Grafos y accidentes

Noviembre 18, 2009

¿Son los choques automovilísticos accidentes?

Archivado en: epidemiología, estudios, política, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 11:07 pm

Accidentes. Así llamamos a eventos que van desde los desastres domésticos hasta las catástrofes ambientales. El accidente es abstracto y concreto al mismo tiempo; la variedad de sus manifestaciones no ha desgastado su fuerza evocativa. ¿Qué es lo primero en lo que pensamos cuando escuchamos la palabra? Quizás en derrames de petróleo en alta mar, o en nenes y pavas de agua hirviendo, o, más probablemente, en carrocerías destrozadas sobre la ruta. La colisión automovilística se ha convertido en el paradigma del accidente. Resultaría entonces sorprendente que los expertos dejaran de considerarlo como tal, ¿no?.

El último número de la revista Main focus de la ISO está dedicado a la promoción del estándar ISO 39001, de gestión de la seguridad vial que actualmente está en estado preliminar. Aunque los contenidos no dan grandes precisiones acerca de como será, cuentan con un par de puntos de interés: la referencia recurrente a la experiencia sueca del proyecto Vision Zero, y la entrevista a Mark Rosenberg, médico y director del Global Road Safety Forum, quien hace algunas declaraciones bastante interesantes. En ella, dice que…

“Nuestra mayor amenaza en seguridad vial no viene de gente que maneja demasiado rápido, ni de gente que maneja borracha, ni de peatones imprudentes. Nuestra mayor amenaza viene del fatalismo, del sentido de que nada puede ser hecho para prevenir las muertes y lesiones por tráfico, del sentido de que estas son una parte de la vida que inevitablemente incrementará al motorizarse más y más un país.”

…algo a lo que le pondría mi firma sin dudarlo un instante, pero continuando de la siguiente manera:

“Por esa razón, tratamos de nunca usar la palabra “accidente” porque accidente implica que una muerte o una lesión es completamente impredecible, y si no es predecible entonces no es prevenible; entonces para que tratar de prevenir esas lesiones y muertes?
Creemos que las muertes por tráfico automovilístico son tanto predecibles como prevenibles. Por esta razón, no deberíamos llamarlas más accidentes”.

En los ámbitos especializados esta idea ya se encuentra muy difundida, y generalmente es sostenida con argumentos parecidos.

Pero a pesar de que desalienta el fatalismo (al cual coincido en considerar el más gran obstáculo a cualquier medida decisiva de seguridad vial), me parece que la validez de las premisas (y por lo tanto de su conclusión es cuestionable.

Dudo mucho que un accidente pueda ser predecido en el sentido fuerte de la palabra. Puede, en cambio, estipularse la probabilidad de su ocurrencia, y también evaluarse la incidencia de distintos factores sobre dicha medida. En suma, puede ser prevenido.

De todas maneras, hay una buena razón para no llamar accidentes a los choques fuera de los contextos técnicos. Al asumir que los accidentes son inevitables, Rosenberg no toma el concepto que derivaron de la palabra la ingeniería y la investigación forenses, sino el sentido que cobra pragmáticamente cuando alguien dice “fue un accidente”. Odiosa expresión, aunque a veces necesaria. La primera (y a veces única) interpretación será que quien profiere esa frase está tratando de excusarse a sí mismo o a alguien más de una negligencia apelando a algún azar reificado. En esos casos, que el evento descrito como accidente se ajuste a una definición técnica se vuelve socialmente irrelevante.

Consideraciones pragmáticas aparte, es posible que exista también una razón técnica que haga que Rosenberg y tantos otros expertos hayan tomado esta decisión. Tengamos en cuenta que la investigación de accidentes se encuentra tan generalizada en ámbitos industriales (incluyendo las operaciones de transporte), y que este experto aboga por un traspaso de las responsabilidades de seguridad vial de los ministerios de industria (o de planificación federal, inversión pública y servicios, como es nuestro caso) a los ministerios de salud. El Global Road Safety Forum ha llamado a la crisis global de seguridad vial una epidemia. Y no se trata de un caso aislado. Desde hace algún tiempo, la epidemiología avanza a paso sostenido sobre problemas de higiene y seguridad que eran tratados de manera muy distinta con anterioridad, al punto que se ha propuesto en Inglaterra utilizar abordajes epidemiológicos a un campo tan tradicional (y con una historia tan vasta) como la accidentología ferroviaria británica.

