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Math (III): Gwydyon y la madre abortiva

Publicado en mitología, parentesco, relatos el Enero 20, 2009 por Esteban S

Habiendo ya vengado su orgullo, Math convocó a Gwydyon y a Gilvaethwy para pedirles un consejo: ¿Qué virgen reemplazaría a Goewin como guardiana de los pies reales? El primero recomendó a Aranrhod, sobrina del rey. Math se dirigió a ella y le preguntó si era virgen, a lo que ella contesto que sí; Math dobló entonces su varita y la dejó en el suelo. “Parate sobre esto y veremos”.

En cuanto Aranrhod obedeció, un macizo y rubicundo varoncito cayó de su vientre, junto a cierta pequeña cosa que Gwydyon tomó, envolvió en sábanas de seda, y escondió en el baúl al pie de su cama antes que el resto pudiera ver que era. “Bueno”, dijo Math, “habrá que bautizar a este también. Le voy a poner Dylan”.

Un día, cuando Gwydyon se levantaba, escuchó un llanto de pie de su cama. Abrió el baúl y se encontró con un nene llorando y librándose de las sábanas de seda con las que estaba envuelto. Le buscó una nodriza y lo crió. Creció muy rápido (dicen que a los cuatro años parecía de ocho), y pronto pudo ser presentado a la corte.

En cierta ocasión Gwydyon salió a pasear por Caer Aranrhod, y su hijo adoptivo lo siguió. Al verlo Aranrhod le preguntó “¿Quien es el chico que te sigue?” “Tu hijo”, le contestó. Ella se enojó un montón, y le pidió a Gwydyon que le dijera cual era su nombre. “Todavía no tiene”. “Entonces le voy a dictar este destino: que no tendrá nombre hasta que yo se lo dé”.

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Gwydyon volvió enfurecido a Caer Dathal. Al día siguiente llevó al chico a caminar por la rivera que va desde esa localidad hasta Aber Menei, y cuando encontró algas verdes y rojas conjuró un barco. De las algas hizo cordovan [1], y lo coloreó de tal manera que nadie había visto nunca mejor cuero. Subió entonces al barco junto al chico sin nombre y navegó hasta Caer Aranrhod, donde ambos se disfrazaron de oficiales y empezaron a hacer zapatos.
“Quienes vienen en ese barco?” le preguntó Aranrhod a uno de sus hombres. “Zapateros”, le dijeron. “Andá y contame que clase de cuero tienen y que clase de trabajo hacen”. Cuando le contaron de la calidad del material y la factura, ella ordenó que le midieran el pie y le hicieran un par de zapatos. Así hicieron, pero los que le enviaron eran demasiado grandes. Ordenó que le avisaran al zapatero que hiciera otro par. Y Gwydyon entonces los hizo demasiado chicos. Cuando le dijeron que el segundo par tampoco calzaba bien, dijo “Entonces no voy a hacer este encargo hasta que vea sus pies”.

Aranrhod subió al barco, y al ser saludada por Gwydyon le dijo “Me sorprende que no puedas hacer zapatos con solo las medidas”. En ese momento un chochín se alineó con el barco, y el chico le arrojó una piedra que lo derribó. Ella se rió. “El del pelo brillante le dio con una mano habilidosa”. “Sí”, dijo Gwydyon, “y una maldición sobre vos; ahora el chico tiene nombre, y uno bastante bueno: Lleu [2] Mano Habilidosa se va a llamar de ahora en más”. El barco desapareció, y la magia que los disfrazaba de zapateros y al cuero de algas remitió.

“Bueno, le dicto este destino al chico: que nunca tendrá armas si no se las doy yo misma”. “Lleu tendrá armas”, contestó Gwydyon.

Los dos fueron a Dinas Dinlleu, donde Lleu fue criado hasta alcanzar la adolescencia. Gwydyon se dio cuenta de que su hijo adoptivo estaba poniendose flojo y vago sin caballos ni armas, así que lo llevó a Brynn Aryen, y prepararon caballos para ir a Caer Aranrhod. Se disfrazaron con magias de dos hombres jóvenes para presentarse como bardos, y fueron recibidos como tales. Después de comer, Gwydyon entretuvo a Aranrhod con historias.

