Grafos y accidentes

Enero 24, 2009

Math (V y final): La arbitrariedad de la experiencia

Archivado en: antropología, mitología, relatos — Esteban S @ 5:35 pm

Lo que publiqué a lo largo de la semana fue una versión abreviada de la llamada cuarta rama del mabinogi, integrante de la colección de historias conocida como el Mabinogion, y sin duda uno de los volúmenes más amorosamente triturados de mi biblioteca.

Todos los textos, tanto las cuatro ramas como los relatos que generalmente se le adjuntan (versiones galesas de romances artúricos) valen la pena, pero el relato Math, hijo de Mathonwy tiene algo especialmente fascinante.

La víctima de una violación no solo no es repudiada, sino que es compensada por la violencia que ha sufrido siendo desposada por el rey. Los culpables cambian de sexo y especie y son obligados a copular en un castigo ignominioso pero rebosante de un humor carnavalesco que solo el puritano y el inseguro negarán. Un brujo toma un feto, lo cobija, y adopta y cría al niño pese a las maldiciones de su madre abortiva. Impedido de tomar una esposa humana, el hijo se casa con una mujer artificial que lo traiciona. Todo el relato tiene una atmósfera enrarecida, como si se situara entre el saturnal y la pesadilla; como si los límites entre animales, personas y cosas hubieran sido abolidos; ¡como si la recurrencia y regularidad del horror diera paso a la risa!

Y que risa. Una risa destructiva que nos hace cómplices de una humillación. Pero que es a la vez distinta a la burla cotidiana, porque no coloca al que ríe en un plano de superioridad o de inmunidad. En Math el cuerpo es esa cosa que se transforma en otras cosas, se disfraza, se penetra, se rompe a lanzazos y pare cosas inacabadas.

Por eso mismo, quien no haya cultivado una saludable distancia respecto a sus propios roles sexuales seguramente tendrá dificultades en empatizar con un personaje como Gwydyon. Quien no pueda imaginar otro parentesco que el de las familias nucleares contemporáneas aborrecerá el fosterage [1], costumbre que Gwydyon oficia como parodista y Math como paroxista. Quien se refugia en la idea imperdonablemente ingenua de que la violencia podrá ser conjurada definitivamente en un futuro utópico rechazará la reciprocidad de venganzas que dinamiza cada una de las partes del relato.

Todas esas incómodas y perturbadoras violaciones a nuestras expectativas y a nuestras ideas de lo justo, lo natural y lo inconmovible hacen de la lectura de estos relatos un ejercicio antropológico. El análisis estructural, la especulación sociológica, la modelización; todas son tareas que vienen después de esta toma de conciencia de la contingencia de todas aquellas prácticas e instituciones que creemos necesarias.

Ahí comienza el oficio del antropólogo: en la experiencia de la arbitrariedad de la experiencia.

[x] Anónimo (Traducción de Jeffrey Gantz). 1976. The Mabinogion. Penguin. Londres.

[2] “In the abscence of a central organization the small (irish) kingdoms also joined themselves together by the system of fosterage, in which, till they reached adult years, some of the sons of the flaith (“the nobilty”) were placed out to be fostered by their neighbours, often those of higher rank. In this way close bonds of loyalty were established between foster brothers which were to be useful later in life. In the sagas the fosterer often became to his fosterling in later life an adviser and something like a grand vizier”. (Chadwick, N. 1971. The celts, Penguin. p. 119)

Enero 21, 2009

Math (IV): De flores una mujer

Archivado en: mitología, relatos — Esteban S @ 8:31 pm

Lleu y Gwydyon se presentaron frente a Math. Dirigieron contra Aranrhod las más vehementes acusaciones alguna vez hechas, y le contaron como Gwydyon consiguió armar a Lleu por su madre abortiva.

Tras escucharlos, Math dijo “Usemos nuestra magia y nuestro encantamientos para conjurar de flores una mujer para Lleu”. Gwydyon y Math recogieron flores de roble, de retama y de ulmaria. De ellas hicieron la chica más bella y adorable que uno haya visto nunca. La bautizaron siguiendo la costumbre de entonces, llamandola Blodeuedd (de Blodeu: flores).

Tras el casamiento y la primera noche de amopr de la pareja, Gwydyon dijo “No es fácil mantenerse para un hombre sin tierras”. “Bueno,” dijo Math “le voy a dar el mejor feudo que puede tener un hombre de su edad; el de Dinading”. Lleu se asentó junto a su corte en Mur Castell, gobernando sabiamente sus tierras.

Un día se fue a Caer Dathal a visitar a Math. Su esposa estaba entreteniendo corte cuando escuchó cuernos sonar. Se asomó y vio una compañía de cazadores, hombres de a pie y perros siguiendo a un ciervo exhausto. Envió a un chico a preguntar a quien servía la compañía: Goronwy el acérrimo fue la respuesta. Para cuando le dieron caza al ciervo y alimentaron a los perros la noche ya había caído, y Blodeuedd decidió hospedarlos.