Espero que llegue el día en que estas discrepancias metodológicas sean relevantes en la Argentina. A diferencia de Uruguay (país al que algunos de nuestros imbéciles tratan como si fuera una provincia argentina), donde debates como estos tienen consecuencias en la gestión pública, en nuestro país falta la voluntad política más elemental para siquiera plantear estos problemas. Acá no hay disenso posible sobre las herramientas porque ni siquiera nos mostramos interesados en detener las muertes. Y ese es el peor fatalismo que existe.

Julio 24, 2009

Sobre los usos políticos de la generación

Archivado en: antropología, política — Esteban S @ 12:35 am

“A todos los muchachos nuer se los inicia a la vida adulta mediante una operación muy dolorosa (gar). Con un cuchillo pequeño les hacen seis largos cortes en la frente que van de oreja a oreja. Las cicatrices permanecen durante toda la vida, y se dice que se pueden detectar esas marcas en los cráneos de hombres muertos.”

Poco después de las elecciones de junio, el blogger conocido como Escriba publicó un artículo en Artepolítica donde invitaba a pensar a la generación . El timing le falló, y los oficialistas estaban tan susceptibles que interpretaron que se había dado el vuelta el poncho. Pero el gesto reverberó junto a ciertas discusiones previas sobre el papel de la generación respecto al imaginario setentista, la memoria,a y las organizaciones de DDHH en blogs como éste y éste.

“Inician a varios muchachos al mismo tiempo, pues creen que si iniciaran a un muchacho solo, sufriría de soledad y podría morir. Además, es más fácil disponer todo lo necesario para los muchachos y prestarles los cuidados y atenciones que necesitan durante la convalescencia, si se los inicia en grupos”.

Mi primera reacción frente a este uso de la palabra “generación” fue de desconfianza. Supongo que fue un cambio bastante reciente, porque poco antes de graduarme escribía (y muy convencido) en panfletos estudiantiles apartidarios sobre “compromisos generacionales” junto a demás blablablá. ¿Que pasó? Mi fecha de nacimiento no se corrió veinte años para atrás. Quizás se deba a ciertas decepciones que sufrí en los últimos años respecto a la academia en tanto institución.

“Todos los muchachos iniciados durante una serie de años sucesivos pertenecen a un mismo grupo de edad (ric). Hasta época reciente, ha habido un intervalo de cuatro añoes entre el final de uno de esos grupos y el comienzo del siguiente. (…) Determinado wut ghok, “Hombre del Ganado”, es el encargado de abrir y cerrar los períodos de iniciación y, por tanto, de dividir los grupos de edad”.

En mis trabajos posteriores cedí varias veces a la tentación de usar a la generación para explicar la dinámica de grupos domésticos y familias. Es una noción muy difusa, pero en última instancia eso no significa que no sirva; mucho menos que no signifique nada. Los excesos de la precisión engendran monstruos.

“Hoy se inicia a los muchachos cada año. Cada varios años el Hombre del Ganado anuncia que va a separar los grupos y celebra una ceremonia en virtud de la cual todos los muchachos iniciados hasta ese año entran dentro de un grupo y todos los iniciados a partir de ese año entran dentro de un grupo más joven”.

Pero el ejercicio analítico me condujo a esta sospecha: apelamos a la generación para sacar ventaja dentro de instituciones (partidos políticos, empresas, sindicatos, ONGs, etc.); es una carta más en los juegos que se dan dentro de esos marcos bien definidos. La generación no tiene siquiera la estructura de un grupo etario. Así las cosas, una invitación a pensar generacionalmente que no deje bien claro el marco institucional dentro del que se está hablando es chamuyo.

“Descubrimos que, por lo general, entre el grupo de un hombre y el de su hijo mayor mediaban dos grupos, pero a veces uno. En el caso de hijos menores, mediaban dos o tres grupos. Podemos aceptar que, por término medio, las generaciones de abuelo-padre-hijo abarcan seis grupos”.

Si nos quieren convencer de que apelemos a nuestra consciencia generacional en busca de una identidad política, primero veamos al servicio de qué, y por qué medios. Aunque quizás en algún punto sea ineludible; quizás nos permitiría dejar de pescar nuestras identidades políticas en los mismos estanques de siempre. Ese momento de sobriedad – o de resaca, más bien – nos lo venimos debiendo.

