Habiendo ya vengado su orgullo, Math convocó a Gwydyon y a Gilvaethwy para pedirles un consejo: ¿Qué virgen reemplazaría a Goewin como guardiana de los pies reales? El primero recomendó a Aranrhod, sobrina del rey. Math se dirigió a ella y le preguntó si era virgen, a lo que ella contesto que sí; Math dobló entonces su varita y la dejó en el suelo. “Parate sobre esto y veremos”.
En cuanto Aranrhod obedeció, un macizo y rubicundo varoncito cayó de su vientre, junto a cierta pequeña cosa que Gwydyon tomó, envolvió en sábanas de seda, y escondió en el baúl al pie de su cama antes que el resto pudiera ver que era. “Bueno”, dijo Math, “habrá que bautizar a este también. Le voy a poner Dylan”.
Un día, cuando Gwydyon se levantaba, escuchó un llanto de pie de su cama. Abrió el baúl y se encontró con un nene llorando y librándose de las sábanas de seda con las que estaba envuelto. Le buscó una nodriza y lo crió. Creció muy rápido (dicen que a los cuatro años parecía de ocho), y pronto pudo ser presentado a la corte.
En cierta ocasión Gwydyon salió a pasear por Caer Aranrhod, y su hijo adoptivo lo siguió. Al verlo Aranrhod le preguntó “¿Quien es el chico que te sigue?” “Tu hijo”, le contestó. Ella se enojó un montón, y le pidió a Gwydyon que le dijera cual era su nombre. “Todavía no tiene”. “Entonces le voy a dictar este destino: que no tendrá nombre hasta que yo se lo dé”.

Gwydyon volvió enfurecido a Caer Dathal. Al día siguiente llevó al chico a caminar por la rivera que va desde esa localidad hasta Aber Menei, y cuando encontró algas verdes y rojas conjuró un barco. De las algas hizo cordovan [1], y lo coloreó de tal manera que nadie había visto nunca mejor cuero. Subió entonces al barco junto al chico sin nombre y navegó hasta Caer Aranrhod, donde ambos se disfrazaron de oficiales y empezaron a hacer zapatos.
“Quienes vienen en ese barco?” le preguntó Aranrhod a uno de sus hombres. “Zapateros”, le dijeron. “Andá y contame que clase de cuero tienen y que clase de trabajo hacen”. Cuando le contaron de la calidad del material y la factura, ella ordenó que le midieran el pie y le hicieran un par de zapatos. Así hicieron, pero los que le enviaron eran demasiado grandes. Ordenó que le avisaran al zapatero que hiciera otro par. Y Gwydyon entonces los hizo demasiado chicos. Cuando le dijeron que el segundo par tampoco calzaba bien, dijo “Entonces no voy a hacer este encargo hasta que vea sus pies”.
Aranrhod subió al barco, y al ser saludada por Gwydyon le dijo “Me sorprende que no puedas hacer zapatos con solo las medidas”. En ese momento un chochín se alineó con el barco, y el chico le arrojó una piedra que lo derribó. Ella se rió. “El del pelo brillante le dio con una mano habilidosa”. “Sí”, dijo Gwydyon, “y una maldición sobre vos; ahora el chico tiene nombre, y uno bastante bueno: Lleu [2] Mano Habilidosa se va a llamar de ahora en más”. El barco desapareció, y la magia que los disfrazaba de zapateros y al cuero de algas remitió.
“Bueno, le dicto este destino al chico: que nunca tendrá armas si no se las doy yo misma”. “Lleu tendrá armas”, contestó Gwydyon.
Los dos fueron a Dinas Dinlleu, donde Lleu fue criado hasta alcanzar la adolescencia. Gwydyon se dio cuenta de que su hijo adoptivo estaba poniendose flojo y vago sin caballos ni armas, así que lo llevó a Brynn Aryen, y prepararon caballos para ir a Caer Aranrhod. Se disfrazaron con magias de dos hombres jóvenes para presentarse como bardos, y fueron recibidos como tales. Después de comer, Gwydyon entretuvo a Aranrhod con historias.
Al día siguiente Gwydyon se levantó temprano, y con su poder hizo que sonara el estruendo de trompetas y gritos, y el rumor de caballos a la distancia. Horas después, Aranrhod llamó y les dijo que estaban esperando una hueste invasora; a lo que Gwydyon contestó ofreciendo su ayuda y la de su compañero. La señora de la fortaleza estaba complacida, y llamó a dos chicas, que trajeron armas para dos hombres. “Señora, por favor arme a mi compañero, y que las chicas me ayuden a armarme a mí”. Así hicieron. Cuando terminaron, Gwydyon dijo “Bueno, ya pueden sacarnos las armas; no hay hueste enemiga, salvo la que conjuraste privando a tu hijo de armas”, a lo que Aranrhod contestó imponiéndole un último destino a Lleu: “No tendrá esposa de la raza que ocupa la tierra en nuestros tiempos”.
“Pero Lleu tendrá esposa”, dijo Gwydyon antes de irse.