Goronwy y Blodeuedd inmediatamente cedieron a la lujuria.
Pero no quedó como el juego inocente de una noche, no. Empezaron a planear como librarse de Lleu y quedarse con sus tierras. Su esposa averiguaría la manera de darle muerte, y el felón Goronwy la llevaría a cabo.

Una noche Blodeuedd afectó tener una inquietud. “¿Que te pasa?”, preguntó Lleu. “Estoy preocupada por tu muerte. No sé que sería de mí si murieras antes que yo”. “No hace falta que te preocupes”, dijo Lleu, “porque es casi imposible; el arma que me dé muerte debe haber sido trabajada exclusivamente durante los domingos, cuando todos están en misa, y solo la podrían usar contra mí en el caso de que esté con un pie sobre el lomo de un chivo y un pie sobre el borde de una bañera, al lado de un río y bajo un techo de paja”.

Blodeuedd le comunicó esto a Goronwy en cuanto pudo. Goronwy comenzó a trabajar en el arma, y ella se puso a convencer a Lleu de que le enseñe como sería esa improbable situación, “para evitar que alguna vez ocurra”.

Para cuando el arma estuvo lista Blodeuedd ya había persuadido a Lleu, quien parado sobre el lomo de un chivo y el borde de una bañero, al lado de un río y bajo un techo de paja recibió el golpe mortal. Un espantoso alarido recorrió la región, y Lleu salió volando en la forma de un aguila.

Enterado del crimen, Gwydyon salió por Lleu. En su búsqueda se detuvo en la casa de un campesino. En su comarca había una cerda que todos los días desaparecía misteriosamente y volvía a la noche.

Gwydyon la siguió hasta un valle, donde se detuvo bajo un árbol para alimentarse de carne podrida y gusanos. En lo alto del árbol se sacudía un águila. Con cada espasmo caían gusanos y carne podrida.

Gwydyon entonces cantó:

Un roble crece entre dos lagos
cielo oscuro y glen [6].
Si digo verdad
esto viene de las plumas de Lleu
.”

El águila descendió a la mitad del árbol. Gwydyon cantó de nuevo:

Un roble crece en un altiplano;
la lluvia no lo empapa más que la putrefacción.
Ha sostenido veinte artes y oficios;
en sus ramas está Lleu de la Mano Habilidosa
.”

El águila descendió a la rama más baja. Gwydyon cantó una vez más:

Un roble crece en una pendiente
el refugio de un bello principe.
Si digo verdad
Lleu vendrá a mi regazo
.”

El águila se posó en la rodilla de Gwydyon, quien lo golpeó con su varita. En su forma humana Lleu estaba herido y demacrado; tuvo que pasar meses recuperandose en Caer Dathal antes de que todas sus fuerzas volvieran a su cuerpo.

Lleu no perdió tiempo en ejecutar su venganza. Gwydyon fue por Blodeuedd, quien intentó huir a las montañas con sus cortesanas. Al alcanzarla decidió no matarla: como marca de su deshonor, la convirtió en un buho, un animal que todas las demás aves desprecian y atacan.

Goronwy trató de comprar su vida, pero lo único que conformaría a Lleu sería darle un golpe igual al que sufrió él mismo. Finalmente el felón aceptó, pero dijo: “Teniendo en cuenta que esto sucedió por la mala influencia de una mujer te ruego esto: veo una piedra en la rivera; dejame ponerla entre mi cuerpo y tu lanza”. “Bueno”, contestó Lleu.

El vengador arrojó su lanza, atravesó la piedra y rompió el espinazo de Goronwy.

La piedra atravesada todavía se encuentra en la rivera de Avon Gynvae, en Ardudwy, con la lanza clavada. Lleu recuperó su territorio y dominó Gwynedd de ahí en más.

Así termina esta rama del Mabinogi.

Enero 20, 2009

Math (III): Gwydyon y la madre abortiva

Archivado en: mitología, parentesco, relatos — Esteban S @ 2:18 pm

Habiendo ya vengado su orgullo, Math convocó a Gwydyon y a Gilvaethwy para pedirles un consejo: ¿Qué virgen reemplazaría a Goewin como guardiana de los pies reales? El primero recomendó a Aranrhod, sobrina del rey. Math se dirigió a ella y le preguntó si era virgen, a lo que ella contesto que sí; Math dobló entonces su varita y la dejó en el suelo. “Parate sobre esto y veremos”.

