la edad productiva y el inicio del climaterio) y generación de referencia.

Sobre las flechas que designan las transiciones posibles aparece el nombre de las acciones: hst (homeostasis), inF (ingreso de mano de obra familiar), inE (ingreso de mano de obra empleada), exE (expulsión de mano de obra empleada), mP (muerte o abandono de las prerrogativas del productor). A nivel personal aparecen unos cuantos mecanismos más: m (muerte – de alguien que no es el productor), n (edad de casamiento), ag y nGD (que, eh, sinceramente no me acuerdo que era y encima no tengo el paper a mano).

La grafía ││h designa una concurrencia simultánea de procesos llamada handshaking. Los cuadrados designan la transición a una explotación estructuralmente distinta a la familiar llamada Explotación Dependiente de Servicios Agrícolas (EDeSA), que viene a ser la de aquellos productores que se repliegan a un rol gerencial – o de los propietarios que asumen la administración empleando contratistas de tareas. La doble barra vertical al final de algunas líneas es la desaparición de la explotación.

Octubre 25, 2008

Pensando en grande

Archivado en: investigación — Esteban S @ 12:09 pm

Terminaste la tesina, y ahora querés subir las apuestas preparando un anteproyecto para una investigación mucho más ambiciosa. ¿Sobre que? A lo mejor sobre migraciones internacionales, la innovación tecnológica en el agro, o los conflictos étnicos endémicos en una región. Lo más probable es que necesites herramientas que tu formación de grado no te dio: modelado, inferencia estadística, análisis de redes, todo eso. No es un gran problema si tenés tiempo y ganas de aprender a usarlas. Pero también te falta algo igualmente importante. Un diseño de investigación. ¿Por donde empezar?

Se empieza por una pregunta – no por un tema. Pensar en términos en temas es fácil: sólo hace falta convertir al objeto en algo sobre lo que se habla. Pensar en términos de problemas, en cambio, significa comenzar desde una pregunta y una incomodidad. Cuando pensás de esta manera el objeto representa un desafío autoimpuesto; no se acomoda dócilmente a tus marcos, y requiere un esfuerzo para que esa tensión se resuelva. En términos un poco más abstractos, pero de inusual precisión, Reynoso afirma que “un problema consiste en determinar si una expresión pertenece a un lenguaje” [1]. Y como empleás un método científico, vas a hacer ese esfuerzo de determinación a través de la formulación de una hipótesis, seguida de su contrastación empírica.

Es esa hipótesis la que va a guiarte en la instancia etnográfica. Pero la etnografía sola no sirve para validar una hipótesis. Sirve para generarlas (especialmente cuando todavía no tenés un conocimiento muy preciso del campo en cuestión), y también es muy útil (como en el diseño de investigación del cuadro) para advertir cuales son los indicadores pertinentes para un abordaje estadístico-descriptivo y para elaborar un modelo que testee la validez de la hipótesis. Una vez que derivaste las premisas básicas del modelo a partir de la hipótesis y de que lograste relevar la información a partir de los indicadores pasás a analizar los datos. Los resultados del análisis pueden ser suministrarlos al modelo como parámetros. Finalmente, la contrastación del modelo y los datos (tanto los que relevaste directamente como los que encontraste en fuentes secundarias, censos, registros, catastros y demás) resolverá si tu hipótesis se sostiene, o si queda falsada.

¿Que harías en el incómodo caso en el que hayas tenido que desechar tu querida hipótesis? Bueno, ante todo generar una hipótesis distinta a partir de toda tu experiencia previa. Y mientras tanto publicar los resultados negativos de la investigación. Dejando de lado los textos que no plantean una tesis susceptible de ser falsada, la abrumadora mayoría de las comunicaciones científicas solo presenta resultados positivos [2]. Esto es un serio problema, que probablemente responda a una estrategia generalizada que aprovecha el sistema de incentivos del gremio. Pero no quiero divagar.

Dejo abiertas unas cuantas cuestiones: el potencial y los límites de los modelos, la diferencia entre una estrategia y una técnica de investigación, y los peligros de la inferencia estadística. Las trataré a medida que pueda.