Julio 16, 2009

Gripe A: ¿es para tanto?

Archivado en: antropología, epidemiología, estudios, política, riesgo e incertidumbre — Esteban S @ 11:49 am

¿Estamos frente a una amenaza que justifica paralizar sectores clave del país, como la educación? ¿O se trata de una conspiración? Me parece que la respuesta a las dos preguntas es no.

No soy médico, pero como no me gusta que mis opiniones sobre temas importantes dependan de impresiones, me puse a leer un poco sobre el asunto Lo poco que sé de epidemiología lo aprendí hojeando los manuales de Beaglehole-Bonita (hace unos años) y de Alemida Filho-Rouquayrol (hace unas semanas). La presentación de los indicadores de la morbimortalidad en términos de subconjuntos que se hace en el segundo me pareció muy clara, y vale la pena reproducirla:

morbimortalidadIndicadores de morbimortalidad (a partir de de Almeida Filho y Rouquayrol, 2008)

¿Para que? Para no caer en algunos de las errores típicos, como el de confundir a los enfermos diagnosticados con el total de la población. Es una distinción que necesitamos para entender de que se tratan la letalidad y la mortalidad. La tasa de letalidad es la relación entre los muertos y los infectados diagnosticados (O/D), mientras que la tasa de mortalidad es la de los muertos sobre el total de la población (O/P).

Si vamos a la página oficial del ministerio de salud sobre la gripe A y leemos el último informe de situación (para este post el nº64), tenemos que la Argentina cuenta con 3056 casos detectados y 137 fallecidos. La información fue relevada por el ministerio, a diferencia del caso chileno, donde la OPS encontró 9549 casos y 25 fallecidos. El porcentaje, entonces:

Argentina: (137 / 3056).100 = 4,48
Chile: (25/9549).100 = 0,26

En momentos en los que la confiabilidad de los datos ni siquiera esperan a ninguna sofisticación epistemológica para ser puestos en duda, la sospecha de que los números de la pandemia estén dibujados se hace oir.

De ser ciertos los números proporcionados por el ministerio, la tasa de letalidad es considerable. Ahora, en estas circunstancias lo que un/a gobernante/a (suponiendo que no quiere ser considerado/a responsable/a de la muerte de ciudadanos/as) podría desear es que la diferencia entre el conjunto de los infectados y el conjunto de los diagnosticados sea lo menor posible, especialmente si este último cuenta con 100.000, como se le escapó a nuestro ministro. Si efectivamente ese fuera el número, y estuvieran todos registrados tendríamos que:

(137 / 100.000).100 = 0,137

…algo más cercano a los datos relevados por la OPS en Chile. De hecho, si vemos la tasa de letalidad de los demás países (tanto a los que relevaron sus propios datos como los que no), la veremos bastante similar a este valor (Brasil: 0,19%, Uruguay: 1,15%, Perú: 0,28% ), con las excepciones son Paraguay (2,6%) y Colombia (4,21%). El total de América Latina, sin embargo, nos da 1,07%, contribuyendo nosotros con el 74% de los muertos y el 17% de los diagnósticos positivos.

Uno podría argumentar que no les resultaría muy ventajoso ser sinceros con respecto a los muertos (como espero que sean) y mentir sobre los infectados. Pero frente a la opinión pública los números absolutos son mucho más impactantes que las tasas y coeficientes. A lo mejor lo saben, y por eso nuestra presidenta decidió mandar a callar a nuestro ministro tras el incidente.

O a lo mejor lo hacen de pelotudos nomás.

Julio 7, 2009

Tráfico

Archivado en: política — Esteban S @ 3:05 pm

3 de julio del 2009. 12:05
Santiago del Estero.
Av. Belgrano y Rivadavia,

En el momento en que corto una llamada con mi hermano entra a la estación de servicio una mujer vestida de monja. Tiene un aire nervioso; habla con la empleada en la caja y hace tiempo mirando las pocas góndolas del autoservici0. Minutos después entra una mujer criolla con una densa empalizada de maquillaje en la cara y vestida con los emblemas de la prostitución, acompañada de una chica negra que la sigue con los ojos bajos. Ambas se paran a unos metros de la caja, e inicialmente guardan distancia de la mujer vestida de monja, quien poco después se les aproxima y le dice algo a la criolla.