En cuanto Aranrhod obedeció, un macizo y rubicundo varoncito cayó de su vientre, junto a cierta pequeña cosa que Gwydyon tomó, envolvió en sábanas de seda, y escondió en el baúl al pie de su cama antes que el resto pudiera ver que era. “Bueno”, dijo Math, “habrá que bautizar a este también. Le voy a poner Dylan”.

Un día, cuando Gwydyon se levantaba, escuchó un llanto de pie de su cama. Abrió el baúl y se encontró con un nene llorando y librándose de las sábanas de seda con las que estaba envuelto. Le buscó una nodriza y lo crió. Creció muy rápido (dicen que a los cuatro años parecía de ocho), y pronto pudo ser presentado a la corte.

En cierta ocasión Gwydyon salió a pasear por Caer Aranrhod, y su hijo adoptivo lo siguió. Al verlo Aranrhod le preguntó “¿Quien es el chico que te sigue?” “Tu hijo”, le contestó. Ella se enojó un montón, y le pidió a Gwydyon que le dijera cual era su nombre. “Todavía no tiene”. “Entonces le voy a dictar este destino: que no tendrá nombre hasta que yo se lo dé”.

gales

Gwydyon volvió enfurecido a Caer Dathal. Al día siguiente llevó al chico a caminar por la rivera que va desde esa localidad hasta Aber Menei, y cuando encontró algas verdes y rojas conjuró un barco. De las algas hizo cordovan [1], y lo coloreó de tal manera que nadie había visto nunca mejor cuero. Subió entonces al barco junto al chico sin nombre y navegó hasta Caer Aranrhod, donde ambos se disfrazaron de oficiales y empezaron a hacer zapatos.
“Quienes vienen en ese barco?” le preguntó Aranrhod a uno de sus hombres. “Zapateros”, le dijeron. “Andá y contame que clase de cuero tienen y que clase de trabajo hacen”. Cuando le contaron de la calidad del material y la factura, ella ordenó que le midieran el pie y le hicieran un par de zapatos. Así hicieron, pero los que le enviaron eran demasiado grandes. Ordenó que le avisaran al zapatero que hiciera otro par. Y Gwydyon entonces los hizo demasiado chicos. Cuando le dijeron que el segundo par tampoco calzaba bien, dijo “Entonces no voy a hacer este encargo hasta que vea sus pies”.

Aranrhod subió al barco, y al ser saludada por Gwydyon le dijo “Me sorprende que no puedas hacer zapatos con solo las medidas”. En ese momento un chochín se alineó con el barco, y el chico le arrojó una piedra que lo derribó. Ella se rió. “El del pelo brillante le dio con una mano habilidosa”. “Sí”, dijo Gwydyon, “y una maldición sobre vos; ahora el chico tiene nombre, y uno bastante bueno: Lleu [2] Mano Habilidosa se va a llamar de ahora en más”. El barco desapareció, y la magia que los disfrazaba de zapateros y al cuero de algas remitió.

“Bueno, le dicto este destino al chico: que nunca tendrá armas si no se las doy yo misma”. “Lleu tendrá armas”, contestó Gwydyon.

Los dos fueron a Dinas Dinlleu, donde Lleu fue criado hasta alcanzar la adolescencia. Gwydyon se dio cuenta de que su hijo adoptivo estaba poniendose flojo y vago sin caballos ni armas, así que lo llevó a Brynn Aryen, y prepararon caballos para ir a Caer Aranrhod. Se disfrazaron con magias de dos hombres jóvenes para presentarse como bardos, y fueron recibidos como tales. Después de comer, Gwydyon entretuvo a Aranrhod con historias.

Al día siguiente Gwydyon se levantó temprano, y con su poder hizo que sonara el estruendo de trompetas y gritos, y el rumor de caballos a la distancia. Horas después, Aranrhod llamó y les dijo que estaban esperando una hueste invasora; a lo que Gwydyon contestó ofreciendo su ayuda y la de su compañero. La señora de la fortaleza estaba complacida, y llamó a dos chicas, que trajeron armas para dos hombres. “Señora, por favor arme a mi compañero, y que las chicas me ayuden a armarme a mí”. Así hicieron. Cuando terminaron, Gwydyon dijo “Bueno, ya pueden sacarnos las armas; no hay hueste enemiga, salvo la que conjuraste privando a tu hijo de armas”, a lo que Aranrhod contestó imponiéndole un último destino a Lleu: “No tendrá esposa de la raza que ocupa la tierra en nuestros tiempos”.

“Pero Lleu tendrá esposa”, dijo Gwydyon antes de irse.

Enero 19, 2009

Math (II): Un escarmiento bastante particular

Archivado en: mitología, relatos — Esteban S @ 12:40 pm

Math no estaba contento. Gwydyon causó una guerra con el único objetivo de que su hermano pudiera arrebatarle su sirvienta – cosa que hizo de la manera más vil. Al enterarse de esta noticia desposó a Goewin, y esperó que Gilvaethwy y Gwydyon acudieran a la corte.