Octubre 7, 2008

¿Que investigar?

Archivado en: el gremio, investigación — Esteban S @ 10:19 pm

Es muy desafortunado que el horizonte de la mayoría de los antropólogos recién graduados se limite a la docencia y a la investigación. Algunos sentimos por esta última un genuino interés, que alguien llamaría vocación. Pero para quienes la investigación es solo una escala obligada hacia otra cosa (la docencia, o la arriesgada pero necesaria apuesta por el sector privado) la elección de un área de estudio puede ser muy angustiosa.

Personalmente encuentro que eso de pensar en áreas lleva a una excesiva compartimentación que no permite resolver problemas interdisciplinariamente. Pero desgraciadamente las áreas no son un mero invento para organizar los congresos; muchos departamentos y grupos de investigación fijan sus límites de esta manera, así que por el momento nos la vamos a tener que bancar.

Estuve pensando bastante en la cuestión los últimos días, y me di cuenta que hay algunos criterios que pueden ser útiles en el momento de tomar esa decisión:

Patronazgos: No nos olvidemos, la academia es un gremio, y contar con la supervisión de un maestro es muy importante. Es tentador dejar la decisión de que estudiar a alguien con autoridad y renombre. Las ventajas son evidentes: sus influencias pueden facilitarte financiamiento, vías de publicación y contactos útiles. Además, no existe mejor forma de aprender un oficio que trabajando junto a un buen maestro. Desgraciadamente estos no abundan, así que en ocasiones tendrás que imitar a Fernando Pessoa y encontrar a tu maestro en vos mismo/a. Pero hay también inconvenientes de importancia a tener en cuenta. La relación entre un aprendiz o un oficial con su maestro es siempre asimétrica, y si no estás preparado/a para negociar un margen de recursos e independencia lo suficientemente ancho podés terminar siendo un lacayo. Además, el programa de investigación de tu maestro puede no coincidir con tus intereses a mediano y largo plazo.

Madurez y status del campo: Se habla mucho de modas teóricas y temáticas en las ciencias sociales. Generalmente así se denominan a los intentos de diferenciación y constitución de nuevos campos de estudio. Los oficiales ambiciosos apelan a eso para constituir su propia casa, movilizar gente y recursos y convertirse en miembros de pleno derecho del gremio. Tomemos dos ejemplos: Antropología de la muerte es un campo nuevo y trendy; está sumando varios desertores de la antropología del cuerpo – cuyos 15 minutos podrían estar extinguíendose. Antropología rural, en cambio, es un campo tradicional (y como tal muy poco cool). Hay puntos ciegos desde donde hacer contribuciones originales, pero cualquier esfuerzo tiene que estar acompañado por un paciente juego de alianzas y coaliciones. De otra manera tus resultados morirán en el olvido.

Obviamente hay un gran incentivo para abordar campos recientes, pero no todos son igual de prometedores. Es necesario evaluar el potencial de cada campo en particular y no dejarse encandilar por lucecitas de colores. Con todo lo viejos y feos que puedan resultarnos, los estudios de parentesco han hecho más de lo que la “antropología del turismo y los viajes” jamás logrará.

Relevancia social: Si fuera cínico prescindiría de este apartado. De hecho, cientos de grandes maestros han hecho sus carreras sin hacer nunca una sola consideración a este aspecto de sus trabajos. Sucede que los dos puntos anteriores afectan mucho más directamente la viabilidad de una investigación que este. Pero hay que tener algo en cuenta. Cuando una investigación es verdaderamente relevante, cabe la posibilidad de buscar financiamiento por fuera de los ámbitos académicos. Esa labor es agotadora, y quizás nadie lo sepa mejor que un arqueólogo. Persuadir a un funcionario o a un empresario de la importancia de efectuar una investigación sociocultural puede ser árduo; especialmente desde una disciplina insuficientemente divulgada como la antropología.

La nota de fondo detrás de los tres puntos es, como puede verse, el financiamiento. Conseguir plata cuesta. Y en el futuro cercano costará más todavía. Tenemos mucho que pensar y más todavía por hacer.

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