Durante los siguientes minutos la vestida de monja habla con la empleada de caja para después informar de algo a la criolla. En un momento la chica habla; lo hace con cierta inseguridad, y por lo que puedo escuchar mientras aparento esperar a alguien, no en castellano. Las otras la miran fríamente.

Después se dirigen a una camioneta doble cabina Isuzu con una lona sobre la caja estacionada en la playa. La vestida de monja al asiento de conductor, la criolla al de acompañante y la chica negra en la parte de atrás. Se retiran por la avenida Belgrano.

Mayo 16, 2009

Muerte, venganza, y ética etnográfica (I)

Archivado en: antropología, el gremio, nemética, política — Esteban S @ 6:13 pm

El biólogo y geógrafo estadounidense Jared Diamond es bastante conocido dentro de nuestro gremio, y por muy buenas razones. En un momento en el que la antropología ha reformulado hasta la obliteración a su objeto tradicional (llamémoslo las sociedades no industriales), Diamond lo retoma en su búsqueda de un conocimiento urgente para evitar nuestra autodestrucción. Los problemas que se plantea hacen a lo humano en general, y las particularidades culturales son tomadas como expresiones contingentes de algo que nos incluye.

Así que tanto las admiraciones (los colegas de Pueblo de Caos son buen ejemplo de esto [1] [2]) como las animosidades que despierta Diamond nos remiten al hecho de que es casi el único autor que hace esas cosas que solían identificarnos a los antropólogos antes de que algunos norteamericanos cansados, aburridos y quejosos nos invitaran a hacer crítica de la etnografía.

Resulta que Diamond publicó en abril del año pasado un artículo en The New Yorker [x] sobre temas de nemética en Papúa Nueva Guinea. El título es Vengeance is ours, y narra la historia ocurrida en 1992 de una guerra entre clanes provocada por un hombre llamado Daniel Wemp en venganza por la muerte del hermano de su padre. Antes de pasar a las causas del revuelo que ha motivad creo fundamental hacer una síntesis de este texto, que no tiene desperdicio.

El origen de los acontecimientos que se sucederían se remontaba, según Jared y sus informantes, a un evento que a la distancia parece trivial: un cerdo arruinó el jardín hortícola de un hombre Ombal, quien acusó a un dueño de cerdos Handa. La disputa entró en una escalada, y rápidamente todos los miembros de ambos clanes (entre cuatro y seismil personas) se encontraron enfrentados. Para el momento en que Soll, el hermano del padre de Daniel, fue muerto las bajas sumaban diecisiete. El enfrentamiento en el que cayó seguía las convenciones locales; dos grupos numerosos de guerreros se apostan a distancia y llenan el espacio de flechas y lanzas. La identidad de quien da un golpe fulminante queda así subsumida en el clan, que parece ser el objeto y agente de esta economía de violencias.

Pero la responsabilidad de las venganzas tiene también un componente personal. Daniel era el único que estaba en condiciones físicas y etarias para retribuir la violencia; era, según la expresión de Diamond, el dueño de la pelea. Y era Isum, el organizador de la batalla en la que cayó Soll, quien debía pagar.

Tras intentar agotar el asunto en una batalla decisiva que resultó ser una escaramuza socialmente poco valedera, Daniel afrontó los numerosos problemas planteados por la dirección de una buena venganza; cuestiones de parentesco (Tres parientas de Isum habían sido casadas dentro del clan Ombal, por lo que él no podía morir por su mano; aunque si por la de alguien de otro clan que él pagara o persuadiera), de logística (alistar y movilizar guerreros presenta sus dificultades), y, por supuesto, de nemética (en cada batalla confluían varias venganzas personales).

La guerra de clanes ya se había cobrado treinta vidas para el momento en que Diamond escuchó de la sexta batalla. Pero esa habría de ser la última.

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Continuará en el próximo post.

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[x] El New Yorker exige registración, pero afortunadamente está en línea por un curso de la universidad de Nebraska.