Los dos lograron postergar la ira del rey hasta que este ordenó que se les negara hospitalidad en todo su territorio. Finalmente se presentaron a Caer Dathal, donde Math los esperaba.

“No pueden reparar mi vergüenza, ni la muerte de Pryderi, pero como han venido a cumplir mi voluntad, empezaré a castigarlos” dijo, y los golpeó con una varita, convirtiendo a Gilvaethwy en una cierva y a Gwydyon (que trató de escaparse pero no pudo, el muy felón) en un ciervo. “Ya que andan tan juntos van a aparearse, y van a tener la naturaleza de los ciervos salvajes, y cuando esos animales tengan cría ustedes también la tendrán. Vuelvan dentro de un año”. Y se fueron y volvieron un año después, acompañados de un cervatillo. Math los golpeó con su varita de nuevo, haciendo que Gilvaethwy y Gwydyon recobraran forma humana. El cervatillo se convirtió en un niño, que el rey bautizó como Hyddwn y adoptó. Entonces se dirigió de vuelta a los dos, los tocó con su varita de nuevo y dijo “el que fue cierva ahora será jabalí, y el que fue ciervo será puerca, y van a tener la naturaleza de los jabalíes. Ahora váyanse por un año, y traigan su vastágo.”

Cuando volvieron con un jabato Math les devolvió forma humana; el cachorro se convirtió en un niño al que adoptó y llamó Hychdwn. Antes de que Gilvaethwy y Gwydyon pudieran escapar Math los golpeó nuevamente, y dijo “El que fue jabalí ahora va a ser loba, y el que fue puerca va a ser lobo, y van a tener la naturaleza de los lovos, y van a estar fuera hasta dentro de un año.” Al año se escucharon ladridos en la morada de Math. El rey salió y le dio forma humana al lobezno. Le puso Bleiddwn de nombre, y llamó a los otros dos niños. Entonces Math dijo:

Tres hijos de Gilvaethwy el felón,
tres verdaderos campeones,
Bleiddwn, Hyddwn, Hychdwn el alto
”.

Al devolverles la humanidad a Gilvaethwy y Gwydyon, el rey añadió: “Por lo que hicieron ya los castigué suficiente – es una gran deshonra que hayan tenido hijos entre ustedes. Ahora vayan, tomen un baño y vístanse.”

Y fueron nomás. Con el rabo entre las patas.

Enero 18, 2009

Math (I): De la guerra como preludio para una violación

Archivado en: mitología, relatos — Esteban S @ 2:59 pm

El rey Math creía que su vida dependía de la extraña costumbre de mantener sus pies sobre el regazo de una virgen toda vez que no estuviera en guerra. De dejar de hacer esto, pensaba, moriría inmediatamente. Una de las elegidas para darle reposo a los pies regios fue Goewin, cuya belleza atrajo la enfermiza atención de Gilvaethwy.

Al parecer entre sus muchos dones Gwydyon no contaba con la empatía. Confundió la obsesión de su hermano Gilvaethwy con amor, y decidió ayudarle a alcanzar a Goewin. Esto fue lo que hizo: acudió a Math para advertirle que el Pryderi estaba introduciendo en Gales unas bestias pequeñas, pero tan sabrosas – le aseguraba – como el ciervo. Las llamó “cerdos”, y se ofreció a conseguirlos mediante engaños. Math aprobó su plan, y Gwydyon partió junto a Gilvaethwy y otros diez hombres disfrazados de bardos.

La recepción en la corte de Pryderi fue calurosa, y Gwydyon hechizó a todos los presentes con su elocuencia. Una vez ganado el favor y la atención de todos, el falso bardo pidió los cerdos, pero no recibió la respuesta que esperaba: Pryderi le señaló que debía honrar un acuerdo con su pueblo; debía mantener los cerdos hasta doblar su población. Gwydyon rápidamente contestó “No me entregues los cerdos esta noche; tampoco me los niegues. Mañana te voy a ofrecer algo por ellos”. Se retiró con sus hombres y conjuró los más fantásticos regalos: caballos, perros y escudos.

Al día siguiente los regalos fueron presentados, y Pryderi aceptó cederle los cerdos a cambio de ellos. A poco de retirarse, Gwydyon les dijo a sus hombres “mejor que nos apuremos; la magia no durará más de un día”. Fuera de sí, Pryderi lo persiguió y avanzó sobre el territorio de Math, quien se vio forzado a levantar sus soberanos pies del regazo de Goewin para guerrear.

La guerra fue sangrienta, pero corta: Gwydyon le puso punto final enfrentándose en combate singular con Pryderi, a quien venció y mató gracias a su fuerza, habilidad, magia y engaños.

Para entonces Gilvaethwy había violado a Goewin.

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