Al día siguiente Gwydyon se levantó temprano, y con su poder hizo que sonara el estruendo de trompetas y gritos, y el rumor de caballos a la distancia. Horas después, Aranrhod llamó y les dijo que estaban esperando una hueste invasora; a lo que Gwydyon contestó ofreciendo su ayuda y la de su compañero. La señora de la fortaleza estaba complacida, y llamó a dos chicas, que trajeron armas para dos hombres. “Señora, por favor arme a mi compañero, y que las chicas me ayuden a armarme a mí”. Así hicieron. Cuando terminaron, Gwydyon dijo “Bueno, ya pueden sacarnos las armas; no hay hueste enemiga, salvo la que conjuraste privando a tu hijo de armas”, a lo que Aranrhod contestó imponiéndole un último destino a Lleu: “No tendrá esposa de la raza que ocupa la tierra en nuestros tiempos”.

“Pero Lleu tendrá esposa”, dijo Gwydyon antes de irse.

Nuestra cultura técnica (I): Parentesco

Publicado en antropología, el gremio, estudios, libros, parentesco el Enero 12, 2009 por Esteban S

Pasaron las fiestas, con su habitual reguero de conflictos familiares de baja intensidad, producto inevitable de la convivencia forzada que se da desde las vísperas de Navidad algún momento de los primeros días de enero (año nuevo, reyes o fin de las vacaciones, depende el caso). Nos tratamos de convencer de que los lazos con nuestros padres, madres, hermanos, primos, tíos y demás son débiles frente a nuestros intereses individuales; y sin embargo seguimos siendo unos cuantos los que vivimos aquellas, em, fiestas como la obediencia a una norma cruel y externa.

Pasa que las raíces de la ideología individualista son profundas. Cuando empecé a estudiar empresas y explotaciones familiares no pensé que el parentesco tuviese tanto peso en la vida y la conducta económica de la gente que participa en una sociedad industrial. Creía (siguiendo un prejuicio no menos post-moderno que moderno, y con una gran historia en el gremio) que las relaciones de parentesco y afinidad apenas tenía algún impacto sobre el comportamiento empresarial. Bueno, resulta que me equivoqué. Si que importa. Así que me estoy volcando de vuelta a campos de la antropología que el gremio local desestima.

Recientemente editaron un libro bastante inusual dentro del mundo editorial local: Genealogía y antropología. Los avatares de una técnica de estudio, de Enric Porqueres i Gené. Inusual, digo, por lo específico (hasta esotérico) de su objeto: el método etnogenealógico de Rivers. Me temo que el que quiera una introducción a sus fundamentos y a su utlización en el campo va a tener que buscar en otro lado; a Porqueres le interesa contar la historia de cómo se desarrolló durante los primeros años del siglo XX, como Malinowski la caricaturizó y relegó del canon, como reapareció subrepticiamente en los manuales de etnología británicos, y que contactos hay entre sus preocupaciones originarias y la actualidad de los estudios del parentesco. Esta última parte es muy interesante porque da un panorama de un campo que permanece vital y que probablemente experimente en el futuro cercano un resurgimiento. Con respecto a esto la esperanza del autor es que se dé una integración fecunda de las que considera las dos ramificaciones principales que coexisten actualmente en el campo: la de las aplicaciones de la informática a problemas de parentesco (cierto trabajo pionero de Heritier, los subsiguientes programas GEN-PAR de Marion Selz y GENOS de Laurent Barry, y los P-GRAPH de Douglas White) y la redefinición conceptual que trajo la antropología del cuerpo de la mano de Godelier.

En otro momento dije que el parentesco nos había dado a los antropólogos algunas de las pocas herramientas formales propias, notación incluida. Cuando se puso de moda tirar a la basura todos los resultados y las herramientas de la disciplina en nombre de la lucha contra el etnocentrismo esa creatividad técnica perdió terreno. Pero parece que hay gente por todos lados que ya se aburrió de repetir esas letanías críticas que sonaban tan actuales hace treinta años, y está redescubriendo la necesidad de situar a la observación participante en su lugar, al lado de otras técnicas de relevamiento y análisis de información.

Así que quiero proponerles un pequeño ejercicio a los antropólogos que léan esto. No, no hace falta que dejen comentarios. Quiero que piensen en todo lo estudiaron durante su formación de grado (y postgrado, claro). Pero no lo hagan como hasta ahora, en términos de “autores a los que leí”, ni de “conceptos que aprendí”. Pregúntense que herramientas aprendieron a utilizar. ¿Son tantas y tan buenas? ¿O habría que empezar a conseguir otras?

Porqueres i Gené. 2008. Genealogía y antropología. Los avatares de una técnica de estudio. Del Puerto – Centro Franco-Argentino de Altos Estudios (UBA). Buenos Aires.