Abril 10, 2009

Nemética, el arte de vengar bien

Archivado en: antropología, estudios, juegos, nemética, política — Esteban S @ 1:27 pm

En nombre del cosmopolitismo Ulrich Beck se permite calificar a la venganza como un fenómeno arcaico, premoderno e irrelevante a la actual sociedad del riesgo mundial. ¿Pero a que costo pueden despreciarse las fuerzas morales que se agitan por debajo de la ética, el derecho y la política? Sería necio (y muy cómodo) relegar fenómenos como saqueos, linchamientos, revueltas, vendettas y crímenes de honor a un lugar marginal de la reflexión sobre la política y la vida social. Si podemos darnos ese lujo es porque nuestra experiencia cotidiana depende de la intervención de una fuerza legitimada por un amplio conjunto de instituciones.

El Estado, sin embargo, no es el único ámbito institucional que permite una salida a las escaladas de violencia a las que estamos expuestos. Si escuchamos a Girard pensaremos que la violencia se esparce de manera casi epidémica, y para lidiar con ella es necesario disponer de varias medidas sanitarias. Algunas de ellas son provistas por el Estado y su aparato judicial, pero otras tienen raíces más profundas. Un ejemplo privilegiado de estas últimas es el sacrificio.

Como escribiera Carlos L´Hereux, uno de los pocos maestros rosarinos del gremio que verdaderamente merece ese apelativo,

“A pesar de ser técnicamente mucho más eficaz, el sistema judicial, al homogeneizar la represalia como una aplanadora, falla en un aspecto esencial, no oculta la culpabilidad, y la sed de venganza aparece enajenada en el principio de justicia y detenida exteriormente (terror jurídico) pero no sustituida interiormente. Simplemente porque el aparato judicial, aunque pretendió y pretende sacralizarse, nació y es esencialmente laico, profano, por lo tanto eminentemente técnico. En cambio el sistema sacrificial es de raíz simbólica. Es una sustitución cabal, profunda, y por lo tanto irremplazable en la cultura humana.
(…)
Es por eso que una celebración crucial de una cultura cristiana como la nuestra, es vista desde la sociedad laica como una especie de costumbre folk. El Viernes Santo es tanto o más popular que el carnaval, pero la percepción de la sociedad oficial y de los sectores laicos vinculados a los medios de masas no lo ve así. Los modernos no temen a la reciprocidad violenta, al menos hasta cuando la sociedad desquiciada no llegue a su colmo. Mientras tanto, se sienten a cubierto por el carácter aplastante de la intervención judicial que les impide dar el primer paso en el círculo vicioso de las represalias.” [1]

Salvo en el hipotético caso de un monopolio perfecto de la violencia, mantendrá siempre su vigencia en los asuntos humanos un arte de la retribución moral. Me gusta llamarlo nemética en honor a Nemesis, diosa griega de la venganza. Los nemetistas, sus cultores, abundan. Actualmente se los puede encontrar en el Estado, en los partidos políticos, en los movimientos sociales, y (por docenas) en los organismos de derechos humanos. Otros, en cambio, ejercen este arte de manera espontánea frente a algún tipo de shock moral. El sacrificio es, junto a la búsqueda de chivos expiatorios y la manipulación de grandes grupos no jerárquicos (turbas, multitudes, etc.) una de sus técnicas fundamentales.

¿Podrían ofrecerle las ciencias sociales herramientas a la nemética? Probablemente sí. Uno de los sesgos tradicionales de la antropología ha sido su énfasis en la dimensión simbólica, política y moral de los procesos sociales, lo que la colocaría en una situación privilegiada para realizar sus aportes. Efectivamente, ha producido un rico registro de situaciones neméticas (como en la obra de los antropólogos políticos franceses, o en la de los funcional-estructuralistas británicos más despiertos, como Evans-Pritchard) y herramientas analíticas muy valiosas. También han habido – y sigue habiendo – nemetistas que emplean a las ciencias sociales como plataforma institucional, pero incluso estos han explorado hasta ahora muy poco el potencial del conocimiento académico.

Expresarse en estos términos sobre las fuerzas morales parecerá irresponsable – especialmente para quienes olvidan que el derecho es débil y sigue de lejos a las fuerzas motoras de la vida social, como este hombre. Pero no hay que olvidar que el nemetista adepto es tan capaz de provocar, agravar y encauzar violencia como de desactivarla con costos mínimos. Su labor, en suma, es inevitable, y por lo tanto solo caben dos opciones: esperar que los mejores nemetistas no atenten contra lo que más valoramos, o encontrarnos con ellos en su propio juego.

[1] L´Hereux, C. 2004. “El Viernes sin teología”, En: Sobre Bajtin, Girard y Eliade. Tres ensayos transdisciplinarios sobre las fiestas. Laborde. Rosario.

Marzo 25, 2009

El tiempo oportuno

Archivado en: antropología, el gremio, estudios agrarios, política — Esteban S @ 7:50 pm

Hace solo unas horas que llegué a Mar del Plata para participar del congreso de antropología rural organizado por el NADAR. No podría haber sido más oportuno. A un año de los acontecimientos que convirtieron a los agricultores pampeanos en actores políticos decisivos (a pesar de una larga y notoria crisis de representatividad de sus corporaciones), la academia ha tenido tiempo para calibrar su atención sobre la región pampeana.

Es probable, sin embargo, que existan algunos factores que obstaculicen un debate fructífero sobre estos problemas. En este momento se me ocurren dos:

  • El gremio ofrece juegos muy lentos. La duración de una investigación académica suele rondar los tres años, y cuando un oficial o un maestro interioriza estos plazos demasiado profundamente su curiosidad puede resentirse. Se arriesga así a perder la flexibilidad y voracidad intelectuales que requiere la comprensión de un contexto tan cambiante.
  • La antropología suele enfocarseen lo que el sentido común considera marginal, exótico, lejano y anómalo. En los estudios rurales argentinos, eso generalmente se traduce en enfocarse en los campesinos de regiones extrapampeanos en vez de los productores capitalizados pampeanos. Existen muy buenas razones para que los antropólogos hagan esto, pero en no pocos casos esta particularidad de la definición del objeto antropológico hace perder la perspectiva de procesos más amplios.

El último punto es tanto un peligro como una fortaleza. El estudio de las economías regionales extra-pampeanas puede resultar muy importante por razones que exceden el estrecho horizonte de las elecciones de junio.

La sequía dela campaña 2008-2009 está siendo vista como el comienzo de una transición hacia una fase seca que comenzará como tal alrededor del 2025. Más allá de la retracción de la frontera agraria – que muchos consideran inevitable – las potenciales respuestas a este cambio climático dependerán de las características sociales, políticas y económicas de cada región.

Mi esperanza es que logremos aprovechar la oportunidad de este congreso para evitar las trampas de la inmediatez periodística y la pedantería académica mirando a los desafíos que se presentarán en el mediano y largo plazo.

Los mantendré avisados. Un abrazo.

Marzo 12, 2009

Maestro de una incierta lección

Archivado en: gente, política — Esteban S @ 1:28 pm

Un día como hoy hace 146 años nacía en Pescara, Abruzzo, Gabriele D´Annunzio, un hombre al que desde entonces han intentado definir enumerando sus muy diversos talentos. Novelista, poeta, dramaturgo, político, héroe de guerra, actor, columnista, consumado mujeriego; él fue todas estas cosas, y de alguna manera se las arregló para ser más que una lista de roles.

Una generación entera se dedicó con esmero a sepultar su recuerdo – y por cierto que el tiempo no ha sido benévolo con su obra. No pocas veces sus textos se encuentran abarrotados hasta la asfixia, aunque por momentos lograba una exaltación animal y una musicalidad que muchos escritores contemporáneos harían bien en envidiar. En todo caso, nadie debería avergonzarse por reconocer que su obra más perdurable ha terminado siendo él mismo.

Su participación en la política italiana ha sido y sigue siendo el punto más controvertido de su figura, y probablemente solo pueda ser entendida dentro de la búsqueda de una seducción mayor, una ampliación al ámbito público de las artes escénicas que tanto le fascinaban. Mediante la introducción al espacio público del saludo romano, de una liturgia cívica y de la parafernalia militar, se convirtió en el más influyente precursor de la estetización de la política que serían características del fascismo italiano y del nazismo alemán. Como bien dijo cierto periodista español, D´Annunzio nunca fue fascista. De hecho, ocurrió exactamente lo contrario: el fascismo se hizo d´annunziano.

Su comportamiento político fue tan indisociable de las tumultuosas coyunturas de su tiempo que la pregunta por su verdadero credo se revela inadecuada. Aunque siempre se caracterizó por una intensa vida cívica, la primera guerra mundial abrió nuevos horizontes para él. La exaltación nacionalista con la que entretuvo sus vísperas parecía un gesto vacío para una audiencia acostumbrada a sus excentricidades. Por eso mismo todos se sorprendieron cuando la guerra estalló y D´Annunzio, sin entrenamiento ni experiencia militar – pero con muchos contactos en todas las armas – se entregó gozosamente a la Gran Guerra. Probó su valía a los ojos de muchos de esa manera. Estuvo en varios frentes y recibió heridas; atributos requeridos por el personaje que terminó encarnando: el del guerrero poeta. Sería esa figura un capital simbólico que le permitiría aventuras aún mayores. Una de ellas fue la ocupación de Fiume.

1919. En el contexto de tensas negociaciones internacionales sobre la soberanía de Dalmacia, D´Annunzio ejecutaría uno de sus más ambiciosos proyectos estéticos. Se reunió con un grupo de oficiales que le proporcionaron el mando sobre más de mil hombres, “expropió” barcos para transportar – y eventualmente conseguir piratería mediante – suministros, y partió hacia Fiume (la actual Rijeka). Al llegar se nombra comandante de la ciudad, rigiendola mientras en Italia debatían como afrontar la crisis política desencadenada por D´Annunzio. La orgía de desfiles, saqueos (las farmacias fueron los primeros blancos) y declamaciones poéticas imperante en Fiume acercó a ciertos elementos de la extrema izquierda (Malatesta incluído) a D´Annunzio. El aventurero llegó a redactarle a la ciudad, junto al anarcosindicalista Alceste De Ambris, la Carta del Carnaro, una constitución con fuertes elementos corporativistas. En el punto cúlmine de su delirante aventura, D´Annunzio le declaró la guerra a su propio país por haber rechazado la ciudad que supuestamente conquistó para él.

Para sus ocupantes, “una extraña mezcla de idealistas, de desocupados y de bribones, embriagados unos por su pasión patriótica y empujados, los otros, por el afán de la aventura o por la necesidad del goce” [1], Fiume era una fiesta. Una que duró meses, hasta el 20 de diciembre de 1920, cuando Italia envió una fuerza expedicionaria que erradicó a los “legionarios” de D´Annunzio y permitió la constitución de un gobierno independiente para el llamado Stato Libero di Fiume.

D´Annunzio regresó impune a Italia, pero perdió la posibilidad de constituir una alternativa a la creciente influencia de Mussolini, quien adoptaría muchos elementos de la aventura Fiumiana para el fascismo. Continuó escribiendo hasta el fin de sus días, el primero de marzo de 1938.

Sin duda que D´Annunzio le enseñó una lección al mundo. ¿Pero cual? En su opulencia biográfica todos encuentran lo que buscan. Algunos hallan moralina envenenada, otros un ejemplo o un ídolo al cual ofrecerle sacrificios; también estamos quienes sentimos que D´Annunzio nos demostró la exhuberancia de la que es capaz la vida. Y eso es mucho más que suficiente.

[1] Tasca, A. 1967. El nacimiento del fascismo. Crítica.

Febrero 20, 2009

Lo siniestro y sus usos

Archivado en: antropología, gente, juegos, política — Esteban S @ 4:39 pm

El robotista japonés Masahiro Mori formuló en 1970 una hipótesis con ecos freudianos a la cual llamó el valle inquietante (uncanny valley). Según Mori, a medida que un objeto presenta una mayor semejanza a la figura humana, la respuesta emotiva de los humanos hacia él será mayor; pero solo hasta un punto determinado a partir del cual nos resulta repulsivo. En otras palabras, aquello que es casi igual a un humano, pero no alcanza a engañarnos por completo de serlo nos suscita una respuesta fuertemente negativa. Ese intervalo, el llamado valle inquietante, es uno de los territorios de lo siniestro.

Lo siniestro es lo que tienen en común la mirada perturbadoramente adulta de aquel niño, el aullido de un perro a las cuatro de la tarde, aquella mujer que parece joven o vieja dependiendo de su gesto y de cómo le de la luz, ese momento en que te das cuenta de repente de que el hombre que te está hablando desde un mostrador tiene una pierna amputada. Se trata una irrupción de la incertidumbre que se da sutilmente, por medio de subterfugios, de manera mucho más indirecta que la invasión de espanto que supone el horror, hermano mayor de lo siniestro.

Quizás sirva la comparación, pero lo cierto es que respecto al horror no hay mucho que decir. Es fácil de concebir, pero difícil de ejecutar con impunidad. En nuestros tiempos ha llegado a convertirse en prerrogativa de marginales y de creadores de ficciones morbosas. Que haya pasado de ser derecho de tantos a privilegio de tan pocos, por lo demás, no es una gran perdida; porque el horror es una herramienta burda e imprecisa, cuyos efectos no pueden ser calculados adecuadamente de antemano. El terror, en cambio, es un efecto más fácil de sintetizar y de emplear estratégicamente en la vida cotidiana, y puede ser extraordinariamente útil.

Pero hay una hora de la espada y una hora del bisturí. El efecto de lo siniestro exige mayor conocimiento y confianza, y puede utilizarse (por lo general) impunemente en la vida cotidiana. Su éxito depende de dos factores: 1) de una transfiguración perturbadora de lo cotidiano, y 2) de una violación de las expectativas. De ahí que en ocasiones sea una excelente herramienta para redefinir los roles que la sociedad nos impone. Hay muchos otros usos, por supuesto; ahuyentar, fascinar, intimidar, insinuar… Como habrán adivinado la clave es conocer el blanco al que se dirigirá esta técnica.

Son pocos los verdaderamente incapaces de hacer vibrar la inquietud en los demás mediante una muestra selectiva de sus rasgos personales o mediante un astuto montaje. Examínense. Piensen cuales son los roles que cumplen y a que distancia se encuentran de los rasgos de la personalidad que ocultan con cuidado de la mirada ajena. Cuanto mejor se conozcan, menos vulnerables serán a la manipulación, y mayor habilidad tendrán en el empleo de esta fina pero efectiva táctica.

Febrero 11, 2009

Lo falso y lo indecidible

Archivado en: antropología, filosofía, política — Esteban S @ 5:21 pm

Como parece inevitable honrar la vieja tradición latinoamericana de importar acríticamente debates e ideas que solo tienen sentido en un contexto muy determinado y muy ajeno, en las últimas semanas empezó a aparecer en los blogs, en el mercado editorial y en las conversaciones de todos los días un nuevo tema: creacionismo vs. teoría de la evolución.

Les voy a contar algo. En realidad no es un tema tan nuevo. Algunos científicos estadounidenses han tenido que perder mucho de su valioso tiempo luchando contra un fanatismo religioso que emplea su pobreza teológica para provocar. Así se ha producido una reacción cientificista que es perjudicial a la ciencia misma. Me refiero a una ideología científica, que es algo muy distinto a la ciencia. Me refiero a ensayistas mediocres como Hitchens y a científicos devenidos profetas como Dawkins, que saltaron de la cuestión del creacionismo a la cuestión de la existencia de Dios.

Resulta que hay una diferencia muy importante entre plantear la existencia de Dios y plantear que la complejidad biológica requiere una super-persona que la haya diseñado. La primera es indemostrable, mientras que la segunda es simplemente falsa. No hace falta que alguien diseñe algo para que sea complejo. En distintas ramas de las ciencias y la ingeniería, por ejemplo, se están empleando los algoritmos evolutivos, que son heurísticas de optimización inspiradas en la evolución biológica. Es bastante extraño que precisamente en un momento en el que los diseñadores dependen cada vez más de la evolución para solucionar problemas complejos nos vengan con que es imposible que la complejidad no haya tenido un gran diseñador. No está de más advertir también que desde un punto de vista filosófico el creacionismo y su variante pseudocientífica, el diseño inteligente, evidencian una incapacidad de pensar en términos de procesos causales sin referirse a agentes con volición propia.

En fin, todavía estamos a tiempo para demostrarnos a nosotros mismos que no somos unos imbéciles que adoptan modas viejas de los países centrales que no vienen a solucionar (sino a crear nuevos) problemas. Del creacionismo deberíamos reírnos como lo hacemos de esos productos estadounidenses tan locales y ridículos que no pueden exportarnos; como los monster trucks, el Nashville sound, o las competiciones de strongmen.

¿Y la existencia de Dios? Cualquier científico sabe que no se puede probar la no existencia de algo. Y desde la ciencia sigue siendo, claro, una hipótesis de la que podemos prescindir. ¿Hace falta decir algo más al respecto?

Mis agradecimientos al postino, cuyo comentario en el blog de Coki me motivó a escribir este post.

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